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Año V. /

Incendio forestal y crisis hipotecaria

Empiezo a escribir este "post" y desde la ventana de casa diviso una impresionante columna de humo provocada por un incendio forestal en el Priorat. Si sólo afectara a las hierbas perniciosas, el incendio incluso podría ser beneficioso. Pero arde toda la vegetación, incluidos los pinos que pueblan y embellecen el paisaje. Esperemos que pronto se extinga. En caso contrario, su impacto ecológico y económico va ha ser considerable. Es probable, incluso, que ardan cultivos detrás de los que hay muchas horas de trabajo bien gestionadas. El parque eólico de l'Argentera, también está amenazado por las llamas.

Otro “incendio”, inicialmente más lejano (en EE.UU.) invade a los mercados financieros. Generalmente, se tiene la impresión de que los riesgos bursátiles son un universo en el que sólo pueden penetrar los especialistas. En cambio, se nos informa puntualmente de sus impactos sobre la Bolsa y la economía real, en nuestro poder adquisitivo y nuestras capacidades de empréstito.

El “subprimes”

He aquí la nueva genialidad del neoliberalismo económico: prestar dinero a tipo variable y acompañado de una garantía hipotecaria a los que tienen más dificultad de reembolsarlo (los más pobres) poniendo potencialmente en grave peligro su pequeño patrimonio y sus futuros ingresos.
Los organismos que ofrecen estos préstamos en los Estados Unidos no son siempre los bancos, sino sociedades muy lucrativas -instaladas muchas veces en los paraísos fiscales- a las que los bancos y los fondos de inversión (algunos de ellos europeos) compran sus acciones para financiarlas.
Señalemos que estas sociedades no se limitan a ofrecer crédito hipotecario para la adquisición de bienes inmuebles. También lo ofrecen para garantizar los préstamos para el consumo.

El tipo de interés variable que exigen a la persona que pide el préstamo tiene una particularidad: cuanto más elevado es el riesgo de que no pueda reembolsarlo, más se eleva, con lo cual se acentúa la posibilidad de que al final sea insolvente. Pero las entidades prestadoras han considerado hasta ahora que estaban bien cubiertas, pues siempre les quedaba como último recurso ejecutar la garantía hipotecaria.
El crédito hipotecario es un mecanismo muy conocido y utilizado en nuestro país, por lo que no es necesario dar muchas explicaciones sobre el mismo. La garantía hipotecaria, por regla general, se refiere al bien que las personas desean comprar y el crédito nunca supera el precio inicial de dicho bien hipotecado. Cuando alguien no puede pagar más sus mensualidades, la institución de crédito se lo expropia. Mientras puede, el deudor va satisfaciendo los intereses, y devolviendo la parte del principal a la que previamente se ha comprometido. Si la burbuja inmobiliaria sigue hinchándose, el riesgo para el prestamista es inexistente.

Ahora en los Estados Unidos, la demanda inmobiliaria ha disminuido después de un largo período de incrementos prolongados, y los precios de los bienes inmuebles han bajado. Según las instituciones de crédito, esto comporta un debilitamiento de la garantía hipotecaria y una disminución de la solvencia del prestatario. Al aplicar la lógica del interés variable asociado, nos encontramos con que este interés debe aumentar. Este círculo infernal conduce al final a que la gente se vea en la imposibilidad de saldar puntualmente la deuda. Queda, ciertamente, el recurso de ejecutar la hipoteca. Pero el negocio se acaba y además, dada la coyuntura actual, es posible que el precio del bien hipotecado ya esté situado por debajo de la cantidad prestada.

Parece pues, que las empresas prestadoras han caído en su propia trampa ante la incapacidad de reembolso de numerosos hogares. Resultado: quiebra en cascada. Los bancos y los fondos de pensiones, que habían invertido en estas empresas, han podido obtener cuantiosos beneficios en forma de dividendos. Pero ahora se han pillado los dedos.
Existen en realidad dos "crisis" del “subprimes", una para los que habían accedido a la propiedad de sus viviendas, y otra para los bancos y los fondos que invirtieron.
La crisis de los que accedieron a la propiedad, afecta a varios millones de americanos que ya perdieron o van a perder su vivienda. Tendrán que irse a vivir en casa de los padres, alquilar o dormir en la calle.

Veamos una de las particularidades de los efectos inmediatos de la crisis financiera: La famosa falta de liquidez.
Los bancos, para llevar en mejores condiciones su actividad, se prestan y piden prestado entre ellos dinero para equilibrar su tesorería. Pero al tener conocimiento del altibajo ocasionado con los “subprimes” los bancos se inquietaron. Los que tenían exceso de tesorería se lo guardaron y se negaron a prestárselo a otros por temor a que el día siguiente no pudieran reembolsárselo. Y los que aceptaban prestar lo hacían con tasas muy altas. La situación para algunos bancos podía ser crítica. Para solventar esta “falta de solidaridad interbancaria” los Bancos Centrales intervinieron prestando a corto plazo a los bancos que necesitaban liquidez.

¿Es este sólo un fenómeno de los EE.UU.?

En primer lugar, señalemos que los mismos bancos europeos que se niegan a prestar a las personas frágiles que tienen un proyecto inmobiliario, consideran que entregar su dinero a un intermediario que exactamente hará la misma cosa es perfectamente aceptable. Por otra parte, las empresas dedicadas a los “suprimes” cuentan con sus propias redes en nuestro país y existen personas, que a cambio de una comisión, actúan en nombre suyo y ofrecen sus créditos. Tampoco debería pasarnos por alto que la mayor parte de las entidades financieras han ido rebajando las garantías exigidas en los préstamos hipotecarios e incluso han llegado a ofrecer créditos a devolver durante 100 años, con lo que afectan a varias generaciones.

Acabo de escribir esta nota, dos días después de haberla iniciado. La prensa del día informa que el fuego del Priorat está estabilizado pero ya ha quemado 440.000 hectáreas, sobre todo de matorrales. Existen muchas adversidades, pero tenemos la suerte de contar con un buen servicio de bomberos que saben cuál es su labor, que conocen bien el terreno que pisan y que en primer lugar se preocupan de evitar que las personas sufran daños. Luego se ocupan del resto. Desgraciadamente hoy es un día muy ventoso y puede que esto reanime las llamas. En este preciso momento, oigo los motores de un helicóptero que seguramente lleva acabo alguna labor preventiva. En cuanto a la crisis financiera, la prensa económica es bastante más pesimista que en días anteriores y ahora anuncia que pintan bastos.

Personalmente, creo que no podemos saber exactamente cómo va a evolucionar este episodio económico calamitoso pero nada bueno promete. Lo que ya es evidente es que revela una vez más las fechorías de la desregulación y los graves peligros que entraña una parte de la actividad financiera del capitalismo mundializado.

LQSomos. Antoni Puig Solé. Septiembre de 2007
http://apuigsole.blogspot.com/
Es amarga la verdad. Paco Ibáñez