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Bolivia. Justicia Como con Marcelo, la expresión inescapable cuando se habla o se escribe sobre Espinal es "impunidad". La otra "moda" al comentar estos horribles crímenes es tratar a las víctimas como si fueran primos hermanos de todos y llamarlos "Marcelo", "Luis", "Lucho" aún cuando muchos entre quienes los tratan así no habían nacido todavía el día en que estos héroes murieron ni les llegan a la punta de los zapatos. Los llamamos así porque creemos, idiotas como somos, que así nos es más fácil acercarnos a ellos, identificarnos con ellos aunque sin ningún derecho. También, porque 27 años de "impunidad" no perdonan a nadie, y nuestra consciencia, cada consciencia, lo sabe. Todos los bolivianos que vivieron y viven desde el día del martirio de Marcelo y Luis somos cómplices de la impunidad que "premia" su asesinato. Sólo así son posibles 27 años de"impunidad". Todos hemos faltado a nuestro deber de seres humanos y bolivianos y por ello no se castigó nunca esos crímenes bárbaros. Esos crímenes impunes son obra de nuestra indolencia común para nuestra común, inescapable vergüenza. Nuestra indiferencia cotidiana hace posible esa especial "impunidad" en Bolivia. Es posible porque a nadie le importa la "justicia" boliviana, ese monstruoso absurdo, ni siquiera porque todos somos víctimas de semejante obscenidad. ¿Y quién no lo es? ¿Quién ha podido evitar el trato con abogados, fiscales y jueces despreciables hasta el extremo de que no saben operar si no es como corruptos o como corruptores? ¿Cuándo castigan a los asesinos del minero Coro? ¿Cuándo se decide el Caso Blanco? ¿Cuándo castigan al ex Presidente de la Corte Suprema por el asunto de los misiles chinos?¿Cuándo ponemos freno a la desenfrenada y evidente corrupción del Poder Judicial en pleno? La respuesta es sencilla: nunca. Nunca, desde 1825 hasta esta hora, hemos estado dispuestos a castigar a los culpables de ningún delito, a no ser los cometidos por los humildes o los pobres. ¿Cuántos millones se llevó Banzer al infierno? ¿Cuántos se llevó Goni a USA? ¿ Cuál crimen recuerda usted, en todo los años de su vida, que hubiera sido castigado como era debido? García Meza se rasca la panza en su vivienda particular cuando escribo estas líneas. Chito está de vacaciones en Rurrenabaque. Tito Hoz de Vila se ríe de usted cada día del año. Paz Zamora toma siestas en Tarija o en París. No hay justicia en Bolivia, nunca la hubo, a no ser esa justicia comunitaria
que es válida, legítima y vigente porque quienes la aplican son quienes
sufrieron los crímenes que castigan al aplicarla. La justicia comunitaria aparecerá como una justicia en extremo cruel para algunos, pero es aceptada y respetada allí donde se aplica. Vale más una justicia terrible que ninguna justicia, así como es mejor una ley feroz antes que ninguna ley. ¿Quiénes son los ajenos, los demás, para criticarla? Somos los que no sabemos lo que es la ley ni la Ley, los que hemos despreciado la Constitución, nuestra Ley Primera, hasta quitarle toda vigencia. Bolivia es el país en que se puede cometer todo porque nada se castiga. Esa Ley, la Constitución, sólo sirve para burlarse de ella en Bolivia y en muchas partes del mundo, USA por ejemplo. ¿Quiere usted decir que no lo sabía? ¿Usted, que paga a su abogado de mes en mes, no lo sabía? ¿Es que ha olvidado por qué y para qué le paga? Lo lamento, esta es una nota para adultos. Los tontos de capirote pueden irse por esa puerta. Si, la del juzgado más próximo, y Dios tenga piedad de ellos. Adiós. Para los adultos y responsables, si pudiéramos hallarlos en parte alguna, es todavía necesario decir que, si nos queda algo de dignidad personal, lo correcto cuando se cumple otro aniversario de nuestra deshonra porque en un día igual murió Marcelo o murió Luis, es encerrarse, dedicar un profundo y honesto homenaje silente en honor de esos mártires y, si es posible y por vergüenza, negarse a mirar las caras que van por esas calles por lo menos durante ese día. Sólo los familiares y amigos de Marcelo y Luis pueden saber lo que es una generación de impunidad. Los que tenemos cierto derecho a llamarlos Luis y Marcelo. Y sólo la soledad, el silencio y un profundo respeto íntimo son el modo de honrarlos cuando recordamos con dignidad su sacrificio. Porque conocemos la barbarie que crea esa "impunidad" y porque los menos bárbaros son los que acusamos de tales y los peores bárbaros andan por esas calles tranquilos, elegantes y sonrientes, pero nada tienen que ver con nosotros. LQSomos. Arturo von Vacano. Marzo de 2007 |
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La Calle
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| Año V. / | |||||