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Sudamérica: nuevas revoluciones A la espera del resultado final en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas, podemos concluir con que en América Latina se está produciendo un proceso bastante diferente a todo lo que ha ocurrido durante años en este conflictivo subcontinente. Colonias de distintos imperios, más o menos manifiestos, algunas naciones sudamericanas parecen dispuestas a cambiar el rumbo de su historia. La pervivencia del escandaloso presidente venezolano Hugo Chávez y la reciente y brillante victoria de Evo Morales se unen ahora a la posible elección del peruano Ollanta Humala, que, con un discurso nacionalista y social, se perfila como un futuro afiliado al eje organizado por el gobierno venezolano. Se llame ALBA, MERCOSUR, TELESUR o de otro modo, la estrategia propuesta por los países suscritos a estos acuerdos pretende buscar otra forma de integración política y económica diferente a la vivida hasta ahora: de la integración vertical y desigual de años anteriores, de la que parece que los Estados Unidos han sido los principales beneficiados, ahora se está pensando en una integración horizontal, con países de similar riqueza, recursos e incluso cultura e idioma. Además, estos países, cuya llegada ha sido celebrada por la República de Cuba (eterno disidente) pueden contar con otro aliado: naciones como Brasil, Argentina o Uruguay que, si bien no se sitúan como antiamericanos puros, se perfilan como gobiernos con los que alcanzar ciertos acuerdos beneficiosos para el conjunto. Otro rasgo interesante, que desconcierta a los enemigos de esta nueva forma de desarrollo, lo constituyen las formas en las que los nuevos gobiernos han podido llegar al poder: frente al tradicional golpe de Estado o la revolución del pasado, los partidos que acceden hoy al gobierno lo han conseguido a través de las urnas. Es por esto, quizá, por lo que las medidas emprendidas no son tan radicales: Evo Morales pide calma a la hora de realizar reformas o nacionalizaciones; Humala promete algo similar; hasta los sandinistas –posibles vencedores en Nicaragua- renuncian al concepto más radical de expropiación de empresas privadas. ¿Es el aprendizaje de experiencias fallidas del pasado o la legitimación a través de las urnas lo que produce una especie de sentimiento de moderación? Los gobernantes parecen querer seguir fieles al concepto de democracia y, a través de éste, producir efectos reales en la sociedad. A pesar de este nuevo modo de tomar el poder, tan parecido al modelo occidental, los políticos y periodistas más conservadores siguen achacando males al proceso latinoamericano. Acusaciones infundadas de fraude electoral y, cuando éstas no funcionan, de populismo –un concepto incierto y, por tanto, propenso a la manipulación- justifican, para estos, que el continente esté cambiando de gobernantes. Detrás de estas justificaciones y comentarios no se encuentra más que una forma encubierta de racismo, un convencimiento de que los pueblos latinoamericanos no pueden cambiar la historia por sí mismos, y que deben seguir bajo la guía de los grandes organismos y países considerados “superiores”. LQS Andrés Villena. Mayo 2006 |
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La Calle
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| Año V. / | |||||