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Nuevos Disparates de Vargas Llosa Según Varguitas y esos titanes de la prensa "independiente", Alan García ganó las elecciones en el Perú porque se basa en un programa de izquierda democrática. "Eso hizo que muchos que no eran seguidores de García, como yo, votaran porél", dicen que dijo Varguitas. Este disparate tan simpático me lleva a copiar mi nota de hace unos meses
sobre el monstruo ese de García, nota que titulé sin vacilaciones como"Alan García, Asesino", y es como sigue. García es también directo responsable de la tortura y el asesinato de 17 peruanos cuyos nombres no se ha perdido, a diferencia de tantos otros: Robinson Martín Silva Mori, José Ignacio Escobar, Garnelo Escobar, Juan Pablo Carbajal, Maria Zavalaga, Armando Huamantingo, Hugo Bustio Saavedra, Pedro Jorge Navarro, Walter López Loyola, Eleodoro López Ballardo, José War Mounts, Mamerto Huamani Chillcce, Rina Mamani Checuari, Gregoria Yucra, Ignacio Pizarro Najarro, Andrés Gutierrez, Julio Najarro Palomino, Tito Ramírez Remond, Dolphin Ortiz Serna, Teofilo Rimac y Lino Right Guevara. Los 17 fueron asesinados durante el primer régimen de Alan García, todos con balazos en la nuca. Debemos recordar también las masacres de Pucayacu, Accomarca, Umaru, Bellavista, Parcco, Pomatambo, Cayara, Santa Ana, Pampamarca, Chumbivilcas y Calabaza. Anotemos: Accomarca: más de 70 personas, entre hombres, mujeres y niños, asesinados
por el ejercito del Perú. Umaru y Bellavista: 14 personas asesinadas, cuyos restos fueron hallados en una tumba común el 19 de noviembre de 1985. Cayara: el ejército del Perú asesinó a cincuenta campesinos. Una investigación de los senadores Javier Canseco y Gustavo Mohme demostró la culpabilidad del jefe militar de la zona, pero Gracia defendió y apoyó a los asesinos. Ahora es clara la preferencia de García por la expresión "tiro en la nuca",
la que sin duda repetirá como nuevo títere del Imperio en su sufrido país.
Sobre García, será bueno recordar las palabras del difunto presidente
peruano Fernando Belaunde Terry, quien dijo que: "Si nuestro Congreso Cuando el temor a cambios vitalmente necesarios lleva a un pueblo a elegir a
un político como Alan García, ¿qué esperanza puede albergar ese pueblo sobre
días mejores? Como una multitud de ciegos, el Perú marcha entre tropiezos y
temores hacia otro sangriento régimen represor y asesino. En Brasil, uno de cada tres brasileños nace tonto gracias a la dieta de hambre a que se someten los reyes del samba. Lula es un buen tipo, pero no hay que olvidar a Sao Paolo en poder del bandidaje local, hijo de una injusticia social centenaria, ni la tremenda situación en que viven las clases populares del país. Se necesitarían diez Lulas para corregir ese infierno. El ex-Tupamaro que gobierna el Uruguay simplemente no existe para el mundo. Está oculto en un lugar raro por sobre el cual pasan las cosas, el progreso y la esperanza, y gobierna como si manejara un rancho de diez mil cabezas. Ni él mismo recuerda los sacrificios de quienes vieron ahogadas en sangre hasta la más ínfima de sus esperanzas. ¿Es posible una explicación para los disparates que dice el bueno de Varguitas cada vez que abre la boca? No, sin conocer el Perú. Y menos, sin haber leído las cosas peores del autor de la mejor novela del Siglo XX. Basta con pasar un par de horas en el aeropuerto de Limatambo para oler el enrarecido ambiente social que distingue a esa sociedad que Salazar Bondy calificara como "Lima la Horrible". Lima vive de espaldas al "Perú Profundo" de que hablan autores menos conocidos cuando se refieren al resto del país, y no es exagerar mucho cuando se dice que, de haber podido, Lima hubiera asesinado ya a ese Perú Profundo. También Buenos Aires vive esa historia de oposición entre la capital y el país todo, pero en el Perú la cosa es tan clara que lastima. Lima, capital de la Perricholi, la Perra Chola a la que envidiaba toda limeña porque era amante del Virrey, hizo durante cinco siglos lo mejor que pudo no para imitar a Madrid, sino para superarla. La corte del Virrey fue, así, una imitación horrenda de los vicios sociales de toda corte europea, entre las que el desprecio por las clases populares es un signo distintivo. Tal desprecio alcanzó en Lima niveles inhumanos, al punto de que las clases populares adivinaron que su mejor modo de supervivencia sería aparentar y pretender que cada habitante de la ciudad era pariente del Virrey y, merecía, por tanto, las mismas ventajas e iguales privilegios. Si bien las clases sociales guardan celosamente los límites que las separan, todas sienten hacia los habitantes de la Sierra, como llaman a los Andes, el más irracional desprecio. No pueden aceptar su pasado indio. Es un desprecio asesino. Se manifiesta en hazañas como las cometidas por Alan García y por la Marina peruana, entre los servicios militares el menos mestizo y el más "blanco" y "decente", encargado por ello de los mayores crímenes que el Perú no puede olvidar. Es esa singular historia de crímenes, puteríos, masacres, mariconadas, indios reducidos al nivel animal y "señoritos" dueños de vidas y haciendas lo que Vargas Llosa ha intentado tergiversar apenas descubrió que sus habilidades de escribidor no bastarían en el Perú para hacerle Virrey putativo, algo que Vargas no duda por cierto de que mucho lo merece. Conocemos la historia. El Perú Profundo prefirió a un nisei, hijo de japoneses, antes que a su campeón de las letras. Lo hizo tras haberle leído bien lo bueno y lo malo, es decir, haberle conocido bien. Vargas Llosa condujo su campaña presidencial como un capitanejo enviado por la Casa de Indias y no vaciló en subrayar las diferencias entre su augusta persona y los peruanos usando idiomas europeos que, a su modo de ver, demostraban su superioridad. No logró engañar a nadie. Pero ese desprecio en francés no fue su primer gesto hacia sus gentes. Varguitas intentó mentir al mundo sobre el Perú. Creyó que su talento le alcanzaría para cumplir con éxito esa gran falsificación. Las historias de este escribidor presentan al mundo el Perú que a Vargas Llosa le gustaría y no hallan lugar para dar una explicación humana ni justificación histórica alguna del APRA como fenómeno político ni mucho menos de Sendero Luminoso. El mismo se mira como un campeón de la civilización de Europa, esa que ha provocado dos guerras mundiales, ha asolado al mundo colonial y es tan poco civilizada. Rechazado por el Perú, buscó refugio en la corte de Madrid y allí es donde agota sus días sin pena ni gloria pero con bastante publicidad. Será un fracaso como político y un chiste como comentarista internacional, pero el Imperio no tiene muchos sirvientes a mano y además, paga bien. Es por ello que Varguitas continúa diciendo disparates al desgastar una vejez atontada y se une a mercenarios como Montaner y otros del mismo calibre. Pero en Varguitas hay una diferencia, pues al fin y al cabo es limeño. Ante sí mismo, Varguitas no es Pizarro. Es la Tatcher del Perú. LQS. Arturo von Vacano. Diciembre de 2006 |
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La Calle
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| Año V. / | |||||