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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Pinochet asesino Augusto Pinochet falleció el pasado día 10 en el Hospital Militar de Santiago de Chile. Al saberlo, brindé in memoriam de sus víctimas, con una copa de cava catalán y la bebí despacio, con delectación, sin la agitación interior con que lo hice la noche del 20-N de 1975. Pinochet necesitó el asesinato de 3000 personas para consolidar un golpe militar antidemocrático amparado por Nixon, Kissinguer y Busch (padre). Pinochet traicionó a su presidente, el socialista Salvador Allende, que le nombró Jefe de las Fuerzas Armadas creyéndole apolítico. Allende pagó el error con su vida en el ataque golpista al Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973. Pinochet ejerció durante 17 años la más férrea dictadura por el sendero del capitalismo salvaje inspirado en Milton Friedman y sus Chicago boys . Tras perder el poder se refugió en Londres. La enfermedad como excusa y la culposa pasividad de los gobiernos: chileno (anterior a Bachelet) británico de Tony Blair y español, presidido entonces por Aznar, le evitaron la detención ordenada por el juez Garzón en 1998 para esclarecer su implicación en el asesinato de varios españoles, entre los que se encontraba el sacerdote valenciano Antonio LLidó. Como Franco, Pinochet murió en la cama, escapando a un ignominioso proceso, a ser condenado y encarcelado. A la “violación de derechos humanos”, se sumó la “apropiación ilícita de bienes”; delitos que con su muerte serán sobreseídos. “La muerte de un canalla”, como ha escrito Benedetti que, una vez más, ha quedado impune. Conviene hacer memoria de algunas fechorías perpetradas por su régimen, como la “Caravana de la muerte”, una siniestra comitiva militar que exterminó a más de 300 izquierdistas; la costumbre de arrojar al mar desde aviones en vuelo a algunos oponentes; el uso de las instalaciones del Estadio Nacional de Santiago como gigantesco campo de concentración para “interrogar” a los partidarios de Allende. El cantautor Victor Jara, embajador cultural de la Unidad Popular, militante comunista fue allí torturado y muerto a balazos para ser arrojado en una cuneta. El cadáver presentaba las manos destrozadas. El caso Pinochet, se asemeja al de Franco, amén del caudillaje ejercido y la interesada protección estadounidense que recibieron, por la coartada común que esgrimen sus partidarios, salvando distancias, para justificarles: la de su ‘acendrado patriotismo al servicio de la defensa de los valores cristianos y la civilización frente a la barbarie marxista'. A ambos se les considera ‘salvadores de la patria y la economía'. Pinochet presenció junto a Imelda Marcos, el paso del féretro de Franco –amigo y maestro- camino del Valle de los Caídos, envuelto en una capa azul que resaltaba su grotesca figura. En 1982, Missing un filme de Costa Gavras con Jack Lemon y Sissy Spacek acercaba a todos los públicos la tragedia de Chile evocando la “desaparición” del periodista Charles Horman -un caso no resuelto- como una de las víctimas extranjeras del general golpista. LQS. José Antonio Vidal Castaño. Diciembre de 2006 Madrid, 23 de noviembre de 1975 . Un espectador conflictivo .
La foto recoge la imagen de Pinochet como espectador privilegiado en el sepelio de Francisco Franco. Su propio funeral, que nos recordó la imaginería franquista, fue un acto polémico y profundamente antidemocrático. |