Pongamos que hablo de Madrid…

Fiestas del 2 de mayo, inicio de un calendario que inundara los siguientes meses de festejos y verbenas toda la ciudad. Fiestas populares, de las de baile y “limoná”, de las de estar en la calle saboreando la primavera al calor de la plática con los vecinos y amigos. Fiestas para comer, beber y divertirse, absténganse abstemios.

Fiestas en el barrio de “Maravillas” o de Malasaña, homenaje a la joven Manuela, que perdió su vida en el levantamiento popular contra las tropas de Napoleón un 2 de Mayo de 1808. Y este es el motivo por el que se celebra fiesta en esta “Comunidad” (cada día menos colectiva) Autónoma, y por eso año tras año se celebra tanto en Malasaña como en Mostoles.

La foto que ilustra esta nota, recuerda las primeras fiestas del 2 de Mayo después de la muerte del dictador, hoy ya es una clásica y famosa foto de la denominada transición. Yo, aquel día de 1976 no estuve, me tuve que conformar con que me lo contaran los colegas, pero lo del desnudo nocturno, doy fé de que me lo estuvieron contando durante un año. Empezábamos a ver luz en una ciudad y un país que salía de las catacumbas. Malasaña, era ya un barrio de encuentro, donde la gente joven disfrutaba, se reunía a charlar de sus inquietudes en los bancos de la plaza, se bebía y se saboreaba la noche hasta entonces prohibida, se pillaba “chocolate” para aquellos porros comunales que nos unían en nuestras quimeras, te encontrabas con los colegas. Malasaña era con diferencia, uno de los barrios preferidos para cuando desde “mi Vallecas” decíamos aquello de “vamos al centro”. Allí, unas veces por suerte y otras por desgracia, empezaban y terminaban muchas movilizaciones, desde manifestaciones y concentraciones reivindicativas, hasta las marchas de carnaval, cuando “cuatro gatos” íbamos a pie desde la plaza Mayor hasta el 2 de mayo, pero hiciéramos lo que hiciéramos, por el motivo que fuese siempre terminaban, según las autoridades, en actos subversivos.

Malasaña siempre tuvo ese aire “progre”, hippy y rojeras que nos gustaba tanto, en aquellos años que mientras unos pactaban todo a nuestras espaldas, otros estábamos todo el día en la calle luchando por un cambio que nunca llego.

En Malasaña hacían sus incursiones de invasión los fascistas que en la cercana Mejía Lequerica tenían su sede, pero siempre hubo “pueblo” de Madrid, que como Manuela defendió la zona y su derecho de ciudadano a estar en la calle y en el barrio con la libertad que otros querían negarnos, defendíamos nuestro derecho de “rojos” o libertarios a estar los domingos en el Rastro de Madrid, como también defendíamos con uñas y dientes cada palmo de esta ciudad en ese camino de sueño a la utopía. Y daba igual que no fueras de ese barrio, no existían fronteras, todos juntos íbamos a Carabanchel, a la “Prospe”, a San Blas… porque siempre había algo por lo que luchar, derechos que defender, reivindicaciones que hacer, pero sobre todo había camaradas y compañeros con los que compartir calle y algo de beber.

En Malasaña había un montón de garitos donde beber no salía muy caro, te podías fumar un porro y ver buena música en directo, pero con buen tiempo siempre teníamos la calle, la que a pesar de algunos era de todos, y que realmente era el verdadero centro de reunión, desde donde luego acudíamos a las fiestas populares de todos los barrios.

Con el paso de los años, y el cambio al individualismo cada vez mayor de esta sociedad, se han modificado muchos maravillosos hábitos de no hace tanto tiempo. En verano, en nuestros barrios, los mayores y niños estaban hasta bien entrada la noche en las aceras de la calle con sus sillas, en corrillos con los vecinos, hablando y compartiendo cena, vino y gazpacho, al fresco, comentando sus miserias e ilusiones con los demás. Los domingos se iban las familias enteras a la Casa de Campo a comer la tortilla y los pimientos, y cuando se podía al “Parque Sindical” a darse un baño… Pero sin embargo, a pesar de la falta de libertades, de la represión, de la dictadura, la calle estaba viva día y noche, la calle era nuestra.

Pero todo tiene un precio y hoy, como muchas otras cosas de primera necesidad, nuestros políticos, según ellos siempre por nuestro bien, también nos la han privatizado, y nos hemos dejado encerrar cada vez más en un mundo que gira entorno a lo material, a lo que tenemos y a lo que aparentamos ser, pero a cambio hemos pagado un gran precio olvidándonos de cosas muy valiosas.

Recuerdo todo esto por los sucesos de estos días en Malasaña, por la turbia información periodística, por la gran represión, por las justificaciones electorales, por…

Prohibir fiestas populares que han existido toda la vida es querer poner puertas al campo. Los nuevos modelos de ciudad que nos están imponiendo, van por ese camino, la calle se convierte en un lugar de paso, un lugar para comprar en grandes zonas comerciales, para dormir en zonas residenciales, para trabajar en zona industriales…

Beber lo que quieras y cuando quieras, previo pago de su gran importe y en los garitos de diseño. Y si quieres fiesta, la haces en la discoteca de moda con el patrocinio de una importante marca de bebidas, te damos dos por uno. No es el alcohol, ni los borrachos lo que les importa a nuestros gobernantes, lo que están imponiendo es la privatización del ocio, de la fiesta, crear una necesidad de consumo a precios elevados para divertirse, macrofiestas con drogas de diseño y “concurso de chupitos”, donde las marcas de ropa caras y el pijerío juegan un papel importante, por supuesto siempre previo pago de un importe elevado.

¿Y que modelo de ciudad queremos? Desde luego uno muy distinto al que existe hoy. El ocio y la cultura se autogestionan, no se compran, son bienes colectivos. Y eso no esta reñido con la convivencia vecinal, se debe exigir la libertad de saborear la calle.

Nada, absolutamente nada puede justificar las cargas policiales y el ensañamiento autoritario vivido estos días en Malasaña. La famosa frase de “la calle es mía” no morirá con Fraga, tiene herederos.

Termino, entre la foto de arriba y esta de abajo, han pasado treinta y un años y no es que en 1976 tuviéramos muchas libertades, pero digamos eso de que “una imagen vale más que mil palabras”. Este, es el Madrid de Mayo de 2007, el privatizado, el de pago, selecto y exclusivo, con dinero haz lo que quieras, tienes todas las ofertas del mundo, sin dinero te hinchamos a hostias ¡Esto es fascismo!

LQSomos. Galileo. Mayo de 2007

 

 

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