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Año V. /
¿Sirve el proteccionismo económico para combatir al neoliberalismo?

Últimamente, se oyen con frecuencia, voces partidarias de las políticas proteccionistas para frenar las deslocalizaciones.

Estas opiniones, son alimentadas en cierto modo desde algunos medios de comunicación convencionales: Acusan de la desaparición de puestos de trabajo en el sector industrial y de la degradación de las condiciones salariales y laborales a la emergencia económica de diferentes países asiáticos. Se olvidan, en cambio, del papel de las empresas multinacionales y de las políticas patronales.

El proteccionismo, ya está tomando cuerpo en forma de medidas políticas concretas: Hace unos meses, en los EE.UU., se prohibieron las exportaciones de juguetes procedentes de China alegando que se hacía para evitar un envenenamiento masivo de niños norteamericanos.

La carta de presentación que mejor utiliza el proteccionismo, es la de aparentar una cierta oposición al desorden neoliberal. Pero ésta es una visión equivocada. La terrible coherencia clasista del neoliberalismo lo lleva permanentemente a combinar las propuestas librecambistas y las proteccionistas en función de aquello que más conviene a los intereses de los capitalistas y de los países imperialistas que defiende.

La izquierda no debe caer en la trampa de creer que sin una restricción de los productos que vienen del exterior, es imposible evitar la austeridad salarial y el desmantelamiento de los derechos sociales. Esta es una idea falsa. La defensa de los derechos laborales se debe hacer dando una orientación adecuada a la lucha sindical y a la solidaridad internacional.

El proteccionismo, tal como actualmente se propone, es incapaz de evitar que las empresas multinacionales decidan a su antojo cuál es la mejor localización para sus inversiones, para sus plantas productivas y para sus actividades subcontratadas y que aprovechen esta posibilidad para poner en competencia a unos asalariados con los otras.

La mayoría de los episodios proteccionistas del pasado demuestran que si no se modifica la correlación social de fuerzas, el proteccionismo no ofrece ninguna garantía de que las empresas destinen las ventajas derivadas de la disminución de competencia, a la creación de empleo de calidad.

En las condiciones actuales, estas ventajas favorecerían a las multinacionales y a las grandes marcas que verían reforzada la posibilidad de elegir qué parte de mercancía compran a empresas extrajeras, qué parte de producción deslocalizan en el sentido estricto (cerrar aquí para transferir allá), qué parte subcontratan y qué parte siguen produciendo (total o parcialmente) en los países del Norte.

Al reducirse su competencia exterior y controlar íntegramente las importaciones, las grandes corporaciones podrían incrementar sus precios y sus beneficios. Los trabajadores del Norte nos empobreceríamos puesto que disminuiría nuestro nivel de vida. Los del Sur, quedarían en una situación más débil puesto que se incrementaría su grado de sometimiento a los designios de las multinacionales.

Es necesaria la intervención del Estado, pero para llevar a cabo medidas eficientes socialmente y medioambientalmente, como las siguientes:

• Una reducción drástica del transporte, sobre todo aéreo y por carretera, para reducir las emisiones de gases.
• Una política industrial activa.
• Una regulación laboral consistente.
• Una política educativa y de formación a lo largo de toda la vida.
• Un sistema de protección social capaz de contemplar todas las situaciones de riesgo y de garantizar prestaciones sólidas.
• Una armonización fiscal y social a escala europea.
• Una política de ayudas a nivel europeo para garantizar la harmonización económica.
• Una política de cooperación con los países del sur.

LQSomos. Antoni Puig Solé. Diciembre de 2007
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