|
La Calle
|
| Año V. / | |||||
|
¿Qué te han hecho los mercados, George? Imbatibles, fríos, duros, indiferentes, astutos, ávidos, angurrientos, egoístas, lejanos…Desmemoriados, amnésicos, desagradecidos…
Les diste todo cuanto te pidieron, y mas también. Y ellos, insaciables, lo tomaron todo, lo exprimieron todo, lo explotaron todo. Y ahora se van buscando un nuevo amigo que los contenga, que les asegure poco riesgo y mucha ganancia, mucha, MUCHA… acumulación capitalista. Reyes Midas que convierten en oro lo que tocan, y se quedan con el oro. Reyes Midas al revés, que destruyen todo lo que tocan. Voraces bocas que se engullen naturaleza, hombres, vidas, sueños, salarios, niñez, salud, viviendas, ropas, sin hartazgo. La crisis de la bolsa de New York que en 1929 ennegreció la economía mundial, se venía preparando ya desde hacia varios años. Crisis de superproducción –diría John M. Keynes, analizándola, más tarde-. Crisis de acumulación, o mejor dicho, de falta de acumulación de ganancias. Quiebras por aquí y por allá. Ni las empresas norteamericanas podían cobrar lo que les adeudaban, ni podían mantener el nivel de producción ni a sus obreros. El “pulso” del mundo financiero –la bolsa de New York- fue escenario del colapso que arrastró a empresas y bancos, actores de una obra dramática producida por el capitalismo. No les importó si en su caída arrastraban a la miseria, a la muerte, a la desocupación. Condenaban a la indigencia, a la escasez, a la nada, a los nadies –como los bautizó profanamente Eduardo Galeano a esa masa desheredada, explotada, que “cuesta menos que la bala que los mata”-.
Ni ellos te creyeron. Temieron que tu “Inyección” les iba a dejar una parte del cuerpo demasiado dolorido, porque te conocen. En fin, porque te conocen, no te creyeron. Y vino entonces el derrumbe de las cotizaciones de las Bolsas de todo el mundo que, porque está su economía está mundializada se encuentra interconectada –en las buenas y en las malas-. Líquida modernidad económica que fluye, se acomoda, cambia y se desplaza por donde mas le conviene (1). Y ya ves, George, ni siquiera a ti, su más fiel Cancerbero, han respetado. Más artículos de la autora Viñeta de Adolfo Payés Los nadies de Eduardo Galeano “Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata” |