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Qué tiempos ¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? Cada vez que uno enciende el televisor y ve a esos jóvenes, tratando “desesperadamente” de demostrarnos lo mal que lo pasan en ausencia de su chica o su chico, según los casos, gorgojeando y desgañitándose para conseguir un sitio junto a los triunfadores, (en el fondo a eso se reduce actualmente una sociedad tan competitiva como la nuestra: o te quedas abajo con los perdedores o te abres un sitio a codazos hacia la cumbre, con los ganadores) o a esos otros, los de la discoteca a todo volumen a bordo de su coche tuneado, y, por qué no decirlo, cuando uno se detiene ante esas “maravillosas” pintadas, (tan reivindicativas ellas) que tanto proliferan por los retretes públicos y muros de facultades; cuando oye uno sus conversaciones en la “guagua” o cuando ocupan las aceras; no puede uno menos que preguntarse: ¿es así el personal o lo querían así los que hace 30 años viajaban a Berlín y a Washington para aprender a controlar el cotarro político? (los de barba y puño en alto en las fotos junto a los esperanzados saharauis), en tanto “cuatro contumaces rojos de mierda” se jugaban la piel en la calle, con el Libro Rojo del Presidente Mao en el bolsillo y poniendo banderas republicanas (que tanto les jodían a “Isidoro” como a don Santiago Carrillo) en las facultades, entre lecturas de Marx, Lenin y otros libros de la editorial Progreso, entre obras de teatro de O· Casey y Alfonso Sastre, y hasta las cejas de canciones de Pablo Guerrero, de Horacio Guaraní y Paco Ibáñez; cuando entre el diario El País, los citados dirigentes y los chicos de Martín Villa se encargaban ya de que todo permaneciera atado y bien atado, que dijo el “poeta.” Es desgarrador, cruel, (no voy a quemar aquí mi pólvora hablando de los chicos de la derecha) que, para pararle las patas a los fascistas del P.P., la COPE y los “señores de la guerra”, en general, la izquierda no disponga de mejores baterías que las que están a la vista. Con riesgo de parecer reaccionario: cómo se va pareciendo cada vez más esta España de hoy a aquella de los años 40-50, con las Cortes a tope de chaquetas blancas, los del “tercio familiar” y todo eso, en plan democracia auténtica (también un puñado de antifascistas jugándose todo por el todo, hostigando a las fuerzas represivas de la Dictadura en los montes y ciudades, con Sabaté, El Corredera y Cristino García a la cabeza) pero, en tanto, los “productores” pasando de unos y de otros, llenando a rebosar el Santiago Bernabeu, el Campo del Gas con sus veladas de boxeo con Lambán, los bailes y los cines. Resumiendo: ni los vencedores de aquella guerra que perdimos todos ni los “aguerridos mozos de Pablo Iglesias en chaqueta de pana,” devenidos en tristes sombras del pasado, estaban por devolverle al pueblo el poder que una cruel guerra le arrebató hace 70 años. Soberanía nacional, libertad, democracia... ¿se puede vaciar más un discurso que manteniendo a los ciudadanos alejados del compromiso político, como es el caso de los actuales partidos? Claro que, nos queda la calle... pero también es verdad que ya no corren los tiempos en que una simple pintada podía costarnos la vida, como le ocurrió a aquel joven andaluz Javier Verdejo, acribillado a tiros por la Guardia Civil cuando escribía PAN, TRABAJO Y LIBERTAD en una pared. Vaciaron de contenido las palabras con las que en el pasado tomábamos las calles de nuestras ciudades, los campos y las carreteras, hasta reducir nuestras reivindicaciones a virtuales luchas de clases, meras luchas económicas. Aquí paz y, en el cielo, gloria. LQS. Ángel Escarpa Sanz. Noviembre 2006 |
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La Calle
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| Año V. / | |||||