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Rajoy o la dialéctica del odio En opinión de muchos analistas estamos viviendo una situación política enrarecida a consecuencia de la neurosis obsesiva (vulgo empanada mental) que parece guiar a la cúpula dirigente del PP en su oposición al gobierno de Rodríguez Zapatero. Resulta evidente que los Aznar, Rajoy, Acebes y compañía continúan (unos más que otros) afectados por el síndrome de su derrota electoral el 14-M de 2004, tres días después de los atentados terroristas de Madrid, perpetrados por islamistas radicales. Es tanto su encono que el inútil lamento por despachos y negocios perdidos, sin perjuicio para los que siguen ocupando y manejando, se haya trocado en una elaborada, aunque torpe, estrategia política para la reconquista del poder ejecutivo, sin perjuicio tampoco para las parcelas que retienen de los poderes legislativo y judicial. Su insistencia sobre la autoría de ETA en el 11-M pese a las evidencias y pruebas aportadas por todas las instancias implicadas, se traduce además en una impaciencia peligrosa; en una histeria individual y colectiva que convierte el ejercicio de la democracia en campo abonado para el cultivo de la ‘ la dialéctica del odio '. Esta dialéctica, sostiene Peces-Barba en su libro La España civil (Galaxia-Círculo 2005) “contradice la relación democrática basada en la concordia cívica. Arranca desde el monopolio de la idea de España, desde la identificación con la Iglesia católica (…), desde las ideologías y las filosofías excluyentes… y desde el racismo”. Sus episodios más lamentables fueron las matanzas de la Guerra Civil y la posterior represión franquista sobre los perdedores. Una dialéctica que “significa el final del pluralismo, la incapacidad para convivir, la negación de la libertad para todos…”. Rajoy está siendo el político español que mejor utiliza la ‘dialéctica del odio'. Ha conseguido destacar entre la mediocre nomenklatura del PP cada vez más escorada a la ultraderecha y al neo-franquismo, por un desparpajo -en línea con la ‘santa desvergüenza' Opus-deísta- que cuenta sus intervenciones por educados insultos y descalificaciones que pronuncia como si de poner titulares de prensa amarilla se tratase . ¡Bien que nos ha engañado Don Mariano! Liberado de la piel de irónico y afable cordero ha mostrado su verdadero pelaje de lobo cínico y colmillo retorcido. Hay que reconocer que Aznar, el Admirado Lider (nominación que propongo a imitación de los jerarcas norcoreanos) no erró al designar a su sucesor, mostrando una prudencia de la que carece y para muestra la histriónica admisión de su error en relación con el criminal asunto de la guerra de Irak. Rajoy brama contra el proceso de paz en Euzkadi; encabeza manifestaciones que bajo pretexto de apoyar a víctimas de ETA gritan contra el gobierno, dividiendo a la ciudadanía, en un asunto que nos afecta a todos. Rajoy está en su derecho de opinar, pero, delinque cuando injuria o difama. Miente con mayor elocuencia que el zafio Zaplana. Olvida que, entre 1996 y 2004, siendo ministro del PP firmó de puño y letra 14 de las 56 excarcelaciones de presos etarras. Y sigue hablando de victorias, derrotas, decencias e indecencias. Y el juicio sobre el 11-M en marcha. LQS. José Antonio Vidal Castaño. Febrero de 2007 |
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La Calle
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| Año V. / | |||||