| Unos rinden culto a Al Gore. Yo sigo leyendo a Karl Marx Marx argumentó que las sociedades capitalistas suelen presentar dos polos: el de la riqueza y el de la miseria.
Esta predicción ha sido ridiculizada por algunos pensadores “modernos”, que argumentan que si bien pudo haber algo de esto en el capitalismo del siglo XIX, más adelante los países capitalistas adelantados demostraron que todos los grupos sociales tienden a mejorar gracias al fantástico crecimiento económico que aporta el capitalismo. Sin embargo, si nos fijamos en el mundo actual vemos que la predicción de Marx estaba bien encaminada.
Marx hablaba de miseria relativa, es decir, de la posición del polo inferior en comparación con el polo superior. Los trabajadores crean riqueza con su trabajo, y los capitalistas se apropian de una parte de esta riqueza gracias a la extracción de plusvalía. Esta injusticia puede modelarse de diferentes formas, aunque sus características básicas se mantienen en el tiempo. Cuando los trabajadores no están organizados, los empresarios exprimen más y más el trabajo de los obreros que pasan a ser relativamente más pobres. Si los trabajadores se organizan, sindical y políticamente, pueden apaciguar las desigualdades. Pero tanto estas desigualdades como su tendencia a crecer son una tara del sistema.
Capitalismo y pauperización
"Unos están en la noche,
Otros en la luz
Y vemos a los de la luz
Más no a los de la noche."
Bertolt Brecht
Hoy, el poder del capital es aún más aplastante de lo que era en la época que vivió Marx. Los sindicatos organizan a una parte de la clase obrera pero globalmente ejercen un poder político muy limitado. El control de la situación sigue en manos de los patronos. Los derechos de propiedad son garantizados por el imperio de la ley. El capital es libre de hacer y deshacer, ya sea disparando contra los trabajadores en Colombia o intentando desorganizar los sindicatos en Alemania con la amenaza de trasportar las operaciones productivas a un lugar con salarios bajos. Las políticas patronales condenan a los trabajadores a una situación más insegura, dejándolos sin aliados e incluso sin organizaciones políticas. Las políticas neoliberales intentan arrebatar una parte de los derechos sociales obtenidos con la lucha de muchos años.
Esta situación de desigualdad viene siendo denunciada por muchas organizaciones sociales a través de los análisis sobre la distribución de riqueza entre el centro y la periferia y yo no me extenderé en ello. Pero los hechos demuestran a la vez, que la desigualdad relativa entre riqueza y pobreza también se acentúa en los países capitalistas desarrollados. En los EE.UU., por ejemplo, el 1% más rico posee un tercio de la riqueza, mientras que el 80% de la parte inferior sólo tienen un 16 % , y esta brecha ha ido creciendo en las últimas décadas.
Degradación ecológica y desigualdad social.
”Ciertamente, ¡vivo en unos tiempos muy oscuros! (...)
Qué clase de tiempos, en los cuales
hablar de árboles es prácticamente un crimen
porque implica silencio sobre tantos delitos."
Bertolt Brecht
Muchos lo ignoran, pero Marx fue uno de los primeros pensadores que entendió que el capitalismo devasta el medio ambiente . No fue, ciertamente, un “ecologista puro” de los que ahora anuncian los peligros que asolan al planeta sin atreverse a denunciar a los verdaderos causantes del desastre . Él puso al descubierto que la desigualdad y la devastación del medio ambiente se encuentran mutuamente conectadas.
Actualmente, esta conexión se sigue produciendo. Los que ocupan la parte inferior en la distribución de los ingresos también son los que están destinados a ser los más afectados por la contaminación, la congestión, los plaguicidas, el agua en mal estado o los residuos. La mayor parte de la población trabajadora vive en zonas urbanas inundadas por substancias tóxicas. Es la que se encuentra atrapada en medio de las carreteras porque ha sido obligada a desplazarse para ir a trabajar. Toda una generación de niños hijos de las clases populares se ha visto obligada a convivir con el envenenamiento por ploma. Los ricos, en cambio, pueden construir sus mansiones en lugares con aire limpio rodeados de zonas verdes. Por esta razón, ellos consideran que la naturaleza es algo que se compra y se vende.
El marxismo, especialmente a través de la pluma de Federic Engels, también supo analizar en su día, como las diferencias sociales se ponen de manifiesto alrededor del problema de la vivienda. Hoy, en este tema, tenemos otra prueba de la polarización social. Los grandes ingresos con que pueden contar los más poderosos y la posibilidad, en el caso de los más pobres, de recurrir al endeudamiento en años de bajos tipos de intereses, han dado lugar a una gran demanda de vivienda y los precios se han disparado. Ahora, nos damos cuenta que cada vez hay mayor distancia entre la vivienda de los ricos y la de los pobres. A los ricos, la subida del precio de la vivienda los afecta poco; sus altos e incrementados ingresos les permiten comprar o construir casas cada vez más grandes. En cambio, aquellos que se encuentran en la parte inferior del tablero, cada vez están condenados a vivir dentro de un número menor de metros cuadrados.
Todo esto, para los predicadores del sistema puede ser una verdad incomoda . Pero más les incomodará comprobar como el marxismo sigue conservando íntegramente sus facultades como herramienta de análisis y guía para la acción.
LQSomos. Antoni Puig Solé. Noviembre de 2007
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Nota .-Este artículo no habría sido posible sin tener previamente la suerte de leer diversos trabajos de Michael D. Yates . Una parte de lo que aquí he expuesto se limita a reproducir algunos de sus planteamientos y en determinados momentos, incluso se hace de una manera literal. |