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Año V. /
Sarkozy y Gramsci

Durante su campaña electoral Nicolas Sarkozy, se definió a si mismo como el candidato de los valores. Puede parecernos que se situó en un terreno ventajoso para las izquierdas. Pero no es así: Le permitió evita hablar de los intereses económicos que defiende (descubriendo si favorecen o no a una minoría), y sustituirlos por un debate genérico sobre nación, orden, respeto, mérito, trabajo, identidad, civilización,...o religión.

Deberemos sacar la lección y ver que cualquier mención a esta clase de valores a los cuales se aferra Sarkozy da posibilidades de sembrar la discordia entre las clases populares: la gente está normalmente más dividida sobre moralidad, religión o disciplina que sobre la necesidad de ganar un buen salario o de tener un trabajo estable. A la derecha no siempre le resulta fácil adoptar esta táctica. Pero puede hacerlo cuando la izquierda es incapaz de descubrir dónde se encuentran los verdaderos enemigos.
Una vez instalado en el terreno pantanoso de los valores, Sarkozy llegó a afirmar:
 “ he hecho mío el análisis de Gramsci: el poder se gana a través de las ideas. Es la primera vez que un hombre de derechas asume esta batalla”.

Está claro que la obra de Gramsci no se encuentra sobre la mesilla de noche de Sarkozy. Es probable, incluso, que no la haya consultado nunca y se limite a citarla de oído, como muestra la imprecisión de la primera parte de su frase. Pero para él esto no es trascendental. No tiene la intención de justificar su afirmación y todavía menos de analizarla en detalle. Sólo espera apuntalar algo más sus posiciones y dar una nueva bofetada a la izquierda.
Una vez señalada la carencia de precisión de la primera parte de su frase, desmontar la segunda parte, o sea, aquella en la cual de una manera pretensiosa dice que “ha sido el primer hombre de derechas que ha asumido esta batalla”, resulta una tarea fácil: SERGE HALIMI, ha dejado al descubierto como Reagan ya se adelantó a Sarkozy. Entre nosotros, Raimon Obiols y J.L. López Bulla, también han insistido en el mismo argumento.

No tiene demasiado sentido, por lo tanto, perder el tiempo intentando arrancar las manos derechistas de Sarkozy de encima de un teórico marxista de gran valía, como Antonio Gramsci. Él mismo se ha puesto en ridículo.
Pero ya que lo ha mencionado, vale la pena recurrir a la obra de Gramsci, con el fin de hacer un breve repaso del verdadero papel que ahora asume Sarkozy.
Podríamos encontrar herramientas potentes dentro de la teoría gramsciana, en lo referente al cesarismo, la revolución pasiva, la función de los intelectuales o el transformismo, que nos ayudarían a comprender Sarkozy y su entorno. Pero aquí nos limitaremos –y de manera breve- a la visión de Gramsci sobre la hegemonía.
Según Gramsci la hegemonía es el proceso por el cual una concepción del mundo es aceptada pacíficamente por la gente. Un grupo social se convierte en dirigente y hegemónico cuando convence a los otras que sus intereses particulares, económicos y corporativos son intereses generales. En otras palabras: en una sociedad capitalista como la francesa, la burguesía como clase hegemónica, se ve en la necesidad de hacer aceptar su dominio entre aquellos que explota.

Sarkozy ha sido Ministro de Interior. Sabe que el poder no puede mantenerse únicamente sobre la violencia uniformada. La represión tiene un coste económico importante y deja al desnudo el verdadero papel clasista del Estado. En diferentes ocasiones ya se ha encontrado con conflictos gruesos, especialmente entre los jóvenes marginados de los barrios periféricos. Si la opción es la represión, debe garantizarse que esta ha sido aceptada como remedio previamente por la mayoría de la población. Los reprimidos deben quedar aislados socialmente.

En Francia la ideología de la clase dominante está bastante asentada: Hoy por hoy , el sistema capitalista no es cuestionado de manera mayoritaria. Pero la patronal quiere imponer “nuevas reformas” que se pretende que sean aceptadas por las clases sociales dominadas. Es necesario, por lo tanto, debilitarlas y corromper sus ideologías propias.
Como expliqué en otro "post", la imposición de las reformas patronales sitúan a la clase obrera ante una ofensiva de cariz global. Pero esto no se hace de golpe sino a través de diferentes movimientos tácticos.
El primero fue la inclusión dentro de los contratos de las horas extraordinarias suplementarias. Aquí de nuevo, el aspecto ideológico camuflado en pos del supuesto debate de valores, resulta evidente: Refuerza la idea que los obstáculos para la ocupación vienen de una reglamentación demasiada rígida (las 35 horas) y que se puede ganar más dinero, pero para ello hará falta también trabajar mas. El segundo movimiento es el de los servicios mínimos. Si se logra limitar el derecho de huelga se podrá retrasar la edad de la jubilación. El tercer movimiento ha sido la reforma fiscal. Se favorece a los ricos.

Todo esto, por el momento parece que transcurre sin pena ni gloria. Sarkozy aprovecha el periodo de gracia que inicialmente se acostumbra a dar a los gobernantes, durante el cual los actores sociales y los ciudadanos en general permanecen en una actitud expectante.
Mientras, en nuestro país, los medios no dejan de presentarnos a un Sarkozy relacionado con el debate de los valores y se sorprenden con sus maniobras de ampliación del bloque derechista neoliberal con la incorporación (transformismo) de personalidades que habían militado en la izquierda o en los movimiento sociales.
Lo que hace falta en Francia, en todo caso, es garantizar la reunificación del mundo del trabajo, superando las divisiones imaginarias en las cuales Sarkozy ha sustentado la campaña electoral: diferencias entre generaciones, procedencia nacional, lugar de residencia. También será necesario construir una alternativa de izquierdas basada en un nuevo bloque social.

Mientras tanto, aquí deberíamos evitar que se nos condujera, como ha pasado en Francia, a la trampa del debate de los valores situando en cambio claramente cuáles son los intereses económicos y sociales que las izquierdas defienden y cuáles combaten.

LQSomos. Antoni Puig Solé. Julio de 2007

70 años después: Gramsci la llama que no cesa
http://www.loquesomos.org/lacalle/losotrosyyo/Gramsci/Gramsci.htm

Sarkozy stop
http://apuigsole.blogspot.com/2007/05/sarkozy-stop.html