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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Valencia: una ciudad sin ciudadanos, una ciudad sin personas ni corazón La ciudad como espacio público que hay que reconquistar y defender a diario Las ciudades necesitan con urgencia la participación efectiva y real de los ciudadanos que se atreven a soñar, que se atreven a expresar con claridad sus necesidades y denuncian las carencias y olvidos institucionales, ofreciendo a los responsables políticos, todo tipo de iniciativas y propuestas para hacer digna y agradable la convivencia presente y futura de todos… Es la ciudad en su conjunto la que merece la consideración de espacio público. La responsabilidad principal del urbanismo es producir espacio público, espacio funcional polivalente que relacione todo con todo, que ordene las relaciones entre los elementos construidos y las múltiples formas de movilidad y de permanencia de las personas. Espacio público cualificado culturalmente para proporcionar continuidades y referencias, hitos urbanos y entornos protectores, cuya fuerza significante trascienda sus funciones aparentes. El espacio público concebido también como instrumento de redistribución social, de cohesión comunitaria, de autoestima colectiva. Y debemos asumir también que el espacio público es espacio político, de formación y expresión de voluntades colectivas, el espacio de la representación pero también del conflicto permanente. Mientras haya espacio público, hay esperanzas de revolución o de progreso personal y colectivo. La administración pública, las instituciones tienen la obligación y el deber ineludible y urgente de intervenir directamente a favor de los sectores y personas desfavorecidas, evitando así los graves –y cada vez más grandes- desequilibrios de equipamientos, servicios e infraestructuras que padecen ciertos barrios y núcleos en las grandes ciudades. Valencia es un claro ejemplo de la falta de planificación y atención institucional a las personas en situación de exclusión, pues se han creado y consolidado numerosos guetos y zonas marginadas en la ciudad y área metropolitana, siendo visible y alarmante la falta de programas y estructuras públicas destinadas al cuidado y rehabilitación de enfermos mentales, discapacitados, ancianos, emigrantes, indigentes, desempleados, niños abandonados, drogodependientes… La falta intolerable de viviendas sociales, programas, servicios y espacios públicos destinados a la atención, cuidado, integración y rehabilitación de personas y colectivos en situación de precariedad, exclusión y marginación social, laboral, sanitaria, educativa, educativa… son una asignatura pendiente de los ayuntamientos y gobiernos autonómicos, pendientes últimamente de impulsar y organizar eventos a organizaciones y empresas privadas, incentivando celebraciones y actividades ajenas totalmente al bienestar general del conjunto de ciudadanos que habitan en las ciudades. Los problemas sociales, laborales, educativos, sanitarios… crecen de forma brutal, siendo imposible ocultarlos y resolverlos con diseños futuristas, propagandas absurdas o campañas turísticas, pues la ciudad real, la ciudad que no aparece en las guías ni en la televisión o en los discursos políticos aumenta imparablemente, a pesar del consumismo y de las técnicas tan sofisticadas e insistentes de manipulación, intoxicación y embrutecimiento, empleado por la administración local, autonómica, central…con la connivencia de los sectores inmobiliarios, principales responsables e impulsores de la implantación de grandes mafias criminales, de carácter internacional, en todo el territorio nacional español. Somos el paraíso de todos los peores y más peligrosos grupos delictivos de todo el mundo, según informan ciertos prestigiosos organismos internacionales… Y nadie ha movido un dedo hasta la fecha, a pesar del esfuerzo desplegado por algunas entidades y asociaciones sociales independientes para denunciar la situación. ¿Queremos seguir sordos, ciegos, mudos… para el resto de nuestras vidas? ¿Y cuándo la eminente crisis económica (dada la locura urbanística y la ausencia de planificación, control y desarrollo económico que sufrimos en nuestra España) nos toque a nosotros, seguiremos mirando al suelo y negando la existencia de graves e intolerables injusticias y desequilibrios estructurales desde hace muchos, muchísimos años? ¿Por qué no tenemos la dignidad de participar, denunciar y expresarnos ante la actual situación de barbarie, precariedad, aislamiento, violencia y corrupción que inunda y contamina toda la vida institucional, laboral, empresarial, informativa…? ¿Somos seres racionales y con capacidad para reflexionar, actuar y comprometernos o somos simples objetos, simples engranajes destinados al consumo voraz de todo tipo de cosas absurdas, para así mantener el statu quo? De todos nosotros depende recuperar la ciudad, recuperar la "vida" para hacer amable y digna la convivencia diaria y personal. O también podemos seguir construyendo un gran bazar, un enorme zoco, un interminable mercado, un espectáculo circense y turístico en todas nuestras calles, ignorando que las personas también necesitamos algo más que festejos absurdos, carreras de coches, yates de lujo, partidos de fútbol y ciudades galácticas para poder vivir y sentir nuestro cuerpo dentro de nuestra propia y única piel. ¿Quién va a poder sentir, de forma íntima, nuestras tristezas y alegrías personales si no queremos recuperar y reconquistar nuestro espacio público, nuestra identidad para poder disfrutar de una vida equilibrada, serena y digna? Ahora toca reclamar a los que dicen ser nuestros representantes la creación de viviendas sociales a precio de coste, creando un parque de viviendas de alquiler, destinadas a todas las personas y colectivos sociales en situación de emergencia y precariedad, sin distinción de raza, religión, edad, situación laboral… Actualmente todos somos simples y anónimos esclavos de las modas, del consumo desproporcionado. Somos esclavos de eventos que en nada mejoran nuestra vida y nuestras relaciones personales. Necesitamos y debemos expresar y comunicar nuestras carencias y nuestras necesidades a todos aquellos que ocupan puestos de representación política e institucional. Exigir respuestas y programas sociales, educativos, laborales, formativos, culturales… a las instituciones locales, autonómicas es una tarea diaria que debemos ejercer con total y absoluta libertad, como ciudadanos que somos. La administración local y todas las instituciones públicas valencianas tienen el deber de garantizar y favorecer nuestra seguridad e integridad física y emocional, aceptando y canalizando nuestras propuestas, quejas, denuncias, iniciativas, sugerencias… pues la participación es un instrumento esencial del juego democrático que sirve para hacer estable la convivencia en las ciudades, al implicar e involucrar a los vecinos en los quehaceres y tareas cívicas. Las ciudades necesitan con urgencia la participación efectiva y real de los ciudadanos que se atreven a soñar, que se atreven a expresar con claridad sus necesidades y denuncian las carencias y olvidos institucionales, ofreciendo a los responsables políticos, todo tipo de iniciativas y propuestas para hacer digna y agradable la convivencia presente y futura de todos… Valencia es hoy, gracias al Partido Popular y a la reina de los mares y las copas de América, una ciudad sin ciudadanos, una ciudad sin personas... ¿Es posible que los políticos municipales dediquen algún día a la semana a escuchar, atender y canalizar las propuestas, quejas y sugerencias de los ciudadanos? ¿Cuándo van a crearse las oficinas de atención ciudadana en todos y cada uno de los barrios para hacer realidad eso de la participación? Hay muchas cosas que hacer y todos somos necesarios si queremos hacer "habitable" y "agradable" la convivencia en las grandes urbes, pero sin el concurso real y sistemático del tejido social no hay democracia ni progreso. LQS. Alejandro Ben Canetti. Diciembre de 2006 CERCLE OBERT DE BENICALAP |