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La burguesía y los intereses obreros
Estimado Diego:
Después de nuestro comentario anterior
sobre el nacionalismo (1),
considero que quedaron claras nuestras posturas sobre el fondo ideológico
del tema. Sin embargo, no debemos confundir la cuestión ideológica,
que indudablemente es de mucho mayor calado y trascendencia en el tiempo,
del problema político coyuntural que actualmente se da en España
(2).
Si nos fijamos, las declaraciones contrarias sobre el derecho a la autodeterminación
y la independencia, se producen desde diferentes sectores ideológicos
y políticos, e incluso militar como hemos podido ver en TV al
jefe del estado mayor del ejército recordándonos que la
unidad de España está preservada defenderla al ejército.
Desgraciadamente mientras el debate ideológico no se aborde en
toda su profundidad la confusión política prevalecerá
y puede hacer aliados coyunturales antinacionalistas, tanto a la derecha
más recalcitrante como a socialistas e incluso a defensores de
la ideología marxista.
No podemos justificar nuestra posición antinacionalista por la
interpretación que podamos hacer del tiempo del hecho histórico,
dar válida la unidad de España de los Reyes Católicos,
o la que atribuyen los nacionalistas catalanes o vascos para justificar
la reivindicación de sus pretendidos derechos históricos.
Por lo tanto considero que no es válida la argumentación
que haces del privilegio de los nacionalistas sobre el resto de los
españoles.
Una vez mencionada la palabra español, tengo que manifestar,
que aun reconociendo esa realidad que condiciona mi libertad y la de
los demás españoles, aunque no lo vean, personalmente
no me considero español, sino ciudadano del mundo, necesitado
de vivir en igualdad y solidaridad con el resto de seres humanos que
habitan el planeta, ya sean negros, mulatos, cobrizos o blancos, vivan
en África, Asia o cualquier lugar del mundo. Todos los seres
de esos lugares tienen una cultura que debería ser patrimonio
de toda la humanidad, sin discriminaciones, y de la que poder disfrutar
todos si no existiesen las falsas fronteras generadas por los guardadores
de sus falsos privilegios.
Es cierto el ejemplo que citas de Hitler al ganar "democráticamente"
las elecciones, pero deberías decir los condicionantes ideológicos
que permitieron a tan nefasto personaje ganarlas, lo mismo que en la
actualidad las ganan los nuevos führer tipo Bush, o sin la máscara
furiana con la que las ganan los Putín o Berlusconi, y porque
no ZP, y no citar más por no extendernos en tantos otros que
de hecho ganándolas dan lugar a las dictaduras económicas
capitalistas. Lo triste es oír a pretendidos rojillos al estilo
Llamazares decir que en España existe el Estado de Derecho, será
porque la explotación del hombre por el hombre se realiza "democráticamente".
La base materialista del marxismo sobre el origen y el fondo del estado
y las democracias la hacen hegeliana idealista, pero nada dialéctica
materialista marxista.
Es cierto también la alusión que haces sobre los pretendidos
izquierdistas que al hablar de pueblo eluden el tema de clase, aunque
su visión etapista del proceso revolucionario en el fondo les
haga creer que consiguiendo su nación la independencia, el siguiente
pasito será el socialismo. De hecho se incapacitan para generar
una alianza internacionalista en la lucha antiimperialista, ya que con
sus actitudes interclasistas nacionalistas, lo que consiguen es fomentar
el españolismo del resto de los trabajadores, y así difuminar
el carácter clasista internacionalista de la lucha por el socialismo
en la fase imperialista del capitalismo. De producirse esa posterior
revolución socialista en Euskadi o Cataluña, tendría
menos vida que la existencia de Yugoslavia, una vez desaparecida la
URSS, donde el imperio no podía admitir aquella particular situación
que permitía cierto grado de socialización y supo aprovechar
mediante la exaltación racial y nacional la justificación
de la intervención militar para dividirla y hacerla totalmente
capitalista desde sus estaditos más pequeñitos.
La izquierda consecuente en vez de exaltar los sentimientos nacionalistas,
que de alguna forma la historia de desarrollo burgués facilitó,
lo que nos hace cómplices y esclavos, y que sean mucho más
fáciles para la exaltación, con los que implicar políticamente
en su lucha partidista nacionalista, sobre todo a la juventud, que el
de la lucha clasista, lo que implica un grado de organización
mucho más elevado ideológica, política y organizativamente.
Una batalla dura, pero necesaria si queremos vencer al fondo de vida
impuesto, individualista, consumista e insolidaria que la ideología
dominante burguesa impone al conjunto de los trabajadores y demás
sectores populares, a través del control y dominio que tiene
de los grandes medios de información y cultura.
Es de lamentar el endiosamiento y desprecio que de alguna forma manifiestan
gentes que no dejan de proclamar su defensa del marxismo, pero que nada
hacen para priorizar ese conocimiento entre el conjunto del pueblo llamado
a ser protagonista del proceso revolucionario. No les basta la triste
experiencia vivida que provocó la caída de la URSS con
su falso protagonismo partidista que impidió que el pueblo pudiera
organizarse como clase dominante para poder comprender el protagonismo
no solo de derrocar al capitalismo sino de ejercer el poder directamente,
de sentirse realizado mediante el trabajo creativo y participativo,
en vez de ser dirigidos desde la burocracia partidista que era la que
ostentaba realmente el poder. Aunque se llamara soviético a ese
poder que no lo era, ya que la constitución leninista soviética
a iniciativa de Stalin fue abolida el 11 de junio de 1936, y aunque
siguió llamándose soviética, si la leemos con detenimiento
nos daremos cuenta que en lo fundamental no se diferencia de las constituciones
burguesas basadas en el sufragio universal que se realiza cada equis
años a favor de la llamada clase política. No existían
los soviets desde las fábricas y los barrios eligiendo a sus
dirigentes encargados de la gestión local y empresarial, y desde
abajo hacia arriba elegir a sus delegados a los niveles superiores de
gestión, controlándolos en todo momento y pudiendo revocarlos
en todo momento cuando los trabajadores desde sus lugares naturales
organizados como clase dominante así lo demandaran, porque no
respondieran a la confianza depositada o porque nuevos compañeros
mejor capacitados pudieran ejercer esas funciones con más eficacia.
Volviendo al problema político actual sobre el derecho a la autodeterminación
después de lo dicho anteriormente, y ya que se menciona a los
clásicos marxistas sobre el derecho a la autodeterminación,
debemos reconocer que ellos lo situaban como problema político
real del momento. Es cierto que ellos no defendían la independencia
clasista de los trabajadores, eran materialistas, no eran voluntaristas
que quisieran imponer el socialismo por decreto divino, reconocieron
el derecho a la autodeterminación tanto Marx en Irlanda, como
Lenin lo hizo con Ucrania, cuando en el primer caso, los propios trabajadores
ingleses aceptaban la imposición burguesa colonial sobre los
trabajadores irlandeses, lo mismo que Lenin supo ver por los sentimientos
que la autocracia zarista había generado en el pueblo ucraniano,
lo que dio lugar a la independencia y posteriormente a la integración
concientemente en la URSS.
Sin dejar de priorizar el publicitar en todo momento y lugar, lo expuesto
anteriormente, si no somos capaces de convencer, tendremos que dejarles
que se equivoquen y cometan tan tremendo error de querer construir socialismos
nacionales, antes que coincidir políticamente con el militar
del Alto Estado Mayor del Ejercito salido en TV, advirtiéndonos
de su orden militar.
Malime
(1) www.loquesomos.org/lacalle/tuopinion/Nacionyclase.htm
(2) www.loquesomos.org/lacalle/tuopinion/Derechos%20y%20privilegios.htm
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