|
La Calle
|
| Año V. / | |||||
|
La Pacha Mama esta enojada Cuando Juan Ydígoras Quilpe se sentó, sintió que le dolían los ojos mientras perdía la mirada sobre la chatura de su tierra. Esa tierra que repetía su rostro. Esa tierra que había pertenecido culturalmente -en su suelo y su subsuelo- a sus ancestros, de quienes también había heredado la veneración y el respeto hacia la Pacha Mama. Recordaba, paso a paso, las ceremonias en honor de la Madre Tierra. Esas que había aprendido desde chico al lado de sus mayores. Cada ofrenda. La vestimenta que dabía observar y el colorido necesario. Todos los pasos de la danza. Los había aprendido de su padre, y éste de su padre y así se remontaba hasta tiempos inmemoriales. También sabía -porque lo estaba sufriendo en carne propia- del proceso de humillación cultural al que se los estaba condenando con la invasión de sus territorios y el saqueo de los recursos naturales que, persiguiendo los enormes yacimientos de petróleo y gas atrapados en el subsuelo, los despojaba de la tierra y les hacía tan difícil la conservación de sus ecosistemas y sus valores culturales. Su memoria histórica no
registraba a los sucesivos "dueños" de Bolivia que
habían antecedido a este despojo: ni de aquél Belzú,
general violento; ni del general Mariano Melgarejo, un bárbaro
tirano, caudillesco y caciquil durante cuyo tormentoso paso por el
poder asesinó de Belzú y, ensangrentado aun salió
al balcón del Palacio para anunciar desafiante: "Belzú
ha muerto, ¿quién manda ahora?". "País que compra, manda; país que vende, obedece", quien dedica su economía a una monoproducción, se suicida -había profetizado el apóstol de América, José Martí. Tampoco conocía de esos otros intereses que dejaron a Bolivia sin salida al mar, movidos por la apetencia de los minerales de su suelo por parte de potencias europeas y países vecinos. Desconocía la codicia que se practica por acaparar riqueza sobre la muerte, la ignorancia, el atraso, la violencia. Porque había sido educado en la escuela de la "casa grande" donde todo se comparte, donde unos educan a otros y todo es de todos. Y tampoco sabía de esas montañas de estaño que fueron dilapidadas por aquél Patiño que se enriqueció tanto con el subsuelo de su país. (Nunca el posesivo tan ajustado a la realidad) que llegó hasta a ser tratado como un casi noble por la elite francesa. No registraba su memoria a ninguno
de ellos, ni a otros tantos predadores de su tierra. Cuando Juan Ydígoras Quilpe se sentó, ese 4 de junio de 2005, se quedó en silencio. Mientras, Bolivia estaba ardiendo como un gran pozo de petróleo: muchos campesinos marchaban hacia La Paz reclamando a Meza que se vaya del gobierno porque la tierra, esa misma tierra en cuyo seno descansan sus mayores, esa Pacha Mama que guarda los recursos, esa Pacha Mama está enojada por la bajeza con que se castiga al pueblo boliviano. Para continuar el tema, actualizado,
dirigirse a: Por Mónica Oporto |