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Bramando
se viene el agua Puerto Vilelas: El delito de ser pobre Ciudad de Resistencia, capital de la provincia de Chaco, República Argentina. En la actualidad rodeada por un Conurbano integrado por los municipios de: Fontana, Resistencia, Barranqueras y Puerto Vilelas, denominado, a partir de fines de la década del '70 como "Gran Resistencia". El asentamiento denominado Gran Resistencia está localizado en la margen occidental del río Paraná, en lo que se conoce como "llanura de inundación" a escasos km debajo de la desembocadura del río Paraguay. La llanura está atravesada por el río negro y el riacho Arazá que recogen sus aguas en una vasta cuenca y cuyos caudales están determinados por las lluvias estacionales. Su topografía contempla un extenso paisaje lacunar que ha funcionado como sistema regulador de los excesos hídricos. El crecimiento de la ciudad fue hasta la déca del 40 un producto de la expansión de actividades productivas. A mediados de los 50 nació de la producción algodonera y las migraciones rurales deriavadas también de la explotación silvícola del quebracho colorado. En 1966 la creciente inusual de los ríos Paraná y Paraguay provocó el desborde de las aguas inundando parte del casco urbano de la ciudad y comenzó el ciclo de inundaciones que se repitieron en 1977, 1982-83, 1986, 1992 y 1997. El pasado diciembre una nueva inundación se llevó las construcciones de muchas familias que optaron por ocupar viviendas deshabitadas para resguardar las pocas pertenencias que habían podido salvar, y fundamentalmente, cobijar a los niños. ¿Y las previsiones? Ningún gobierno, ni de facto ni legal, ni radical ni peronista, se ha ocupado de las defensas necesarias, de la previsión para evitar estas crueles consecuencias. Lo cierto es que no se han concretado las defensas de la ciudad para evitar las inundaciones y sus consecuencias desastrosas, y es también una realidad que el crecimiento debería haber sido orientado hacia zonas altas. La población debería haber sido localizada en zonas alejadas de las inundaciones. Sin embargo, y como siempre, se paga con la vida el delito de ser pobre, de no tener acceso a la propiedad privada, de no poder contar con quien defienda los derechos con la prontitud con que corresponde. El riesgo dejó de ser un tema de la naturaleza a ser una decisión política. Las aguas bajan turbias 5 de enero de 2006. Unos 300 agentes arremetieron con gases y balas de goma para obligarlos a dejar las casas. La policía chaqueña, muchos de ellos montados a caballo, desalojaron de forma violenta a las familias que habían ocupado un barrio de la localidaad de Puerto Vilelas, localidad ubicada a 21 kilómetros al sudeste de Resistencia. Gritos, niños llorando, mujeres llorando, corridas de los policías que, armas en mano, se atropellaban por disparar contra la gente indefensa. Corridas mas dignas de mejores fines, mas gritos y llanto, alguien preguntando "yo qué te hice, hermano?". Los estampidos de los disparos de balas de resonando como en una búsqueda de criminales, y el resultado fue un número aún no determinado de personas heridas. Los policías se avalanzaban sobre los indefensos vecinos, algunos de ellos hombres mayores, mujeres y niños. Las mujeres mostraron las heridas ocasionadas por las balas de goma. La revuelta desesperada de la policía por reprimir, parecía una fiesta disparos y golpes, sangre y palazos, disfrute de esposar a un hombre con la cabeza ensangrentada, emborrachados de sudor y golpes, operativo de botas sobre el cuerpo caido de algún detenido-esposado-indefenso. ¡Qué gran valor! ¡Demostrar tales dotes ante mujeres y niños, desarmados y asustados.! En la revuelta resultaron también heridos de 12 perdigones en su pierna izquierda, el fotógrafo del diario Norte de Resistencia, Germán Pomar, y un camarógrafo. Las familias, que al princopio intentaron resistir el desalojo, desistieron por el avance violento de la policía. Las imágenes recuerdan la peor época de la dictadura, aunque ahora el operativo había sido ordenado por el juez de Garantías número 2, Héctor Geijo, en base a una presentación formalizada por el Instituto de Viviendas del Chaco en su calidad de titular de las cien casas usurpadas. "Vinimos acá porque nuestros ranchos se rompieron todos con la tormenta de la vez pasada y queríamos arreglar la situación legalmente, pero nos hacen esto, nos trataron como a animales", se quejó Juana Gómez, madre de siete hijos. (2) La propiedad es un robo Nada justifica la represión y mucho menos la defensa de algo material. Ya Pierre Proudhon se había preguntado qué era la propiedad, (3) reflexionaba entonces acerca de que la privación de la libertad con que se esclavizaba a otro ser humano, significaba esclavizar no sólo su cuerpo, su trabajo, sino también su voluntad y, por lo tanto, esto significaba un homicidio. Por su parte, privar al ser humano del acceso a la propiedad, de la que se habían apoderado los mas poderosos que, para protegerse y proteger sus adquisiciones, crearon la ley (quien tiene la fuerza y el poder, arma la ley según mas le convenga). Resultaba así que la propiedad, que había sido de todos, pasaba ahora a ser de algunos, los mas poderosos. Por eso concluía que la propiedad (privada) resultaba un robo, pues se robaba a los que antes eran también propietarios del común. Y luego sobrevendría la exclusión de los que, poco a poco, habían sido empujados a los cordones de pobreza. La pobreza condena a los que socialmente nada tienen, a todo tipo de atropellos. A los peores trabajos, a los peores lugares para habitar, a comer de vez en cuando lo que debería ser alimento diario, a vivir de las sobras de la sociedad que goza de todo lo que a ellos les falta. ¿Y las "necesidades básicas"? bien, gracias. Pero jamás satisfechas. ¿Y las responsabilidades? El intendente. El gobernador. El juez de garantías. El jefe de policía. Los policías. Por los sucesos de Cromagnon hay un jefe de gobierno separado del cargo y a punto de ser llevado a juicio político. Por esta bestialidad de actos de una dictadura ¿quién se hará responsable?. Es necesario exigir que caigan los responsables de semejante atrocidad. En este mundo neoliberal, ser pobre es sinónimo de delincuente, de peligroso, de estar destinado a estar aparte, de no tener derechos ni garantías, de servir para justificar la existencia de los represores al servicio de los poderosos, de mirar como el "chiquilín" del tango "de afuera, como esas cosas que nunca se alcanzan", de no estar invitado al banquete del derroche sino de quedar condenado a la tragedia de que siempre te falten cinco para el peso. Cuarenta y ocho horas después de ocurridos los hechos nadie fue responsabilizado por los hechos, y los medios ya quitaron el tema del aire porque otros hechos los desplazaron (paradoja mediática una entrevista a los viajeros en la terminal de micros que esperan para acceder al destino turístico deja de lado a las mas de cien familias desalojadas en una localidad de la que ya nadie se acuerda!). LQS Mónica Oporto. Enero de 2006 (1) http://ambiental.net/coscoroba/DesastresNatdaCruz3.pdf.
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La Calle
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| Año V. / | |||||