Vandana Shiva*. LQSomos. Septiembre 2017

Hay dos futuros distintos de la alimentación y la agricultura. El primero conduce a un callejón sin salida y a un planeta muerto

El primer camino de la alimentación y la agricultura lleva a un planeta muerto: venenos y monocultivos químicos se extienden. Los agricultores se suicidan debido a la deuda. Niños muriendo por falta de comida. Personas muriendo a causa de enfermedades crónicas exacerbadas por los productos vacíos y tóxicos vendidos como alimento. Y el clima haciendo estragos, destruyendo las condiciones de vida humana en la tierra. El segundo lleva al rejuvenecimiento del planeta a través del rejuvenecimiento de la biodiversidad, los suelos, el agua; el rejuvenecimiento de las pequeñas granjas. Comida variada, saludable, fresca y ecológica para todos.

El primer camino es industrial, y fue pavimentado por el Cártel del Veneno, que nació durante la guerra para crear productos químicos que puedan matar a la gente. Después de las guerras convirtieron los químicos de guerra en agroquímicos (pesticidas y fertilizantes). Nos dijeron que no podíamos tener comida sin usar venenos.

Los explosivos que se hicieron mediante la quema de combustibles fósiles a alta temperatura para fijar el nitrógeno atmosférico se utilizaron más tarde para producir fertilizantes químicos. El lema era que nunca volvería a haber escasez de alimentos porque ahora podíamos hacer “Pan del Aire”.

Había la afirmación exagerada de que los fertilizantes artificiales aumentarían la producción de alimentos y eliminarían todos los límites ecológicos que la tierra pone a la agricultura. Hoy la evidencia ha crecido: los fertilizantes artificiales han reducido la fertilidad del suelo y la producción de alimentos; y han contribuido a la desertificación, la escasez de agua y el cambio climático.

En los años noventa nos dijeron que nos moriríamos de hambre sin los OGM’s traídos a nosotros por el mismo Cártel del Veneno. Hubo una afirmación exagerada de que los OGM’s removerían todos los límites del medio ambiente, cultivarían alimentos en desiertos y vertederos tóxicos. Hoy en día solo tenemos dos aplicaciones de OGM: la resistencia a los herbicidas y las toxinas Bt en los cultivos. El primero, que se decía que controlaba las malas hierbas, ha creado super-malas hierbas. Se suponía que los cultivos Bt controlaban las plagas, pero han creado nuevas plagas y super-plagas. El algodón Bt ha empujado a miles de agricultores a suicidarse.

Ahora se nos está diciendo que el “Big Data” nos alimentará

Monsanto la llama “Agricultura Digital” basada en Big Data e Inteligencia Artificial. Ha comenzado a hablar de “cultivar sin agricultores”. Esta es la razón por la epidemia de suicidios de los agricultores indios y no ha obtenido respuesta del gobierno. Porque están pavimentando ciegamente la siguiente fase de la autopista sin salida.

La asociación de Monsanto con Atomwise permite adivinar qué moléculas darán a Monsanto el siguiente pesticida posible. Esto no es inteligencia para el manejo sostenible de las plagas, sino la apuesta por el siguiente veneno. Se está convirtiendo la vida en un casino digital. Es como jugar al póker en la cubierta del Titanic mientras el barco se hunde.

En 2013, Monsanto adquirió la empresa de datos climáticos más grande del mundo, Climate Corporation, por mil millones de dólares. En 2014 adquirió la empresa de datos sobre el suelo más grande del mundo, Solum Inc. Climate Corporation no trae a los agricultores el conocimiento de que la solución al cambio climático está debajo de nuestros pies, en el suelo; vende datos. Solum Corporation no trabaja con los agricultores para entender la rica red de alimentos del suelo: las bacterias, los hongos, los gusanos de tierra. Vende datos.

Pero los datos no son conocimientos. Es sólo otra mercancía para hacer al agricultor más dependiente. Se le dice al agricultor que debe subcontratar su pensamiento a Monsanto. Este es el siguiente paso en un futuro sin futuro que ignora la inteligencia de semillas, plantas, organismos del suelo, nuestras bacterias intestinales, nuestros agricultores, nuestras abuelas.

Pero podemos sembrar las semillas de otro futuro …

En todo el mundo, los pequeños agricultores y jardineros ya están implementando esta agricultura: preservando y desarrollando sus suelos, sus semillas, practicando la agroecología. Están alimentando a sus comunidades con alimentos saludables y nutritivos mientras rejuvenecen el planeta. Por lo tanto, están sembrando las semillas de la democracia alimentaria: un sistema alimentario en manos de agricultores y consumidores, desprovisto de control corporativo, venenos, monocultivos y plásticos. Un sistema alimentario que nutre al planeta y a todos los seres humanos.

Contrariamente al mito de que debemos acabar con los pequeños agricultores porque son improductivos, y que debemos dejar nuestro futuro alimenticio en manos del Cártel del Veneno (con drones de vigilancia y spyware) los pequeños agricultores están proporcionando el 70% de los alimentos globales usando sólo el 30% de los recursos que se destinan a la agricultura. La agricultura industrial está utilizando el 70% de los recursos para crear el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que proporciona sólo el 30% de nuestros alimentos.

Esta agricultura basada en productos químicos ha causado el 75% de la destrucción de los suelos, el 75% de la destrucción de los recursos hídricos y la contaminación de nuestros lagos, ríos y océanos, el 93% de la diversidad de cultivos ha sido extinguido por la agricultura industrial. La agricultura industrial intensiva también está creando una crisis de salud, produciendo productos alimentos tóxicos, vacíos desde el punto de vista nutricional. Un millón de personas tienen hambre permanente en este sistema, y más de 2 mil millones sufren de enfermedades relacionadas con la alimentación.

La agricultura orgánica toma el exceso de dióxido de carbono de la atmósfera, donde no pertenece, y a través de la fotosíntesis lo pone de nuevo en el suelo, donde pertenece. También aumenta la capacidad de retención de agua del suelo, contribuyendo a la resiliencia en tiempos de sequías, inundaciones y otros extremos climáticos.

No podemos abordar el cambio climático y sus consecuencias reales sin reconocer el papel central del sistema alimentario industrial y globalizado, que aporta más del 40% a las emisiones de gases de efecto invernadero a través de la deforestación, las operaciones de concentración de animales para la alimentación (CAFO’s), el envasado en plásticos y aluminio, el transporte a larga distancia y los residuos alimenticios. No podemos resolver el cambio climático sin una agricultura ecológica a pequeña escala basada en la biodiversidad: semillas vivas, suelos vivos y sistemas alimentarios locales. Podemos resolverlo sin monocultivos ni envases de plástico.

Lo que comemos, cómo cultivamos la comida que comemos, cómo la distribuimos, determinará si la humanidad sobrevive o se empuja a sí misma y a otras especies a la extinción.

* Publicado en Huertopía
@drvandanashiva

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