Alicia Melchor Herrrera*. LQSomos. Junio 2017

Tengo muchos amigos, cada vez más, que no consideran “moralmente lícito” comer carne de otros animales. Ya no es una cuestión marginal, se trata de una nueva ética, un nuevo tabú cultural.
Nada que objetar, yo aún mantengo otros tabús culturales, entre ellos no comer carne humana: por eso sé que contra el dogma es difícil razonar. Nada que objetar tampoco a los cambios, la antropología me enseñó que la moral humana no es universal ni inmutable: lo que en una determinada sociedad y en un determinado momento es perfectamente admisible, en otra sociedad o en otro tiempo, se considera un comportamiento socialmente pernicioso.

Pero en el imperio global en el que habitamos, de la misma forma en la que se ha estandarizado la cultura, las preferencias estéticas, el lenguaje, la moneda o las estructuras socio-económicas; también la moral (1) está abocada a la globalización, a la uniformidad. Margaret Mead decía que con una única cultura global “no sólo se reducirá el rango de la imaginación humana a un modo de pensar estrecho, sino que un día nos despertaremos como de un sueño habiendo olvidado incluso que existieron otras posibilidades”.

Se impone la globalización, y con ella una cultura primermundista, urbanita, desarraigada, ajena, profundamente ignorante del entorno rural y del ecosistema; educada por Walt Disney, sobreprotectora con los animales, en vez de con el entorno que los sustenta; implacable con los últimos vestigios de un primitivismo cultural más reciente de lo que es capaz de asimilar; pero indulgente con el capitalismo que explota la naturaleza, la desnaturaliza, la utiliza y que va camino de esquilmar.

Los urbanitas vemos la comida en el estante del súper, y no nos planteamos cómo se ha producido eso. Nos cuesta imaginar que comemos animales muertos, como los linces o los lobos. Nos repugna nuestra propia animalidad. Renegamos del primitivismo y nos acogemos al civilizado ciudadanismo que esconde las vergüenzas bajo hipnóticas alfombras de plasma.

Yo soy omnívora, como lo ha sido el 99% de la humanidad a lo largo de su historia. Somos animales y comemos otros animales, además de recolectar y luego sembrar, y criar animales, como las hormigas crían pulgones.

A mí lo que me avergüenza es que los humanos envenenemos el planeta, no que ocupemos nuestro puesto en la escala trófica. No creo que sea menos ético el comportamiento del lince por cazar conejos que el del conejo por comer hierba, ni me hace falta ser vegetariana, animalista ni antiespecista para ver diferencias morales entre criar cerdos que se pasan la vida hociqueando en la dehesa y criarlos de forma que no conozcan más que la tortura de vivir en un metro cuadrado.

Se puede producir carne de una forma más ética y ecológica, con menos pienso y más pasto, como se ha hecho tradicionalmente. Eso sí, para ello hay que mover el ganado, mantener su diversidad genética, trashumar, subir a las vacas al monte, y mantener los derechos de paso y pasto comunales que persisten (pretenden que arcaicamente), en nuestra legislación (a día de hoy, sólo quedan 80.000 de los 125.000 kilómetros de vías pecuarias, el resto está en manos privadas por la desidia o con la connivencia de las autoridades).

En cuanto a si la producción sería suficiente o no, veamos: en 1950 había más de 16 millones de ovejas y 4 millones de cabras. Hoy hay 1 millón y 2 millones menos, respectivamente. También había 2,5 millones más de caballos, mulas, asnos y camellos. En cambio, en cuanto a cabezas de vacuno y porcino, la cosa cambia. En 1980 había 4 millones de vacas y hoy hay casi 2 millones más. Pero lo más grave es lo de los cerdos: en 1980 había 7 millones y hoy ¡26 millones! (el 61% de esa producción es para exportar, y lo gestionan grandes multinacionales).

Lo que queda claro, además de que el cerdo “de invernadero” es una plaga, es que sin granjas industriales se podría producir como mínimo un 70% de la carne que consumimos (ya lo hicimos, y un aumento de la producción podría ser ecológicamente sostenible, si se hace con cabeza). Y con ello, se mantendría el entorno rural, se prevendrían incendios, se malgastaría menos agua, se contaminaría menos (en el campo, las bostas abonan y contribuyen al transporte de semillas, en una granja industrial, el río de caca generado puede contaminar acuíferos y ríos), se transportarían menos piensos, se lucharía contra la globalización del mercado alimentario y la despoblación del entorno rural, y se garantizaría nuestra soberanía alimentaria (¿o no interesa?).

Los pequeños agricultores van camino de ser meros franquiciados de las multinacionales de semillas, y los pequeños ganaderos están condenados a perder una desigual batalla contra la “producción industrial” de carne y lácteos (2). Vamos camino de dejar morir los pueblos, y perder con ellos un sistema de producción alimentaria ecológica y sostenible, en favor de otro industrializado y globalizado, y, para más inri, justificándolo en base a unos valores, como el animalismo y antiespecismo, que no sé si se pueden asociar con la ecología. (Definitivamente, no. Nota 8).

Los argumentos contra la sostenibilidad ecológica de la producción tradicional de carne son más que discutibles, cuando se dan, porque normalmente los animalistas sólo se acuerdan de que existe el medio rural cuando hablan de toros.

Absurdas teorías como que la única forma de producir un kilo de carne es invertir diez de soja o la chorrada del metano (3). ¿A qué ignorante urbanita se le ocurrió la de la soja? Quiero verle escalando despeñaderos en Gredos para alcanzar brotes verdes, comiendo hierba del suelo en un prado, y en invierno, alfalfa. Dudo que las jaras del monte le resulten apetitosas… pero a una cabra sí. ¿No es más lógico y práctico dejar que la cabra se coma la jara y luego comernos la cabra?

¿En qué ayuda a la naturaleza que dejemos de comer carne, si seguimos viviendo en un sistema que nos obliga a alimentarnos con proteína vegetal proveniente de monocultivos intensivos ubicados a miles de kilómetros, cuyos beneficios revierten principalmente en los bolsillos de los accionistas de las multinacionales propietarias de la patente de las semillas “certificadas”, los herbicidas y pesticidas?

¿Dónde hay más biodiversidad, en una dehesa o en un invernadero de espinacas? ¿En qué ayuda al equilibrio ecológico que acallemos nuestras recién estrenadas conciencias especistas consumiendo hamburguesas de soja y Whiskas para las relucientes mascotas que pueblan nuestras urbes primermundistas, si no luchamos contra el capitalismo global que esquilma el planeta en beneficio de unos pocos?

Esto no sólo es una cuestión ética, filosófica o de moral personal, también implica una nueva forma de producción alimentaria; y eso es una cuestión práctica y de importancia vital. Deberíamos pensar racionalmente si queremos dejar la soberanía alimentaria en manos de los productores de semillas, justo ahora que las están intentando “privatizar” (4).

Notas:
1.- Tanto “moral”, del latín “mōris”, como “ética”, del griego “ethos” se podrían traducir como “costumbre”. Utilizo ambas palabras para definir el mismo concepto: el conjunto de normas que regulan la convivencia social.

2.- Por si fuera poca la competencia internacional (cuyos aranceles desaparecerán con la entrada del TTIP), ahora se acentúa la desigual competencia entre la ganadería tradicional y la industrial debido a las novedades que impone la CEE para calcular el Coeficiente de Admisibilidad de Pastos (CAP):
Las medidas “perversas” de la PAC contra la ganadería extensiva
La UE amenaza la supervivencia de los pastores y la ganadería extensiva en España

3.- El documental “Cowspiracy”, obvia que la ganadería es mucho anterior a la existencia de la producción industrial, en éste documental ni la ganadería tradicional ni el medio rural existen, y da por sentado que la única manera de alimentar un animal es como lo hacen las multinacionales.
Me resulta muy difícil digerir tanta ignorancia. Mejor que hable Alejandro Moruno Danzi:
(…) esta entrada supone un análisis y una crítica (…) a una determinada postura que se refleja en el famoso documental Cowspiracy, y no una crítica a todo el veganismo. (…) el documental, (…) basado, principalmente, en un estudio groseramente mal diseñado, “La larga sombra del ganado”, de la FAO, que ya ha sido rebatido, (…) como admite las propias Naciones Unidas. Contabiliza las emisiones del ganado, tanto directas como indirectas, de toda la industria de la carne, (…) cosa que no hace con el transporte, con el que realiza la famosa comparación “el ganado produce más emisiones de efecto invernadero que el transporte”. (…) se miden sólo las emisiones directas procedentes de la quema de combustible en el motor, y no la extracción de combustible, su transporte, la producción de vehículos, etc. (…) No están nada claras las cifras de emisión de metano debidas al ganado (…) no es algo que sea fácil de medir y estas cifras varían bastante respecto al mencionado estudio de la FAO (…) Es más, cuando se tiene en cuenta la capacidad de retención de CO2 por parte de los campos de pastoreo según el tipo de ganadería que se use (…), el impacto de la ganadería es bastante menor. Lo mismo ocurre si se atiende a los distintos tipos de alimentación para ganado y su relación con la fermentación entérica (digestión), que es lo que produce el gas metano. (…) Parece ser, que la introducción de algunos cereales, como el maíz, o algunos suplementos de ácidos grasos, disminuye la fermentación entérica de los rumiantes en comparación con una dieta a base de hierba más fermentable, (…) las emisiones de NO2 y CH4 provenientes de los desechos y purines de la ganadería intensiva, el agua que consume y los acuíferos u océanos que contaminan. Los desechos en ganadería extensiva no tienen el mismo impacto (…). Tampoco se mide la capacidad de retener CO2 que tiene la integración sostenible de ganado y cultivos, la capacidad incluso de prevenir más incendios retomando el pastoreo, la pérdida de abono animal por la gestión industrial de purines, etc. (…) El tipo de ganadería extensiva, integrada con cultivos en el ecosistema, es también beneficiosa para la bio-diversidad, el desarrollo de la cadena trófica, la movilización de semillas, mejora de acuíferos y la prevención en la degradación de tierras, contribuyendo a la captación de CO2, siempre que estas tierras no procedan de la tala de bosques, claro. (…) una dieta basada en vegetales puede tener más impacto medioambiental que comer carne orgánica de producción local si se trata de alimentos kilométricos, transportados desde la otra parte del planeta, y producidos en monocultivos intensivos industriales fuertemente ligados a agro-tóxicos contaminantes. (…) algunos con el sello “ecológico” son también kilométricos. (…) “Se calcula que la comida viaja de media unos 5 mil kilómetros, (…) también piensos para ganado que desplazan otros cultivos para consumo humano, lo cual sería otra razón a la hora de elegir el tipo de ganadería que se consume y como ha sido alimentada. (…) Es alarmante que se diga en el documental (…) que con la dieta vegana se puede se pueden obtener todos los nutrientes necesarios. (…) Todas las sociedades veganas y nutricionales serias, como la U.V.E., advierten que con este tipo dieta es imprescindible tomar suplementos de vitamina B12. (…) Las comparaciones entre el consumo de agua dulce del ganado y el del fracking, son directamente una frivolidad. (…) De igual forma, (…) desalienta o menosprecia, e incluso ridiculiza, cambiar la bici por el coche. Algo preocupante, tal y como está la calidad del aire de nuestras ciudades, (…) También darse duchas cortas, separar basura, el compostaje más sostenible o apagar la luz para ahorrar, parece ya no importar cuando dejas de comer carne. Ni una palabra de los mencionados alimentos kilométricos o una agricultura adicta al petróleo, nada de evitar el uso masivo de fertilizantes, pesticidas y herbicidas derivados de hidrocarburos que provocan las zonas muertas marinas. Nada tampoco de evitar el monocultivo intensivo y aumentar la biodiversidad y resiliencia de nuestros ecosistemas al hacerlos más complejos. Nada se menciona, por tanto, de transicionar hacia otras formas más sostenibles de agricultura (…) para lograr mayor seguridad y soberanía alimentarias de cara al futuro. Se suele afirmar (…), que el hambre y la desigualdad alimentaria en el mundo se produce por destinar parte de los cultivos para alimentar al ganado, algo que es, como poco, tendencioso. Si bien es cierto que gran parte de las tierras cultivables se destinan a producir piensos, obviar las verdaderas causas, no ayuda a solucionar ningún problema. (…) tienen sus raíces en la política, en los tratados de comercio, (…) y en el oligopolio de un puñado de multinacionales de la Industria alimentaria (…). Por tanto, incluso en un mundo completamente vegano seguiríamos teniendo unas desigualdades alimentarias muy parecidas (…). No se producen alimentos para dar de comer a la gente sino, para la rentabilidad corporativa y financiera de unos pocos. Obviar esta dimensión del problema es dar una información sesgada cuando se habla de hambre en el mundo o desigualdad alimentaria. (…).

Además, es triste no pensar en soluciones más allá del plano individual, de los hábitos personales, de la lógica corporativa y financiera de consumidores que cambian el mundo comprando distinto o comiendo distinto, sin buscar culpables ni responsabilidades políticas; no hay política, sólo mercado, y todos somos culpables por igual, cuando eso no es cierto. Es decir, la misma lógica individualista que nos ha traído aquí. (…) Se suele decir que comprar es un acto político, y en cierto modo lo es, pero su alcance suele ser bastante limitado. Y es que, en realidad, es al revés; es la política la que determina el tipo de consumo, (…) más barato cuanto más insano (…) condena sanitaria para las rentas más bajas (…) por culpa de una legislación ineficaz y la presión de los lobbies alimentarios. No obstante, es imprescindible tener unos hábitos responsables y racionales, pero para conseguir que eso sea algo generalizado y que tenga un impacto real, hay que recurrir a la acción política, empezando por la difusión, promoviendo el reparto de riqueza y un cambio de paradigma productivo y económico. Es la acción política la que tiene mayor capacidad transformadora frente a una capacidad limitada y puntual del consumo, al no haber libertad de elección real y menos si se tiene un presupuesto ajustado.

4.- Como consecuencia de la entrada en vigencia de los diferentes tratados de libre comercio entre los gobiernos de Colombia y de Estados Unidos, la resolución 970 del Instituto Colombiano Agropecuario, prohíbe a los campesinos almacenar las semillas de sus propias cosechas para siembras futuras, permitiendo únicamente la compra de semillas “certificadas”, un recurso legal que favorece a empresas multinacionales. Ésta medida atenta contra una de las prácticas más ancestrales de la agricultura (…). Lo que es más alarmante es que la ley establece sanciones económicas y de cárcel para quienes almacenen sus propias semillas.
El Mercado de las Semillas (…) Las seis grandes productoras de semillas (Syngenta, Bayer, Basf, Dow, Monsanto y DuPont) manejan el 59,8% del mercado de las semillas del mundo y el 76,1% de agroquímicos. “Es un oligopolio”, enfatiza, desde México, Silvia Ribeiro. “Hace 30 años ninguna empresa semillera controlaba más del 1% de todas las simientes comerciales que se vendían en el planeta. (…) resulta muy preocupante, porque son la llave de la cadena alimentaria”, dice Ribeiro. En el comienzo de nuestra civilización había unas 10.000 especies, pero hoy se cultivan solo entre 150 y 200. En la India, a principios del siglo XX, se catalogaban 30.000 variedades, ahora, en el 75% del país se plantan únicamente 12. ¿Y en España? En los años setenta encontrábamos 350 tipos de melones distintos, y ahora apenas hay diez. En Tierra de Campos (Palencia), una comarca de clima extremo, Jerónimo Aguado tiene plantadas ocho hectáreas de cereales. Su “agricultura”, cuenta, “es del recuerdo”. Recuperar las semillas de sus padres y abuelos. La cebada caballar o el trigo candeal. Esas son las especies con las que trabaja este agricultor. Antes había cien variedades autóctonas, ahora han dejado de plantarse bajo la polvareda de las simientes que imponen las multinacionales. “Te venden semillas homogéneas. ¡Cómo si fuera lo mismo plantar aquí o en la rivera del Guadalquivir!”, zanja Aguado.
Semillas de guerra
La SGAE de las semillas: Ya hay agricultores multados por esquejar sus propios árboles con otros árboles suyos también, pero como las semillas eran de una multinacional, pues eso, multa por no pagar los correspondientes “derechos de autor”. En el enlace de abajo, se explica cómo se está poniendo ya en práctica (…) “Le pedí a un amigo unas varillas y las injerté en unos árboles. Por probar”. Como él, cientos de agricultores, muchos en Valencia, comenzaron a probar la variedad. No sabían que la UE tramitaba el registro de esa mandarina, una especie de patente que protege la investigación y el desarrollo de variedades vegetales. La patente la había solicitado una empresa francesa, Nadorcott protection, en la que participa Les domaines agricoles, vinculada a la familia real marroquí (…) El agricultor ha pagado la multa, que cifra en unos 12.000 euros (…)
La SGAE de las semillas
(…) tres empresas controlarán casi el 60% de las semillas, casi el 70% de los pesticidas y productos químicos para el cultivo alimentos y casi todas las patentes de los transgénicos. “Estas nuevas mega-corporaciones van a expandir su poder y eliminar de la competencia a las pequeñas empresas locales”(…) todos estos movimientos empresariales llevarán a la agricultura global a una nueva era.
Tres grandes empresas están a punto de controlar la mayoría de los suministros agrícolas del mundo
Artículo de 2010: (…) Al igual que Monsanto, Bill Gates se dedica también a tratar de destruir la agricultura campesina en todo el planeta, principalmente a través de la llamada Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA). Ésta funciona como caballo de Troya para despojar a los campesinos africanos pobres de sus semillas tradicionales, sustituyéndolas por semillas de las empresas (…). Para ello, la Fundación contrató en 2006, justamente a Robert Horsch, un director de Monsanto. Ahora Gates, venteando mayores ganancias, se fue directo a la fuente.

Máquinas de guerra: Blackwater, Monsanto y Bill Gates

5.- Reflexiones de una ex vegetariana.

(…) la extendida idea en occidente de que el budismo obliga al vegetarianismo, (…) en la mayoría de templos budistas se come carne (…) El dogma vegetariano occidental de que la sociedad se hará justa y pacífica cuando la gente deje de comer carne lleva miles de años siendo demostrado falso. En la India el matrimonio forzoso y la compra-venta de novia son prácticas tradicionales a las que no se han sustraído las castas vegetarianas. (…) Sin depredadores, se rompería el equilibrio ecológico, los árboles desaparecerían devorados por herbívoros al poco de germinar la semilla.(…) No se puede llamar “explotación” a unas condiciones dignas de vida de un animal, sea cazado por un jaguar o por un indígena del Amazonas. (…) La oposición vegana al uso de lana se sustenta en el hecho mismo de hacer nacer a un animal adjudicándole como finalidad satisfacer intereses humanos, decidir cuándo nace, cuándo muere y seleccionarlo genéticamente conforme a necesidades productivas se considera igual que hacerlo con seres humanos. (…) en contra de consumir leche de vacas estabuladas considerando que apropiarnos de su leche para nuestros intereses es explotación y divulgando que quitamos su leche a un ternero (…) No es cierto. Las variedades lecheras de vaca (y otros rumiantes, como cabras, etc.) han sido seleccionadas durante miles de años para producir leche en excedente que alimentara al ternero y a la familia que cuidaba la vaca siendo la base del sustento de muchas culturas en el mundo, el objetivo es demonizar la ganadería ecológica y tradicional. (…) La falsa afirmación de la necesidad de quitarle su ración de leche a un ternero parece realizada no sólo desde la ignorancia sino desde el ánimo de acorralar a (…) la ganadería tradicional, (,,,) imprescindible para la supervivencia en muchos países no sólo por su aporte nutricional sino por la utilización de animales para el transporte y el arado (…). El ataque no es sólo moral rebajado a la bajeza de “cada vez que tomas leche matas a un ternero”, es un ataque de clase acomodada y consumista de modas a las formas tradicionales de vida que se resisten a la globalización y la negación de la importancia que tuvo la ganadería en el desarrollo de la agricultura. El ser humano pudo dedicar gran cantidad de tiempo y energía a las tareas agrícolas porque disponía de leche, carne y huevos proporcionados por el ganado (además de arar con éste), invirtiendo menos tiempo en la caza y dedicándolo a otras áreas como las ciencias. (…) No se nace sabiendo, aprendemos en función de las posibilidades que ofrece el entorno y la disposición personal. Hay niños de barrios urbanos que no saben que la leche viene de las vacas(…) la desconexión de la sociedad urbana de la naturaleza nos da una medida de las deficiencias del sistema educativo, se ha de abordar el analfabetismo ambiental igual que se aborda el tecnológico.(…) El veganismo se asienta en el analfabetismo ambiental ampliamente extendido en la sociedad urbana (…) El veganismo divulga una imagen falsa del sistema de “explotación” como si la vegetal y la animal fueran por separado, el bien y el mal.

6.- Ejemplo de la ignorancia urbanita: Los responsables del Parque Nacional de Yellowstone informaron ayer de que han tenido que sacrificar a una cría de bisonte. En concreto, al ejemplar que una semana antes unos visitantes habían introducido en la parte trasera de su vehículo «porque pensaban que la cría de bisonte tenía frío». Después del incidente, el pequeño bisonte «Mostraba una conducta peligrosa, aproximándose continuamente a los visitantes y a los coches. Parecía como si se hubiese acostumbrado al contacto con los humanos. Además, su madre lo había rechazado (“No toques las crías, los huevos ni los nidos, -decía mi abuela- que luego la madre los aborrece”) y la manada lo había abandonado». Se contabilizan unos 5.000 ejemplares silvestres de bisonte en Yellowstone. Al menos cinco turistas fueron heridos el año pasado por alguno de estos ejemplares por acercarse demasiado para tomarse «selfies» junto a estos grandes herbívoros, comentan desde el parque, cuyos responsables han tenido que establecer advertencias sobre guardar la distancia con los búfalos: 23 metros.
Sacrifican a la cría de bisonte que unos turistas de Yellowstone «secuestraron» para rescatarla del frío

7.- (…) ¿Qué me hizo cambiar de opinión y de conducta? La constatación de la realidad ambiental en el terreno y, fundamentalmente, la comparación de los campos donde se producen nuestros alimentos. Por eso, les propongo repetir el ejercicio. Visiten un campo ganadero y otro agrícola en una misma región y anoten la diversidad de formas de vida que ven en cada uno de ellos. Este ejercicio se puede hacer registrando solo la presencia de aves, anfibios, reptiles, peces, mamíferos, mariposas, hongos o plantas, o de todos estos grupos. El resultado será inequívoco: un cultivo (soja, trigo, maíz o arroz, para mencionar los más extendidos) no conviven con mucho más que sí mismos. Incluso, sucede esto con la huerta más orgánica del mundo. Las especies animales no solo no son bienvenidas sino que en los cultivos no orgánicos (la mayoría) son combatidas con biocidas o agrotóxicos (venenos), cuando no, tiros u otras formas de lucha para evitar la presencia de predadores que ocasionan daños y pérdidas económicas.

8.- Aquí una entiespecista explicando por qué el antiespecismo ni es ni quiere ser ecologismo: (…) Si desde el antiespecismo se sostiene que los animales deben ser tenidos en cuenta porque pueden sufrir y disfrutar, desde el ecologismo se defiende que las entidades moralmente valiosas son, no los individuos sintientes, sino el conjunto de las entidades biológicas, como las especies o los ecosistemas. (…) Por ejemplo, para erradicar especies invasoras en un ecosistema, los ecologistas introducen predadores autóctonos. Este tipo de intervenciones en la naturaleza colisionan de forma evidente contra los intereses de los animales no humanos involucrados. A pesar de ello, su justificación se sigue directamente del razonamiento ético de tipo holístico, característico del ecologismo: el bien de los ecosistemas deberá ser perseguido como un fin en sí mismo, que prevalece sobre el bienestar de sus miembros.
Muerte entre las flores: el conflicto entre el ecologismo y la defensa de los animales no humanos

* Alicia a través de la pantalla

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