Por la espalda, poca vergüenza

Por la espalda, poca vergüenza

Doramas-lqsDaniel de Cullá. LQSomos. Diciembre 2014

Estoy en Villa de Moya, Gran Canaria.

Después de tomarme unos bizcochitos con leche con uno que dice que fue Regidor y Alcalde, pero que no sabía ni supo lo que son ayuntamientos, y que dice ser descendiente de Doramas, “el pariente de buena fama”, plebeyo primero, después, nombrado noble por el rey de Gáldar, y también Capitán líder carismático de la resistencia canaria, famoso guerrero caudillo aborigen, quien, ante la invasión de la Corona de Castilla acometida por los mal llamados Reyes Católicos, más bien “Reyes Asesinos”, lideró grandes rebeliones, siempre a cara descubierta y de frente, con su rodela de drago, cierto árbol del cual se extrae la resina llamada “sangre de drago”, a modo de escudo, blanca, negra y colorada, en cuarteado, y portando una enorme espada de madera, demostrando una valentía, coraje y audacia, que enrabietó a los “marranos “ reyes, quienes enviaron a sus más crueles y asesinos soldados al mando de Diego de Herrera, mariscal de Castilla, Pedro de Algaba y el Deán Bermúdez, con Juan Rejón, que violaban a mujeres y niñas, los curas que iban con ellos a niños, perdiendo los canarios familiares, cultivos, casas y ganado, que de aquí le vienen a los Reyes y a la Iglesia sus riquezas, creando Juan Rejón sobre cadáveres y cuerpos asesinados y violados el “Real de las Palmas”, junto al barranco de Guiniguada.

Marchamos a la iglesia de Nuestra Señora de la Expectoración, que cuelga sobre los riscos que se precipitan sobre un barranco, que dicen de la Candelaria, cuya imagen fue tallada en el siglo XV “y no usó vestidos”, impuesta por la dominación caníbal católica. Dicen de la Expectoración, porque aquí curó un pastorcillo su tos ferina, que dicen que estaba casi muerto y con un escaño en el cielo de san Pedro por accesos violentos de tos, no necesitando ni canónigo ni fraile que le ayudase a este milagro, que en estos puntos son muy lerdos, pues los Cabildos de esto nada entienden, a no ser de Rebuznos de graves Cardenales, que en toda sacra junta o misa son celebrados; que fue la Virgen que le habló diciendo, y mirando a su novia la zagala: “Es-puta hijo mío”; curando él a su tiempo , y dejando a la novia descompuesta y sin compañero.

-Que harto frágil es el amor, me dice.

-El esputo decide, le respondo.

Sin sentir ha venido este recuerdo. Sin saber de qué modo o qué manera se me ofrece también un pensamiento. Y le digo a mí recién amigo:

-Entonces, a tocarle los cojones a Doramas nunca llegó cristiano, ¿no?

Me responde:

-No. Fue un bravo inocente. Un hombre celebrado. El criminal y felón Pedro de Vera, hidalgo de Jerez de la Frontera, vezado en las guerras sostenidas constantemente entre los Ponces y Guzmanes en la Andalucía Baja, venido como Gobernador a la Gran Canaria por orden de los Reyes Católicos, de católicos nada, más bien de cólico miserere, cruel hasta la exterminación casi de los naturales de la Isla, al mando de los asesinos castellanos de peor calaña, en la región de Arucas hizo caer herido de una lanzada traicionera dada por el lancero Juan de Flores, primero, y rematado en el costado con otra lanzada por él mismo, pues no pudo consentir ni aguantar el duelo legal y leal en suerte de muerte entre caballeros habido entre Doramas y Juan de Hoces, un hidalgo cordobés amariconado por el mismo Pedro de Vera, y que ganó Doramas. Con alegría celebrada por la falsa y embustera iglesia y el rito asesino impuesto, el propio Vera cortó la cabeza de Doramas, paseándola por Las Palmas de Gran Canaria para escarmiento y ejemplo de un pueblo de ensueño, de insignes proezas y portentos, a quien había que humillar “porque lo ordena el rey y el Pontificado romano que en Rebuznos Asnales es muy maestro”.

Sigue:

-Salgamos de este espanto de la iglesia, que siempre huele a muerto o putiferio, y vayamos a ver los lugares en los que gozó Doramas, paisajes volcánicos como él.

Desde Cabo Verde, pasado el barrio de Trujillo, entre laurisilvas y doradillas, ciertas hierbas, llegamos a las Cuevas de la Montaña, a la cabecera del Barranco del Pagador, cueva usada por hombres y ganados como la Cueva Santuario, más usada para ritos y cultos relacionados con el derramamiento de líquidos como el semen causante de ese incendio de amor que quemaba el cuerpo de su amada prima hermana del Guayre Maninidra Semidán y del Guanarteme Tenesor Semidán, y el suyo, para luego ir a bañarse al Charco de San Lorenzo o en las aguas tibias de Azuque.

Hace una pausa, y sigue:

-Siempre quedaban en el Molino de Gofio, cuando era de agua y funcionaba con una piedra sola, o en el peñón de Roque de Gando, donde ella fue desterrada por sus padres “por salir con el plebeyo y rebelde canario”, como decía su madre, recordándole Doramas a su amada cómo audazmente atravesaba todas las nocohes a nado el estrecho que separaba la isla de Roque de Gando para venir a besarla.

-Ay, amor, grité yo.

Hice un alto, y seguí diciendo en voz alta:

– Que mal que los reyes y la iglesia tengan absoluta y entera jurisdicción por el robo, el crimen y el pillaje que les anima, sobre los vasallos para castigar ellos como reyes de lo más cabrón, y ella, la iglesia, de lo más hijoputa.

-Ojala vuelva Doramas, que no hay plazo que no llegue, respondió el amigo.

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