Luis Puicercús “Putxi”* LQSomos. Noviembre 2017

Entrevista a su autor, Julio Gomariz Acuña

Hablamos con Julio Gomariz Acuña, que en los próximos días va a publicar “Relato de un miembro del FRAP”, en el Garaje Ediciones, donde cuenta las vivencias y experiencias de su militancia, detención y posterior prisión. En su trabajo, el autor, entonces militante del FRAP, aporta datos y documentos de los últimos meses de la dictadura. Un trabajo que sin duda va a formar parte de nuestra reciente historia, para mantener viva nuestra memoria de lucha y resistencia contra el franquismo.

LoQueSomos.- “Relato de un militante del FRAP”, ¿es un libro más sobre las cárceles?
Julio Gomariz Acuña.- Por supuesto que no. El testimonio de mis años de militancia tiene como objeto dejar constancia de unos terribles hechos, cuya falsificación debe evitarse. No podemos permitir que los desalmados que persiguieron con saña e impunidad a nuestro pueblo queden en el anonimato y sus víctimas sufran la más atroz de las condenas: el olvido. En realidad esta humilde obra pretende dar visibilidad a los perseguidos, torturados o asesinados por defender la libertad y la dignidad humana en nuestro país.

LQS.- Empecemos por el principio, ¿por qué te metiste en actividades antifranquistas? ¿Y por qué en la FUDE (Federación Universitaria Democrática Española)?
JGA.- Principalmente por rechazo a la brutal represión que se vivía y por las condiciones de miseria en las que vivían muchas de las personas del barrio donde me crié.
Ingresé en la Universidad sin pertenecer a ningún grupo político. Contacté con varios, pero la organización que tenía líneas de actuación más coherente con mi manera de pensar (derrocar a la dictadura mediante la lucha revolucionaria y el rechazo de la influencia de los yanquis) era la FUDE.

LQS.- ¿Cuáles fueron los mejores momentos de tu vida como activista? ¿Y los peores?
JGA.- Los mejores: La conmutación de las penas de muerte del Consejo de Guerra de Burgos de 1970, como resultado de las luchas populares. La retirada de los cuartelillos policiales de las facultades en 1972, porque también fue fruto de nuestras luchas. La entrada de los vietnamitas en Saigón, pues demostró que el Imperialismo Yanqui no era invencible.
Los peores: La mañana del 27 de septiembre de 1975, en la sexta galería por el fusilamiento de los cinco luchadores antifranquistas.
La suspensión de militancia en septiembre del 76, que supuso el mayor desengaño político por la actitud errática de la dirección del PCE (m-l). Declararon que a pesar de sus trágicas consecuencias las acciones armadas habían sido un ensayo.
La escisión en FUDE de 1972, que supuso la pérdida de efectivos muy valiosos, así como de muchos amigos que también habían sido camaradas.

LQS.- En 1975 eres detenido y pasas por las siniestras dependencias de la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol, ¿cuál fue el peor momento de los interrogatorios? ¿Qué piensas de las acusaciones que se formularon en vuestra contra?
JGA.- Sin duda fueron las primeras treinta y seis horas, cuando a causa de la brutalidad policial, tuve tentaciones de aceptar las acusaciones que me formulaban, aún a sabiendas que eran infundadas, para que dejasen de pegarme y agobiarme. Pero al final no me derroté, porque era consciente de que seguirían torturándome para que delatase a otros compañeros, que tampoco habían participado en los hechos de los que me acusaban.
Me imputaban el haber participado en la muerte de un guardia civil en los alrededores del Canódromo, en Madrid. La acusación carecía totalmente de fundamento, pues se trataba de un atentado de los GRAPO, pero a la Brigada Político Social, solo les interesaba tener a alguien a quien culpar, algún chivo expiatorio, no de encontrar a los autores. Conocía varios trágicos antecedentes de hechos similares.

LQS.- Fuiste a parar a Carabanchel, ¿cuáles fueron los peores momentos en la cárcel? ¿Y los mejores?
JGA.- Los peores: Cuando me sacaron a diligencias para el reconocimiento forense, pues pensé que me incomunicaban para ser juzgado en un Consejo de Guerra.
Los cuatro días de incomunicación adicional e injustificada que me impuso la dirección de la prisión, a pesar de que los militares ya habían levantado esa medida.
Los mejores: El 20 de noviembre, cuando vimos que la bandera se encontraba a media asta. Y también las sonoras carcajadas que provocó el ridículo discurso de Arias anunciando la muerte del dictador.

LQS.- El 27 de septiembre de 1975 fueron asesinados cinco jóvenes antifranquistas, los últimos fusilados por el franquismo, ¿piensas que su sacrificio fue útil? Luchar contra la dictadura era mirar cara a cara a la muerte… ¿Valió la pena?
JGA.- Sí, su sacrificio demostró que la continuidad del franquismo era inviable. Por supuesto que mereció la pena luchar contra la dictadura a pesar de los riesgos. Si no se hubiese luchado, hubiera continuado la opresión mucho más tiempo.

LQS.- Los compañeros asesinados en septiembre del 75, siguen siendo considerados en la actualidad como “terroristas” para la justicia y policía españolas. A estas alturas, ¿qué juicio te merece una calificación de este tipo sobre quienes lucharon y dieron su vida por la libertad y la dignidad de las personas?
JGA.- Me parece injusta esta calificación. Independientemente de consideraciones éticas, políticas o jurídicas sobre la lucha armada. En un Estado democrático, toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad mediante un juicio justo. Todos los Consejos de Guerra fueron una farsa, nada que pudiese calificarse como juicio justo. Por tanto, como fueron condenados injustamente nadie puede afirmar que fuesen terroristas. La justicia debería anular esos Consejos de Guerra y otros juicios similares.

LQS.- En 2008 la cárcel de Carabanchel, el paradigma de la represión franquista, todo un símbolo de la dictadura fue derruida… ¿qué se nos fue tras su destrucción?
JGA.- Gran parte de nuestra vida. Debería haberse mantenido como un museo o recordatorio, como se ha hecho en otros países e incluso con algunas prisiones del Estado español.

LQS.- Durante la mal llamada Transición (mejor decir Transacción) de los demócratas “de toda la vida”, la mayoría de los políticos en el Poder y que se establecieron en las instituciones, se vanaglorian de haber luchado contra el franquismo (“corríamos delante de los grises, jajaja”) y por la democracia… ¿qué piensas de esa gente?
JGA.- Ya que vamos de juegos de palabras, yo pienso que a la Transición debería quitársele la n y la s para que adquiriera su auténtico significado. Actualmente pienso que si bien es cierto que en los años 80 y 90, mucha gente necesitaba un pasado progresista o cuando menos “folklórico”, también es cierto que si todos los antiguos militantes del PSOE que afirmaban haber participado en el mayo francés, lo hubiesen hecho, el idioma mayoritario en París sería el español… sin duda. Pero los que frivolizan o relativizan las luchas y penalidades de la época, no me merecen la más mínima consideración ni respeto. Mienten, lo saben y lo hacen tan solo por su propio interés. En cualquier manifestación te jugabas la vida y la libertad. Hay muertos y miles de presos y torturados que lo acreditan.

Una imagen vale más que mil palabras: 1976. El primer gobierno de la monarquía presenta en Barcelona su programa político

LQS.- Con la Transición, aparte del “borrón y cuenta nueva”, parece que también se intenta “borrar” a muchos de aquellos compañeros que realmente sí que estuvieron activos en la lucha, desde las Universidades, los talleres, las fábricas y los barrios… “borrones” a lo que das luz en tu libro… Pero realmente, ¿dónde está toda esa generación?
JGA.- Es cierto que se ha intentado y todavía se intenta ocultar los enormes daños que la dictadura causó a muchas personas, entre otros motivos para enmascarar las responsabilidades de los represores o de los beneficiados por la dictadura.
De aquella generación, algunos de los que sufrieron torturas y condenas, quedaron afectados física y sobre todo psíquicamente, lo que les impidió llevar una vida normal. Otros, la mayoría, fueron capaces de llevar una vida normal y en muchos casos, los que abandonaron las actividades políticas alcanzaron éxitos profesionales en sus carreras como médicos, investigadores, profesores o trabajadores cualificados. Gran parte de ellos sigue moviéndose en ambientes de izquierdas. De los que siguieron en política, muchos se metieron en el PSOE… y algunos en IU.

LQS.- Manuel Blanco Chivite, un antiguo camarada, nos decía en una entrevista que “sin riesgo no hay libertad”… ¿qué queda de esa lucha?
JGA.- De acuerdo con Manolo. La situación de libertades y de cierto bienestar económico viene motivada en buena parte por las luchas que entabló el pueblo, que arriesgó y perdió a algunos de sus mejores hijos. Sin estas movilizaciones, la dictadura hubiera durado mucho más, no hay que olvidar que el primer gobierno de la monarquía, continuó en gran medida la política del franquismo. Solo las luchas en las calles, en los centros de trabajo o de enseñanza hicieron inviable el franquismo sin Franco.

LQS.- Cuando alguien ha puesto “toda la carne en el asador”, cuando se destrozó la vida a tanta gente, cuando todavía existen algunas compañeras y compañeros que siguen sufriendo las secuelas de los malos tratos y torturas y cuando tanta gente se ha quedado en el camino… ¿se puede llegar a la conclusión de que no merecía la pena sufrir tanto “por tan poco conseguido”, como dicen algunos?
JGA.- En absoluto. Si partimos de la premisa de que nada se tenía y nada había que perder, cierto es que se podía haber conseguido mucho más, pero si no se consiguió, no fue porque la lucha no mereciese la pena, sino porque se planteó de manera errónea en una buena parte.

LQS.- En resumen, ¿cuál es el balance de tu militancia?
JGA.- Tremendamente positivo. A pesar de haber sido derrotados, había que luchar, la situación era insoportable y se demostró que el Régimen franquista no podía continuar.

LQS.- Y para terminar, una pregunta recurrente, ¿volverías a hacerlo?
JGA.- Las circunstancias personales no son las mismas, como no lo son las situaciones políticas, pero en situaciones similares, condiciones y circunstancias personales, sin lugar a dudas, volvería a hacerlo. Pienso que nuestra época pasó, pero en las actuales circunstancias, con una deriva hacia el autoritarismo por parte del gobierno, se pueden dar situaciones similares. Considero que hoy en día, nuestro papel como generación es el dejar evidencias bien documentadas de lo que pasó, para que los que tomen nuestro relevo, sepan lo que puede volver si se olvida lo que en su momento sucedió… hay que recordar para nunca olvidar.

Muchas gracias, Julio. Salud y República.

Relato de un miembro del FRAP, de Julio Gomariz Acuña.
El Garaje Ediciones, colección Documentos.
ISBN: 978-84-945010-9-8. Precio: 14 euros

* Luis Puicercús “Putxi”, miembro de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos. Autor de varios libros: “Ventas-Ciudad Lineal en el recuerdo, “Propaganda ilegal. Itinerarios de Prisiones. (1972 – 1975), del que ya prepara una segunda edición ampliada, “Ictus, una experiencia que cambio mi vida, Brigadistas en Cuba“, un testimonio de la enriquecedora experiencia que supuso su estancia en Cuba durante tres años en el marco de las Brigadas de Trabajo Voluntario.
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