Marta Hofman*. LQSomos. Enero 2014

Al encontrar hoy otra vez, después de mucho tiempo, un artículo que el señor Sebastian Schoepp escribió hablando de la exposición “Josep Renau, fotomontador” en Munich, aparecido en Süddeutsche Zeitung, del 29 de junio de 2007, titulado Pop-art auf kommunistisch (“Pop-art a la comunista”), volví a enojarme por el sarcasmo con que este señor trata a Renau y su tiempo en la RDA. Brilla por un desconocimiento profundo, lo que produce, claro, errores. No quiero ocuparme ahora de su mala leche en lo que respecta al sistema desaparecido, cada quien que piense como quiera, sólo le voy a arrancar un diente en lo que respecta a mí. En un momento informa que Renau tenía un conocimiento muy superficial de Alemania Occidental, ya que vivió 18 años (uno de sus errores pequeños, fueron 24) rodeado de diversas asistentas, (¿cuales?) aislado en Berlín. Es interesante como Schoepp mezcla verdades con mentiras. Leyendo el artículo, (para el que no lo conoció) Renau aparece como un viejo verde oportunista, que 1976 encontró la manera de refugiarse en una datscha dorada. (Renau se hubiera puesto rojo como un cangrejo de rabia ). Yo le recomendaría al señor Schoepp que se informe mejor para no meter la pata tan magistralmente si vuelve a escribir otra vez sobre Renau. Como yo pertenezco a la categoría de las diversas asistentas y conocí a Renau desde fines de 1970 ó desde comienzos de 1971 hasta su muerte en1982, quiero contar aquí cómo le encontré y lo que aprendí de él. Para empezar, lo de las asistentas es un invento de Schoepp, porque confunde el Círculo de Dibujo (1) con un harén personal de Renau, (peor todavía, porque también participaban chicos).

Un buen día frío de invierno llegué a la casita en la Kastanienallee, en Berlin Mahlsdorf, porque uno de los chicos que dibujaba en casa de Renau (Reinhard Stangl) me había dicho”si quieres aprender a dibujar tienes que venir el sábado a casa de Renau”. En aquel tiempo yo era estudiante en la Escuela de Bellas Artes de Berlín Weissensee. Al salir ese día de aquella casa, sólo puedo describir mi impresión con lo siguiente: yo vine, vi y Renau venció. Estaba más que entusiasmada. Un par de semanas más tarde, Renau me visitó en mi “apartamento” en la Christburgerstr, en Berlín Prenzlauer Berg, que estaba muy cerca del”Gaswerk” donde había trabajado hasta hacía muy poco tiempo en los cartones para los murales de Halle Neustadt (2). Mis condiciones de vida le impresionaron tanto que me ofreció ir a vivir en su casa, y así me encontré al poco tiempo en el cuarto al lado de su biblioteca, cosa especialmente interesante. Me llevaba siempre libros (¡qué libros tenía!) al catre por la noche, ya que a partir de ese momento dormí durante 11 años en un catre (con interrupciones a partir de 1979, ya contaré porqué).

En sus clases de dibujo, Renau explicaba con argumentos y ejemplos cosas que otros sólo sabían explicar con la intuición. Para él todo era lógico. Como el ser humano posee racionalidad en su computer (decía mostrando la cabeza) apareció el arte como un método del conocimiento, con lo cual el arte contiene muchas cosas racionales, y estas se pueden enseñar y aprender. Así fue que los sábados sobre los chicos en el círculo de dibujo, y sobre mí todos los días de la semana, se derramaba una verdadera lluvia monzónica de cosas dignas de saber.

Aprendimos de él que en el arte plástico la clave siempre está en el espacio artístico. Esto significa que al dibujar una nariz (por ejemplo )no es la nariz en sí lo importante, sino que esta nariz esté en el lugar que le corresponde en el cuadro. Para hacernos perder el miedo a “la hoja vacía” nos dejaba dibujar con carboncillo sobre papel de embalar, “es barato, se tira y se empieza de nuevo”. Dibujábamos con un formato grande “si sabes dibujar grande, Marta, lo harás mejor al dibujar en pequeño; en grande los fallos son grandes y se ven mejor”.

Nos alimentaba con libros de arte y de teoría del arte. A mí me regaló varios, por ejemplo “Cómo se pinta un mural” de Siqueiros o “Conceptos fundamentales de la teoría del arte” de Wölfflin, éste con la dedicatoria “para que la burra de Marta se desburre”. Además decía que yo era terca como un burro y que para mí educarme no alcanzaba, había que amaestrarme. Renau lo decía en broma, pero se puede ver que la vida en su casa no era nada fácil. Me congelé los pies en el laboratorio fotográfico, que se encontraba en el sótano de la casa, donde también estaba su archivo de imágenes, en el cual respiré polvo con creces, pero yo era feliz. ¡Era una atmósfera tan estimulante y excitante! Vivir en ese mundo lleno de imágenes era para mí una Jauja llena de trabajo (si es que existe algo por el estilo, sino lo invento ahora para mí).

Aprendí cómo, al trabajar en sus fotomontajes, utilizaba la contradicción como método para “hablar claramente”, para ser comprendido . Esto estaba relacionado con lo que él llamaba la responsabilidad que el artista tiene frente a su público. Quería trabajar para aquellos que no se interesan en el arte . El artista no debe esperar que la gente venga a él, sino que tiene que despertar su interés. Decía que si uno quiere que la gente lo tome en serio a uno mismo, hay que tomarlos primero a ellos en serio. Sólo así se les puede decir algo.

Todo esto tiene que ver con el contenido y la forma en el arte . Recuerdo cuando un buen día le conté que un profesor nos había dicho que desde que existe “el cuadrado blanco sobre fondo blanco, no existe más desarrollo en la forma, sólo en el contenido”.

¡Qué cabreado se puso Renau! “Esa opinión es profundamente mística y separa el cuerpo del alma. No es ni dialéctica ni marxista . ¡Cómo puede existir un contenido sin la forma que le corresponde!”

Del contenido decía que es lo que lee el espectador en la obra de arte, por eso el artista debe tratar de que lo que lee el espectador tenga que ver directamente con lo que el artista quiere decir. Si al artista le importa un comino su público, el menosprecio será recíproco.

Renau no quiso nunca pintar para una minoría. Esto no disminuyó de ninguna manera su calidad artística, ya que para él la problemática de forma y contenido no tenía en absoluto que ver con un trivial naturalismo. Al dibujar y pintar nos enseñó a abstraer para que tuviéramos la posibilidad de expresarnos adecuadamente. La abstracción no era la finalidad en sí misma, era el método al trabajar. Por eso no despreciaba de ninguna manera a los pintores abstractos. Recuerdo que lo primero que tuve que dibujar en su casa fue una abstracción. “Tú ya sabes dibujar retratos y lo demás también, y hasta se parece, pero todo está mal, ya que nada está en su lugar”.

Cuando Renau hablaba de la personalidad del artista, decía lo siguiente: “Lo propio, la personalidad, resulta al solucionar muchos problemas artísticos y no de buscar ‘algo propio’ . La personalidad no existe de por sí ni se nace con ella” . Con estas palabras Renau me explicó la frase de Picasso “yo no busco, encuentro”.

Renau tomaba sus ideales al pie de la letra, y sobre todo sus ideas respecto al arte eran nuevas y revolucionarias, con lo cual estaba claro que chocaba con todo aquel al que las cosas nuevas le producen dolores de barriga. Como se esforzaba para convencer a la gente (muchas veces con éxito, hasta con quienes le daban encargos), era visto con poca simpatía de parte de artistas establecidos, pero tenía gran influencia sobre la gente joven.

Renau nunca comercializó sus obras,nunca quizo tener que ver con el mercado de arte. “Es absurdo”, decía, “que hoy se venden van Goghs, Picassos, etc, y no paisajes, retratos, etc”.

Poco antes de morir me dijo algo que en aquel entonces no comprendí en absoluto: durante todo el tiempo anterior quería que hiciera fotomontajes, murales y hasta se enojó conmigo porque acepté encargos para hacer ilustraciones, y de pronto me dijo que pintara cuadros de caballete, sino quedaría tan desconocida como él. Hoy sé que ya presentía que el sistema realsocialista se derrumbaría, todas sus bellas teorías se convertirían en maculatura, en pliegos desechos, y yo tendría problemas para ganarme la vida. Pero yo creo que las cosas buenas no desaparecen, vuelven a renacer como un Fénix, se está mostrando en el interés que hay hoy día en Renau.

Me queda contar de mis problemas con Renau, que a partir de más o menos 1979 fueron bastante grandes. En 1976 Renau había sido invitado a la Bienal de Venecia a mostrar sus fotomontajes, sobre todo el American Way of Life, que habían aparecido en la RDA con el título Fata Morgana USA, ya 1975 habían venido a su casa muchas personas interesadas en él (entre otros Fernando Bellón, autor de la primera biografía de Renau que trata exhaustivamente el tiempo de Renau en la RdA), además el crítico de arte Manuel García y también un señor Armero, que había pasado a decirle que iba a poder volver a España, que le darían el visado.

En Venecia a Renau al fin se le dio el reconocimiento que se merecía y pudo volver a su matria España (después de tantos años) donde tuvo un éxito fulminante. A partir del momento en que Renau había decidido volver a Valencia empezaron mis problemas. Renau decía a todo el mundo hablando de mí, “a esta me la llevo”, y eso sin haberme preguntado. Incluso, al volver de Venecia, había invitado a su hija Teresa y a mí a informarnos sobre sus planes (todo grabado expresamente en cinta magnetofónica, su testamento, decía) . Y ahí empezó el lío!

Dijo a Teresa que me iba a llevar con él y que ella podría ir a vivir a su casa en Mahlsdorf, además de describirnos todo lo que había pasado en Venecia y en España. Al final me preguntó qué es lo que yo pensaba de lo que decía. Yo le contesté que no sabía si yo era capaz de soportar la concurrencia en el mundo capitalista, lo cual era verdad; pero a lo que le tenía miedo de verdad no lo dije en ese momento, ya que así también ya se armó la de San Quintín. “Has metido la pata como de costumbre, no importa tu madre, ni los gatos ni mi tío …. !” (no cito literalmente porque tendría que oír de vuelta la cinta). En realidad el problema era que Renau (y hasta lo comprendo bien) me contemplaba un poco como su propiedad privada, y para mí él era una especie de padre al que le estaba reteagradecida , es él quien me había abierto y explicado el mundo del arte, y me había acostumbrado a él y le había tomado mucho cariño. Pero no era tan burra para no saber que en España estaría totalmente dependiente de él, en la RDA tenía trabajo (para ganarme la vida ilustré libros en cantidad), y lo antedicho era lo que me intimidaba más que otra cosa.

No quiero que nadie piense que Renau era mala persona. Él estaba tan convencido de su misión, que esperaba lo mismo de los demás, entrega incondicional; además de que siempre tenía razón, incluso las veces donde no la tenía. Me pasó algunas veces que al discutir largo y tendido sobre alguna cosa, él no se había dejado convencer. Pero unos días más tarde tenía la misma opinión que yo había sostenido; lo desagradable era que desde un principio había sido suya; me pregunto quién era el más terco de los dos.

El conflicto para mí fue enorme en los últimos años. Renau quería convertirme en una especie de prolongación de su vida, y hoy creo que eso era bastante egoísta, pero lo comprendo mejor, ahora que yo tengo la edad que él tenía cuando le conocí. Al fin de 1979 me echó de su casa “porque ya no podía conmigo”. En ese tiempo trabajábamos en el mural de Erfurt, además él pasaba largas temporadas en España. Al més, mas o menos, se disculpó y me dijo que volviera a trabajar. Hoy me da un poco de vergüenza el que yo nunca le dije con absoluta seguridad que en realidad no tenía muchas ganas de ir a Valencia con él, pero él lo sabía porque me conocía muy bien. Así fue que a veces estaba en su casa y a veces no. Verdad es que él necesitaba ayuda, no podía con todo. El llamaba su regreso a España su calvario, ya que lo que había planeado no funcionaba como él quería, y el tiempo de vida que le quedaba, no le alcanzó, por cierto. Él sabía mejor que otros que en un mundo donde el dinero decide todo, es difícil empezar de nuevo, más a su edad. Por eso le desilusionó enormemente mi terquedad, aunque en realidad mi actitud fue una autodefensa.

Cuando Renau volvió la última vez de Valencia a Berlín, pasé los últimos meses en su casa. Él, como casi cada vez que volvía, en el hospital. Yo recuerdo más que nada aquellos tiempos en que Renau era feliz, rodeado de todos los chicos y chicas, y sigo estándole agradecida de todo corazón por el trabajo que se tomó conmigo .

Y al señor Schoepp le digo que se meta su mala leche donde quiera.

* Publicado en la revista Perinquiets

– Notas:

(1) Círculo de Dibujo. Renau dedicaba muchos fines de semana de la primavera y el verano a dar clases de dibujo a un grupo de jóvenes estudiantes de artes plásticas en diferentes instituciones de la RDA. Los interesados pueden encontrar más información en el capítulo “Arcadia en Kastanienallee”, de Renau, la Abrumadora Responsabilidad del Arte Institució Alfons el Magnànim, Valencia, 2008.

(2) Para la preparación de los murales que la ciudad de Halle encargó a Renau, éste consiguió que se le cediera un espacio amplio para trabajar con comodidad en una industria de gas situada en la Dimitrovstrasse, en el barrio de Prentzlauerberg, que ya entonces albergaba la “bohemia” juvenil de Berlín Este. Más detalles en el capítulo “Siqueiros entre el Muro y el mural”, del libro antes citado.

Josep Renau en LQSomos

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