Antoni Puig Solé*. LQSomos. Junio 2017

Hay mucha palabrería sobre los efectos de los incrementos salariales en la economía. Con el afán fascistoide de buscar cabezas de turco, uno de los primeros argumentos retorcidos del neoliberalismo fue la insinuación de que, la causa de la crisis de los setenta, se debía buscar en la fuerza que habían conseguido los sindicatos.

Antes de aquella crisis, el capitalismo se enfrentó a un fenómeno que se llamó estanflación, que era la manera de decir que el crecimiento era bajo y la inflación alta. Los sindicatos respondían con reclamaciones salariales y huelgas, porque veían cómo los salarios reales se encogían y cómo la inflación se comía sus conquistas contractuales. La lucha por mejoras salariales no era, por tanto, la causa sino una consecuencia de la inflación.

El capitalismo es un sistema con una fuerte capacidad para hacer crecer la productividad del trabajo y esto reduce el valor unitario de cada mercancía. De rebote, esto debería conllevar una reducción de su precio. Pero entonces no fue así (y tampoco lo es ahora). Lo evitó, precisamente, la devaluación monetaria. Esta devaluación tenía varias causas. Una muy potente fue el colapso de Bretton Woods -que supuso que el dólar, con el que se vinculaban (y vinculan todavía) todas las monedas- se desacopló del oro. Entonces, los papelitos que representaban los dólares se devaluaron y de resultas de esta devaluación se disparó la inflación.

Los teóricos del capitalismo no quieren reconocer esta realidad y se escudan tras el truco de que los trabajadores si son fuertes y tienen sindicatos, destruyen la economía. Debemos contrarrestar esta distorsión y recuperar la explicación marxista sobre la desvalorización de la fuerza de trabajo, gracias a los incrementos de productividad y poner al descubierto cómo esta desvalorización suele ir acompañada de una devaluación de la moneda con la que los trabajadores perciben su salario. Sin entender esta particularidad, difícilmente seremos capaces de explicar las razones por las que cada vez crecen más las desigualdades sociales.

– Ilustración de “El Roto”
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