Javier Coria*. LQSomos. Junio 2017

Entre los años 1939 a 1945, medio millón de personas fueron asesinadas por el hecho de ser gitanos, aunque hay cifras no oficiales que elevan el número a más de millón y medio. Los regímenes nazis de Austria y Alemania persiguieron a los Roma y los Santi, que son los nombres de grupos gitanos de Francia y Alemania, y los confinaron en guetos y campos de concentración.

En el documental “Samudaripen”, jóvenes gitanas catalanas se enfrentan a la memoria de su pueblo, a unos hechos que la mayoría de ellas desconocían y que les ha cambiado para siempre. Rememoraron en el lugar de los hechos el Holocausto Romaní. Allí, entre las maletas vacías, los zapatos amontonados, las tumbas improvisadas… pudieron leer apellidos que les eran familiares, y nunca mejor dicho, como Cortés o Heredia, y también apellidos de gitanos alemanes, rumanos, húngaros, franceses, polacos, etc. Este encuentro internacional que reúne a chicos y chicas gitanas de todo el mundo conmemora el exterminio que tuvo lugar la noche del 2 de agosto de 1944 en el “campo familiar gitano” de Auschwitz (Polonia), donde fueron asesinados 2.897 gitanos, entre hombres, mujeres y niños. El encuentro tiene el nombre de Diki Na Bistar, o lo que es lo mismo: “Mira y no olvides”.

EL ANTIGITANISMO DE LOS NAZIS

La Shoah (literalmente “la catástrofe”), el holocausto judío, es lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en la monstruosidad del genocidio sufrido por este pueblo durante el nazismo, pero entre los millones de personas asesinadas y torturadas por los nazis y confinados en campos de concentración también había homosexuales, personas con discapacidad, presos políticos, entre ellos muchos republicanos españoles, eslavos polacos, Testigos de Jehová y los gitanos, entre otros grupos y minorías. En lengua romaní se llama Samudaripen (“asesinato en masa”) a este genocidio, aunque la expresión más acorde con la lengua gitana es Porraimos (Porrajmos, “devoración”). Ya en julio de 1933, cuando los nazis tomaron el poder, dictaron medidas antigitanas, entre ellas la esterilización de las mujeres, adolescentes y niñas. Las leyes raciales de Núremberg, en 1935, junto a los negros y judíos, consideraban a los gitanos como: “minorías racialmente diferentes con sangre alienígena (?)” y, como “inferiores”, tenían prohibido casarse con “arios”. Se llegó a crear una policía de “asuntos gitanos”. Antes de la celebración de los Juegos Olímpico de Berlín de 1936, todos los Roma y Santi de los alrededores de la ciudad fueron objeto de una redada masiva, redadas que tenían precedentes históricos en la mayoría de estados europeos, como la “Gran Redada” de los 9.000 gitanos españoles dictada por el rey Fernando VI en 1749. Es en la redada berlinesa donde por primera vez los gitanos confinados fueron marcados con el círculo marrón que los distinguía en los campos de concentración, y también donde empezaron a ser conejillos de indias en los experimentos de los sádicos médicos nazis. Los gitanos tuvieron un destino paralelo a la de los judíos en los campos de Auschwitz-Birkenau, Chelmno, Belzec, Sobibor y Treblinka, donde tenían bloques especiales para ellos.

VOCES GITANAS

Veus Gitanes (Rromane Glausùǎ) es una asociación y radio, la primera radio rom, compuesto por mujeres gitanas catalanas. Desde su fundación, el 8 de abril (día Internacional del Pueblo Gitano) de 2006, vienen realizando una labor de información y concienciación de la realidad y la historia del pueblo gitano en tierras catalanas. Dentro de esta labor, ya en 2014, participaron en el ciclo organizado por el museo de Historia de Barcelona llamado “La Barcelona deportada” y, dentro del Día Internacional de las Víctimas del Holocausto, realizaron el documental sobre el holocausto olvidado de los gitanos. “Samudaripen” contó con un buen número de mecenas individuales que lo financiaron, así como con colaboradores solidarios. Así fue que las jóvenes locutoras del programa, Amalia Cortés y Noemí Fernández, viajaron a Cracovia, al campo de Auschwitz-Birkenau, junto con Sara, Tabita, María, Paka, Rafi, Juana, Eva, y Paqui. Las acompañó Ricardo Valentí, presidente de la Asociación de Jóvenes Gitanos de Gràcia. Valentí, junto al profesor de Ciencias Políticas de Universidad de Barcelona y sociólogo Xavier Torrens, fueron los encargados de presentar el documental en estos días, dentro de los prolegómenos de las fiestas del popular barrio barcelonés de Gràcia, fiestas que este año cumplen 200 años.

LA MARGINACIÓN EN ESPAÑA Y CATALUNYA

No es objeto de este reportaje señalar la atávica marginación que sufrió el pueblo gitano, prácticamente desde su llegada a occidente en el siglo XV desde la India. En un principio, como pueblo nómada que venía con una cultura nueva y que despertaba curiosidad por sus ropajes y expresiones folclóricas, fueron recibidos con respeto si lo comparamos con las expulsiones y persecuciones del siglo posterior. Sólo en España, desde 1499, se promulgaron más de 280 pragmáticas contra este pueblo. Mientras la estigmatización y exclusión de otros grupos sociales y determinados oficios fueron desapareciendo en España, léase agotes, chuetas, vaqueiros de alzada, pasiegos, caldereros, cordeleros o mercheros, etc., los prejuicios ante los gitanos siguen existiendo hoy en día.

Durante la Corona de Aragón, las leyes antigitanas buscaron en un primer momento la expulsión de este pueblo, para luego promover una asimilación forzosa para utilizarlos en trabajos esclavos en galeras y tareas agrícolas. Como en otros territorios de la Península Ibérica, las costumbres, símbolos, oficios, nomadismo y el idioma caló, se perseguían incluso con la amputación de orejas y narices. En Catalunya, hasta el siglo XVIII, se aprobaron leyes que perseguían las señas identitarias de este pueblo. Se les ofrecía la asimilación forzosa o la expulsión. Se buscaba la consolidación de un estado unificado y con hegemonía cultural, por lo que la diferencia era potencialmente peligrosa. La represión y el fanatismo se abrieron paso dejando atrás la tradicional convivencia de diversas culturas y religiones.

Volviendo al siglo XX, durante la dictadura franquista se volvió a prohibir la lengua gitana calificándola como “argot de delincuentes”. El pueblo caló fue objeto de la “Ley de Vagos y Maleantes” y, cuando eran detenidos, en muchas ocasiones se les aplicaba la ley copiada de la Italia fascista de Mussolini, la “Ley de Bandidaje y Terrorismo”, aplicada a opositores políticos, homosexuales y “razas impuras”. Los que no daban con sus huesos en las cárceles, malvivían en chabolas de los arrabales de las ciudades. Los artículos 4 y 5 del Reglamento de 1942 de la Guardia Civil conculcaban la presunción de inocencia y marcaba a los gitanos como personas a vigilar y a los que siempre se les tenía que pedir los documentos de sus propiedades. Estos artículos fueron eliminados en junio de 1978, con el apoyo del diputado gitano, entonces en la UCD, Juan de Dios Ramírez Heredia.

Curiosamente, junto a esta marginación, y con el reduccionismo cultural que llevó al franquismo a potenciar como seña de identidad folclórica de toda España, sólo al folclore andaluz, hubo unos gitanos que no sufrieron represión, los que se dedicaban al cante, la música y al baile. Ellos protagonizaron películas “patrias” y eran habituales en las fiestas de “Exaltación Nacional” e imprescindibles en todo sarao de los gerifaltes del Régimen. Por su parte, determinadas instituciones religiosas benéficas financiaban programas de ayudas, claro que se busca enseñar a los gitanos como dejar de serlo.

La Constitución española, en su artículo 14, habla de la igualdad de los españoles ante ley y de la no discriminación por ninguna causa. El Estatut d’Autonomia de Catalunya, en su artículo 42.7, tiene una referencia expresa a la salvaguarda de la realidad histórica y la cultura gitana. El Parlament de Catalunya ha dictado varias resoluciones y declaraciones reconociendo el genocidio gitano y la cultura gitana como cultura propia y bien a preservar. Claro que una cosa es la letra y otra la realidad. Tantos siglos de marginación son difíciles de eliminar, y aunque no se hable, los prejuicios siguen existiendo, sobre todo ahora en una Europa donde las políticas xenófobas y el miedo a los emigrantes económicos o refugiados que huyen de las guerras, son el discurso populista que cala en la gente. Como lo fuera con la llegada del nazismo, la crisis económica y la precarización social y laboral, son la puerta de entrada por donde se cuela el discurso del odio.

EN LA ACTUALIDAD

Se calcula que la comunidad gitana del mundo está en doce millones de personas, novecientos mil de roma-gitanos viven en España, totalmente sedentarizados en ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, etc., con mayor presencia en las comunidades de Andalucía, Valencia y Catalunya. Hasta 1998, por ejemplo, en el Estado de Nueva Jersey (EE.UU.) se derogó una ley que dictaba una vigilancia especial sobre los gitanos. En el año 2010, el gobierno de Nicolás Sarkozy mandó desmantelar todos los campamentos ilegales de Francia, ocupados en su mayoría por gitanos rumanos. Lo mismo se hizo en Italia. En estas dos democracias y con apoyos políticos y populares plenos, se deportaron y se ficharon a miles de gitanos búlgaros y rumanos. La actual Constitución de Bosnia prohíbe a judíos y gitanos presentarse como candidatos a determinada elecciones, entre otras la elección a presidente. Es común en campos de fútbol de Bulgaria o Rumanía, que los grupos neonazis exhiban pancartas con mensajes de odio hacia los gitanos, ante la pasividad de la FIFA o la UEFA, que sí corren a multar la simple exhibición de una bandera estelada catalana en los campos de fútbol españoles. En otros países europeos, se segregan a los niños gitanos a escuelas especiales. Esto está pasando hoy en la muy democrática y culta Europa.

¿Y en España? Pues en el puesto primero de los prejuicios según estudios sociológicos del 2015 está el antigitanismo, el segundo la islamofobia, el tercero el antisemitismo, el cuarto el racismo por color de piel y procedencia…, no es de extrañar que las políticas de “limpieza” contra los gitanos rumanos propuestas por el anterior alcalde de Badalona Xavier García Albiol (PP), por poner un ejemplo, calaran en una población que culpa de todos sus males al último que acaba de llegar, al que es más pobre que tú. En una macroencuesta realizada en el Estado español, con 24.000 jóvenes entre 12 y 17 años encuestados, y ante la pregunta: ¿Quisieras tener como compañero de clase a un niño o una niña gitana? La respuesta del 67 por ciento de los preguntados dijo no. Siete de cada diez jóvenes españoles no quieren tener a un gitano en su escuela. La invisibilidad del prejuicio o marginación, no es muestra de que no exista.

TESTIMONIO DE RAYMOND

Raymond Gûreme es una gitano francés que ahora tiene 84 años, 81 cuando se rodó el documental. Tiene el triste honor de ser uno de los pocos supervivientes del Samudaripen. Estuvo en varios campos de concentración de Francia y Alemania. Su delito, ser nómada y romaní. Nació en una caravana. Sus padres tenían un pequeño circo y uno de los primeros cinematógrafos ambulantes. Pequeño, frágil, con mirada acuosa y tocado con su inseparable sombrero, el Tío Raymond, como es conocido por la comunidad gitana catalana, explica en foros y escuelas de Europa sus experiencias. El año pasado estuvo en Barcelona.

En octubre de 1940, en la Francia recién ocupada, los gendarmes fueron en busca de la familia, sus padres y ocho hermanos, y ahí empezó el periplo por los campos de concentración, de los que el ágil y acróbata Raymond se fugó varias veces para buscar comida para su familia, hasta que un día lo tuvieron esposado a una pared durante 30 días a pan y agua. Cuando era conducido en un tren hacia el campo de Auschwitz, la resistencia francesa lo liberó. Aquí algunas de las cosas que explicó a las chicas de Voces Gitanas: “El 4 de octubre de 1940 por la mañana, estábamos montando la carpa del circo, para hacer una función para niños y mujeres, ya que los hombres estaban prisioneros o en el frente, y vino la policía francesa… ¡no fueron los alemanes, eh! Llamaron a las 6 de la mañana a la puerta de la caravana y nos llevaron”. El anciano recuerda como en una de sus fugas en Alemania se perdieron en La Selva Negra, sobreviviendo durante una semana a base de hojas y arbustos (mientras dice esto se le escapa una leve sonrisa). Y continúa: “En el primer campo, en 1943 cuando había más bombardeos, nuestro trabajo era recoger a los muertos y subirlos al tejados, para que luego pasaran los camiones y se los llevaran. A veces encontrábamos un bebé muerto, y lo dejábamos al lado de una mujer, sin saber si era suyo o no”. Recuerda muy bien quienes eran los guardianes del campo: “Tenían el símbolo de la calavera, vestían de negro, eran más malos que los de la SS, eran de la SD”. La SD, Sicherheitsdienst, era el servicio secreto de las SS, hermanada con la Gestapo. Raymond, a pesar de las circunstancias, no perdía el humor, y fue por una contestación de este cariz que recibió su primer castigo físico: “El guardia me rompió la nariz con su porra, después, en el suelo, me golpeó con la culata del fusil en la cabeza (enseña las marcas del cogote), ¿lo ves aquí? Me hundió el cráneo”. Un prisionero lo cogió en sus brazos y con restos de alambrada construyó unas pinzas para sacarles los restos de huesos rotos que le habían quedado dentro, salvándole la vida, seguramente. Hasta 1983, Raymond nunca dijo a su familia y amigos que había estado en un campo de concentración. Su mujer, que también había estado prisionera, tampoco lo contó. No querían rememorar las miserias que habían vivido. Desde entonces, es un activista de la memoria gitana. En un momento Noemí Fernández y Amalia Cortés, las jóvenes locutoras de Voces Gitanas le preguntaron: “¿Usted conoció a algún gitano español en los campos de concentración? Sí, la familia Cortés, Anita Cortés. Se pueden imaginar la cara de Amalia Cortés al escuchar su apellido.

A los pocos días de regresar a Francia del encuentro en Polonia, el anciano gitano fue apaleado por la policía francesa. Nunca ha recibido una pensión de guerra, él sólo quiere “contar a los jóvenes lo que sucedió para que tomen el relevo y que respeten nuestra libertad”.

TESTIMONIO DE RITA

Rita Prigmore es una gitana alemana que ahora tiene 74 años. Cuando pasó todo era un bebé, ello no impidió que fuera víctima del horror. Como tenía una hermana gemela fueron objetos de los experimentos del médico nazi Werner Heyde, colaborador de Josef Mengele. Por ejemplo, le inyectaron unos líquidos en los ojos para cambiarles el color marrón por el azul. Sus padres eran unos reconocidos artistas, una bella bailarina la madre, Theresia Seible, y violinista el padre, Gabriel Reihhardt: “Mi familia más cercana y yo nunca fuimos a un campo de concentración. Mi madre había firmado para que la esterilizaran pero, cuando se casó -con tan sólo veinte años- y en una revisión médica, descubrieron que estaba embarazada y por lo tanto había ido contra las normas. Vieron que eran gemelos. Le dijeron que ella y su familia podían librarse de ir a un campo de concentración y la muerte si entregaban a los bebés. Mi madre nos tuvo que dejar en la Clínica Universitaria de Wüzburg –Baviera-, donde el doctor Heyde ejercía de psiquiatra y neurólogo. Un día mi madre y mi abuelo vinieron a vernos, y tras el cristal, sólo vieron un bebé… entraron en pánico. Los llevaron a una habitación, y allí con un vendaje en la cabeza y un vestido, yacía el cadáver de mi hermana Rolanda, no había sobrevivido a los experimentos. Mi madre no pudo verme hasta pasado un año, en 1944, cuando recibió una carta de la Cruz Roja diciéndole que podía venir a recogerme. Desde entonces estuve con mi familia, algunos volvieron de Auschwitz con números en los brazos, otros habían muerto allí. Desde muy niña siempre he tenido problemas para andar y tenía migrañas muy fuertes que me impidieron ir al colegio. Me desmayaba, fui al colegio bastante años después”. Como las otras víctimas del holocausto gitano, nunca tuvieron reconocimiento y no contaban en los memoriales. No fue hasta 1988 que se supo el caso de Rita. Ella misma no conoció su caso hasta los 42 o 43 años de edad. En 1949 su madre conoció a un americano y la adoptó. Rita tenía cicatrices en la cabeza, que no demostraban nada. Cuando se casó se fue a vivir nuevamente a Estados Unidos, y allí tuvo un accidente de coche tras uno de sus desmayos. Los médicos le preguntaron por los problemas de salud que tenía, y en un escáner, vieron las cicatrices internas de la cabeza. Ni su padre adoptivo ni su marido sabían nada de esto. Ella llamó a su madre en Alemania que nunca lo había contado. La madre viajó a América y entre sollozos, Rita supo la verdad, la verdad que ahora ella explica por colegios e instituciones de todo el mundo.

Hay una canción polaca que dice:

Anduve, anduve
Por largos caminos
Encontré afortunados romá
Ay, romá, ¿de dónde venís con las tiendas y los niños hambrientos?
¡Ay, romá, ay muchachos!
También yo tenía una gran familia
Fue asesinada por la Legión Negra
Hombres y mujeres fueron descuartizados
Entre ellos también niños pequeños
¡Ay romá, ay muchachos!

La Legión Negra (Crna Legija) del Estado Independiente de Croacia fue un grupo paramilitar que colaboró con los nazis distinguiéndose por sus crímenes contra la población civil.

Anna Mirga, una gitana polaca, antropóloga social y cultural por la Universidad de Barcelona, ha trabajado en proyectos europeos en representación de la Federación de Asociaciones Gitanas de Catalunya y en el “Open Society Roma”, nos cuenta: “Los gitanos somos capaces de sobrevivir todo, hambre, violencia, inseguridad, muchas cosas, siempre y cuando estemos juntos. Los nazis se dieron cuenta que cuando se separaba a las mujeres y los hombres gitanos, ya no tenían ganas de vivir. Por eso les interesaba, para utilizarlos en los trabajos forzados, mantener a los gitanos en “campos familiares”, donde el estar juntos les permitía sobrellevar esas condiciones tan duras”. También hay espacio para la esperanza en el futuro: “Hay que tener cuidado, porque la crisis económica, de valores, de democracia en Europa nos puede volver a repetir los errores del pasado; aunque hay una cosa positiva, pese a todo, nuestra generación se relaciona mucho más, el nivel de conciencia está mucho más avanzada. Además tenemos una fuerza interna y un orgullo de lo que somos que nos empuja a actuar, a salir a la calle, hablar con la gente e intentar cambiar la situación”.

Hay una característica en todos los gitanos supervivientes del genocidio nazi, es que no lo contaban; el silencio era su máxima, salvo los que se vieron en la necesidad de ser el testimonio vivo del horror. Quizás, como dice un amigo, la civilización sea la continuación de la barbarie por medios más bárbaros.

Lo dicho, Na bistar, “Mira y no olvides”.

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