Mikel Itulain*. LQSomos. Noviembre 2017

El lingüista Juan Carlos Moreno Cabrera nos hace ver que ninguna comunidad lingüística abandona su lengua si no es forzada de un modo u otro a hacerlo (1). En la Península ibérica lo vimos con el idioma de los vascos, con el de los catalanes y con los de tantas otras culturas que perdieron definitivamente su identidad y finalmente su existencia.

En este mundo actual dominado por el discurso de los grandes magnates de las corporaciones industriales y financieras, conocido como globalización, se impone una uniformidad de pensamiento y ser que es muy útil para controlar a la gente y sacar provecho económico de tal hecho, pero que es tremendamente perjudicial para el conjunto de la humanidad. Incluso numerosas personas y organizaciones de la autodenominada izquierda lo sigue con fervor y ven con malos ojos que se hable de identidades culturales o étnicas. Pese a que tal circunstancia sea algo natural del Homo Sapiens, pero es que esta gente también está muy limitada no solo en historia, sino en biología y antropología.

Para erradicar un idioma, como comentaba, es preciso que el impuesto conviva un tiempo con el autóctono, porque los conquistados o sometidos conocen habitualmente solo el propio o propios de su lugar de existencia. El problema con la nueva lengua obligada es que normalmente no viene a sumar, sino a sustituir a la existente, es decir, trata de imponer una cultura y no de compartirla, trata de eliminar y no de enriquecer, pese a que en su discurso dirán que les hicieron progresar, al enseñarles, por narices, una más rica, culta y útil que la suya; cuando la realidad es que la que ya estaba era tan rica, culta y útil como la recibida.

El nuevo idioma irá usurpando el lugar del otro, desplazándolo. Esto se hace de diversas formas, pero fundamentalmente mediante la alfabetización generalizada y leyes que obliguen y privilegien al primero frente al segundo. Siendo este segundo discriminado, dejado a su suerte, también prohibido, lo que finalmente hace que caiga en el olvido, perdiendo riqueza e identidad cultural. Como el idioma invasor es traído por un poderoso Estado, el adquirirlo se convierte en sinónimo de prestigio y de poder, hasta tal punto que muchos de ese pueblo o país dominado terminan por renunciar o repudiar a su lengua, adoptando la extranjera. Este es un mecanismo de la naturaleza humana que consiste en adaptarse a la corriente dominante, aunque esto suponga la renuncia a su verdadera personalidad. Podemos ver este comportamiento no solo en aspectos lingüísticos, sino por ejemplo con las personas de otras “razas”, como la negra o nativos americanos avergonzándose de su origen; es triste pero vemos que ocurre. Los vascos lo hemos podido comprobar bien a las claras, mujeres de caseríos de zonas euskaldunes ocultaban no solo su lengua materna, el euskera, también su acento, que tenía que parecerse a uno más castellano. Traigo a la memoria un caso más grave que sucedió en Navarra, en el hoy bello y orgullosamente hablante de la lengua vasca Ituren. Fue en 1900, en una notificación de su Ayuntamiento del 20 de marzo a su maestro Martínez:

Siendo la lengua castellana el idioma oficial de la nación y el usual en todas las regiones españolas, y además el único y necesario en el comercio, en el Ejército y en los establecimientos de enseñanza donde por necesidad han de desenvolverse los hijos de este pueblo, rogamos a usted que, a imitación de sus antecesores, prescinda por completo del vascuence, que usted parece permitir, no consintiendo que los alumnos, ni usted en sus explicaciones, usen en la escuela otro idioma que el castellano, que usted muy bien posee, y que es el único que nos conviene y está mandado por las leyes vigentes (2).

Que un Ayuntamiento, supuestamente renuncie al idioma de su lugar, despreciándolo e indicando que el foráneo es el único que nos conviene, denota el grado de complejo e inferioridad que aparece en las minorías étnicas o raciales que tratan de ser aceptadas adaptándose al gusto de la mayoría. Se entiende que la eliminación del euskera de la enseñanza, su prohibición para temas legales y la vergüenza en usarlo condujesen a su abandono y desaparición en tantas y tantas zonas del País Vasco, como sucedió en Navarra. Especialmente dañina para la diversidad cultural de España fue la unificación lingüística de los Borbones del siglo XVIII, que creían que la importancia de hacer uniforme la lengua… [era]… señal de la dominación o superioridad de los Príncipes o naciones (3).

En los Países Catalanes vemos esta política discriminatoria, así, la tarea de los primeros reformadores es global y básica: la de des oficializar y prohibir los usos administrativos del catalán, e inmediatamente oficializar e imponer el empleo del castellano en los territorios de lengua catalana (3).

Son conscientes del rechazo que encontrarán si no lo hacen con cierto tacto, que se consiga el efecto sin que se note el cuidado, porque se enfrentan a una inmensa mayoría que conoce y utiliza el catalán en todos los ámbitos de su vida, desconociendo el castellano salvo los menos. He aquí la tan astuta como siniestra estrategia etnocida.

…como a cada nación parece que señaló la naturaleza su idioma particular, tiene en esto mucho que vencer el arte y se necesita de algún tiempo para lograrlo, y más cuando el genio de la Nación como el de los Catalanes es tenaz, altivo y amante de las cosas de su País, y por esto parece conveniente dar sobre esto instrucciones y providencias muy templadas y disimuladas, de manera que se consiga el efecto sin que se note el cuidado (3).

Y como experiencia tenían en otros lugares conquistados, ésta se aplica.

Porque en Navarra se abla Basquence en la maior parte. Y van a governar Ministros Castellanos. En Nápoles havía Ministros y Governadores españoles, y se abla un Italiano corrompido, y así de otras (3).

Es un escrito del fiscal Rodrigo Villalpando, del año 1716. Como ven estas políticas son antiguas y como ven también, el castellano de entonces no era tal que el actual.

El mismo Villalpando marcaría una estrategia no olvidada del nacionalismo español, imponer su lengua y no aprender la del país.

...que como antes todo lo Judicial se actuaba en Lengua Cathalana, se escriba en adelante en idioma Castellano o Latín, como ya así la Real Junta [nuevo supremo órgano de gobierno en Cataluña] lo practica; pues se logrará la inteligencia de cualesquiera Jueces Españoles, sin haver de estudiar en lo inusitado de la Lengua de este Pays (3).

Con la llegada de Carlos III se prosigue con estas discriminaciones, acentuándolas. Con Decretos para el empleo del castellano en la selección del personal docente (1771, 1780) o el prohibir editar libros en catalán (1773). Con la Real Cédula de 1768, Castilla atacaría a Cataluña en dos de sus puntales de identidad e independencia, ya no pueden disponer de moneda propia y se ratifica la prohibición del catalán en la Audiencia de Cataluña, extendiéndola a los tribunales superiores, inferiores y privilegiados. Pero el golpe letal lo da no permitiendo la lengua catalana en la escuela. Dicha Cédula proponía que la Iglesia de igual modo la siguiese.

Sin duda todo esto comentado y muchas otras cosas más que iremos hablando, marcarían y explicarían una historia que llega hasta nuestros días.

Lo que hoy sucede en España, en la que Cataluña a través de su Parlamento ha decidido salir de ella formando una República independiente, no es responsabilidad principal de los catalanes, sino de un intransigente e intolerante nacionalismo español que no sabe comprender ni ver qué es lo que forma y compone su país.

Referencias-Notas:
1.- Juan Carlos Moreno Cabrera. El nacionalismo lingüístico. Península, 2014, pp. 104-143.
2.- Joan Mari Torrealdai. El libro negro del euskera. Ttarttalo, 2009, p. 42.
3.- Cita en el prólogo a la obra de José María Jimeno Jurío. Navarra, Gipuzkoa y el Euskera. Pamiela, 1998.

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