Carlos Olalla*. LQSomos. Abril 2017

No sé lo que conoces de esta profesión, imagino que no mucho y que la imagen que tienes es la que suele tener mucha gente que nos ve desde fuera: alfombras rojas, fama, estrenos, photocalls, trabajo fácil y dinero a raudales. Si de verdad esperas encontrar todo eso en esta profesión te recomendaría que lo vayas olvidando. No es que todo eso no exista, existir existe, pero está reservado a menos del uno por mil de los que hemos elegido dedicarnos a esta profesión. El último estudio socio laboral de AISGE lo dejaba bien clarito: solo el 8% de los actores y actrices pueden vivir solo con esto y el 57% no trabajó un solo día ni en teatro ni en cine ni en tv en el último año. Vayamos por partes: lo de las alfombras rojas, estrenos y photocalls es algo a lo que, probablemente llegarás. Pero no te engañes, es pura fachada. Acudimos a los photocalls y a los estrenos para promocionar la película o la serie que hemos hecho y para que nos vean, para que quienes nos pueden dar trabajo recuerden que existimos y que seguimos dedicándonos a esto. Forma parte de nuestro trabajo. Además, los photocalls no son iguales para todos: si eres uno de los elegidos o elegidas, de los pocos elegidos recuérdalo, los fotógrafos se desvivirán por hacerte cuantas más fotos mejor y todos los medios levantarán su mano pidiendo entrevistarte. No sabes cómo frustra ver que si no perteneces a ese selecto grupo, cuando pasas son cuatro las cámaras que te fotografían, y más bien por compromiso, y ninguna la mano que se levanta pidiendo entrevistarte. No les interesas, no vendes, no existes. Esa es la realidad, tu dura realidad. Pero habrás pasado por el photocall, eso no te lo quita nadie.

Lo de la fama es tremendamente relativo. Pocos son los llamados a ella, casi siempre los mismos y las mismas, pero te aseguro que alcanzarla no es tan maravilloso y agradable como lo ves desde fuera. Si conocieras la persecución de que son objeto los Miguelángelessilvestre o los mariocasas de turno, no les envidiarías: 24 horas sin intimidad, 7 días a la semana sin poder estar solo, 12 meses al año evitando salir para no ser molestado… El acoso de los medios es terrorífico, no les dejan en paz ni a sol ni a sombra, siempre hurgando en la noticia, en todo aquello que pueda entretener a sus lectores o, a veces, que pueda derribar a esos ídolos de barro que los propios medios han creado. Ah, y otra cosa, ve haciéndote a la idea de que tu vida privada habrá acabado para siempre aunque consigas, cosa harto difícil, evitar a los medios. No habrá día o noche que puedas salir tranquilamente a comer o a tomar una copa sin que te asedie un sinfín de personas desconocidas que quieren fotografiarse contigo o pedirte un autógrafo. La mayoría lo hacen con cariño, y eso es de agradecer, pero esas personas no tienen la culpa de no saber cuándo se acercan a ti que en ese preciso momento estás hablando de algo serio o muy importante, que estás rompiendo con tu pareja o, simplemente, que tienes un día para olvidar y que necesitas que nadie te moleste. Ellos siempre estarán allí, formando vida inseparable del grupo de los y las elegidas. Y tú siempre deberás estar disponible para ellos, poniendo la mejor de tus sonrisas aunque la procesión vaya por dentro. Forma parte de la fama, de tu trabajo, y deberás estar siempre preparado para ello a no ser que quieras granjearte fama de borde o de creído, algo que, tarde o temprano, se volverá en tu contra.

Vayamos ya a lo del dinero a raudales: mentira, mentira y mentira. Puede que suene la flauta (ojo, siempre que pertenezcas a ese reducidísimo grupo de los y las elegidas) y te paguen un pastón por hacer una peli o por trabajar en una serie, pero si perteneces al 999 por mil de la profesión la realidad con la que te encontrarás es que siempre andarás justo de dinero, cuando no pasando hambre de verdad, y más aún si eres actriz, porque incluso en la mejor de las rachas cobrarás menos que los actores. Dinero y fama suelen ir unidos, e igual que vienen se van. Todos, absolutamente todos los actores y actrices que conoces, tanto de aquí como de fuera, han pasado por rachas. No sabes por qué pero llega un día en que dejan de llamarte, ya no te piden entrevistas, tu presencia ya no despierta aquella expectación, y sin darte cuenta has pasado a formar parte del grupo del 999 por mil. Y te encontrarás con una de las realidades más duras de esta profesión: si antes no te llamaban para hacer un casting porque todos los papeles eran para ti, ahora no te llaman porque ya nadie piensa en ti para un solo papel. Si eres actor y tienes suerte quizá eso no te pase, pero si eres actriz no olvides que esta es la profesión más sexista que existe y que llevas todos los números para que dejen de llamarte cuando cumplas los cuarenta y pocos. Nada importa que seas entonces mejor actriz de lo que fuiste: no cumplirás con los cánones de belleza que el machismo impone a las actrices y dejarán de llamarte. Ya no habrá papeles para ti, y si los hay, serán siempre los de esposa de, madre de, amante de… pero nunca tú misma. Se acabaron los papeles protagónicos, si alguna vez los tuviste. Tienes que tener una gran confianza en ti, unas espaldas muy anchas y amar mucho esto para evitar que las situaciones de parón de trabajo, los terribles momentos de esperar llamadas que nunca llegan, no te hundan.

Y por último, lo del trabajo fácil. Créeme, eso no existe para nadie. Los textos los tendrás que estudiar sí o sí y los madrugones (por si no lo sabías, esta es una de las profesiones en las que más se madruga) no te los quitará nadie. En esta profesión se duerme poco: cuando tienes trabajo porque siempre madrugas, y cuando no lo tienes porque tus preocupaciones y miedos no te dejan dormir. Además, deberás encontrar tiempo para seguir formándote, si de verdad quieres mejorar como intérprete, durante toda tu vida profesional. Mención aparte merece otro tema con el que tendrás que lidiar: hagas lo que hagas estarás siempre expuesto a que te critiquen por cómo has hecho este o aquel papel, o porque siempre habrá quien dirá que otro lo habría hecho mejor. No es fácil soportar esas críticas, muchas veces tan subjetivas como injustas, pero si de verdad quieres dedicarte a esto y eres de los pocos que llegan a pertenecer al uno por mil de los elegidos, ya puedes ir acostumbrándote. Si no llegas y te quedas junto al 999 por mil restante esto no debe preocuparte: nunca saldrás en una sola crítica. Simplemente, no existirás. Vete preparando para ello.

Bien, dicho ya todo esto sobre lo que pudieras tener en la cabeza de esta profesión, podemos empezar ahora a hablar de lo bueno que tiene y de lo realmente maravillosa que es. En primer lugar, debes saber que para dedicarte a esto tendrás que aprender una serie de cosas que te serán tremendamente útiles en todas las facetas de tu vida personal: desde respirar bien, tener buena dicción, expresar tus emociones, controlar tus reacciones, aprender a ponerte en la piel de otro, practicar la escucha activa, la imaginación, el conocimiento de otras realidades, identificar y entender el lenguaje no verbal tuyo y de los demás, expresarte bien en público, perder el miedo escénico, vivir rodeado de incertidumbres, saber apartar a un lado las emociones y los bajos estados de ánimo, adaptarte a personas, grupos o situaciones diferentes… Todas estas habilidades son imprescindibles si quieres llegar a dedicarte a esto, y todas, absolutamente todas, te serán de gran utilidad si, una vez aprendidas, decides dedicarte a cualquier otra cosa o simplemente sobrellevar tu vida personal de la mejor manera posible. Esta es la única profesión que de verdad te prepara para vivir. Y eso no tiene precio.

Si amas tanto esta profesión como para dedicarte a ella (si no la amas mejor piensa desde ya en otra cosa) es porque llevas algo dentro que poca gente tiene: verdadera confianza en ti y en tus posibilidades. Un ejemplo quizás aclare mejor lo que esto significa: el denominador común de las personas que trabajan en lo que podríamos llamar la empresa “tradicional” es su dependencia de la seguridad. Están dispuestas a renunciar a todo a cambio de sentirse seguras. Para ellas lo fundamental es tener una nómina, un contrato fijo, trabajar para una empresa grande, sólida y segura… Eso es un gran error porque es poner tu seguridad, o lo que entiendes por seguridad, en manos de otro, de quien toma decisiones. Hoy, cuando la precariedad se ha generalizado en todas las profesiones, estamos viendo que, por grande, sólida y segura que sea la empresa para la que trabajas, si hay trabajo puede que tú tengas trabajo, pero si no lo hay no dudes de que tú lo perderás. En cambio, quienes, a nivel técnico o artístico, hemos elegido esta profesión, sabemos que cuando se acabe esta película, este montaje teatral, esta serie o, simplemente, nuestro personaje en esta serie, nos quedaremos sin trabajo y tendremos que volver a empezar de nuevo. El paro es el compañero más fiel del actor. Siempre está ahí, esperándote y no siempre dispuesto a recibirte con sus brazos abiertos y cargado de prestaciones o subsidios. Pero tú sigues ahí, confiando en que encontrarás otra película, otra serie u otra obra de teatro que te permitirá seguir viviendo. Muchas veces, las más, tendrás que compaginar tu profesión de actor con otros trabajos para poder pagar un alquiler o incluso para poder comer. Lo sabes, pero tú sigues ahí, luchando por no verte forzado a abandonar la profesión que has elegido. Y lo haces porque crees en ti, porque confías en ti. Esta visión del concepto de la seguridad se aproxima mucho más a la seguridad real, porque pone el peso de la decisión en ti mismo y no en la persona que, en la empresa “tradicional”, firma tu nómina o tu contrato.

No sé la edad que tienes, pero tengas la que tengas, estás a tiempo de empezar a dedicarte a esto. Yo lo hice cumplidos los 45 y era algo que nunca se me había pasado por la cabeza. Tan solo era un sueño. Lo que sí es cierto es que empezar desde joven tiene muchas ventajas, y una por encima de todas: la de poder mejorar. No hay actor o actriz que no haya mejorado con la experiencia, y eso es algo que solo te lo puede dar el tiempo que le hayas dedicado a esto. Es lo que más envidio a los que han empezado antes que yo. También hay otra cosa que les envidio: tendrán más tiempo para tener la oportunidad de que les pueda tocar la fortuna de poder abordar papeles protagonistas. No envidio la fama, el nombre o la posición que puedan darte ese tipo de papeles. Envidio otra cosa mucho más importante: son los únicos que pueden permitirte dar recorrido a tus personajes. Desde papeles de reparto o episódicos es algo que no puedes hacer porque son pocas las escenas o las secuencias que tendrás para poder dar vida a tus personajes. Un papel protagonista te permite, sin embargo, hacer pasar a tu personaje por todo tipo de situaciones y emociones, descubrir todo lo que le puedes dar, preparar concienzudamente su “arco” y llevarlo adelante. Pero, en cualquier caso, si no te llega nunca uno de esos papeles, si no tienes oportunidad de dar todo lo que llevas dentro en multitud de situaciones diferentes a un personaje que hayas creado y tu carrera se ha centrado en muchos personajes secundarios, tampoco podrás quejarte: habrás tenido la oportunidad de crear muchos más personajes que quienes solo han encarnado papeles protagonistas. En esta profesión, como en la vida, todo tiene su parte positiva, y deberás aprender a encontrarla.

Otra de las ventajas para quienes nos dedicamos a esto en estos tiempos de incertidumbre y precariedad laboral, es que estamos acostumbrados a enfrentarnos a estos problemas. Ponte en la piel de alguien que ha trabajado toda su vida en una misma empresa y que, de la noche a la mañana, se encuentra en la calle y sin trabajo. Sus posibilidades de encontrar otro trabajo o de reciclarse son mucho más limitadas que las tuyas. Y también las de que esa situación no le hunda anímicamente. Esta profesión es una escuela de todas esas cosas que no te enseñan en las escuelas: creer en ti mismo; adaptarte a los cambios y a situaciones nuevas y desconocidas; a fijarte en las cosas pequeñas, en los pequeños detalles que a otros se les escapan; reciclarte a diario; reinventarte a ti mismo con cada proyecto que emprendes; aprender a encajar los golpes; prepararte para no hundirte cuando vienen mal dadas, atreverte a fracasar… Sí, todo esto es algo que te da esta profesión, y que, lo quieras o no, te lo dará cada día.

Otro aspecto que no debes pasar por alto es el del desarrollo de las nuevas tecnologías. El impacto tecnológico es una amenaza cada vez más grave para una gran parte de las profesiones. Que nos sustituyan por máquinas o por robots es algo que, cada vez, está más cerca. Sin embargo eso es algo que a ti no debe preocuparte mucho porque, por ahora, el trabajo de actores y actrices no puede ser fácilmente sustituido. Una máquina, un ser virtual, puede sustituirnos en una película, pero el horizonte tecnológico actual no permite vislumbrar que lo pueda hacer fácilmente. Nosotros trabajamos con sentimientos. La inteligencia artificial todavía está muy lejos de poder llegar a dominar eso. Somos insustituibles en un escenario donde cada día, en cada función, pasan cosas nuevas, nos enfrentamos a algo nuevo porque nuestro trabajo es algo vivo, está vivo. No hay dos funciones iguales. Como tampoco hay dos actores o actrices iguales. Lo que tú puedas dar a tus personajes ningún otro actor, máquina o ser virtual, podrá dárselo. Somos únicos. Esa es nuestra grandeza y nuestra mejor garantía para evitar que puedan prescindir de nosotras y nosotros.

Además de ser menos amenazante para nosotros que para otros, el impacto tecnológico está aportando una serie de ventajas a nuestra profesión que no puede aportar a otras: hacer hoy una película, con el avance de la digitalización, ha abaratado enormemente los costes de producción. ¡Hoy se hacen películas hasta con teléfonos móviles! Y del mismo modo, distribuir hoy películas es mucho más fácil que antes gracias al poder de internet. Ya no dependes de que esta o aquella sala programe tu película. Eres dueño de distribuirla a través de un sinfín de alternativas que te ofrecen las nuevas tecnologías. Compara esta situación con, por ejemplo, lo que pasa en un sector como el de la construcción donde, para comprobar si una pared está o no nivelada, siguen utilizando la plomada (una piedra atada a una cuerda), ¡algo que ya utilizaban en la época de los romanos!

Pero no todo son ventajas para nosotras y nosotros en la era de Internet. Los castings han cambiado, ya no solo se fijan en si eres quien mejor puede dar este o aquel papel. Hoy analizan cuidadosamente el número de seguidores que tienes en las redes sociales para decidir si te contratan o no. Cuantos más seguidores tengas, más espectadores potenciales tendrá la peli o la serie a la que aspiras. El hecho de que seamos personas conocidas nos permite tener muchos seguidores con mayor facilidad que la que tienen quienes se dedican a otras profesiones. Hasta ahí todo parecen ventajas, pero no debes olvidar que las marcas que se anuncian, las que de una u otra manera financian esta industria, nos han convertido en canales de distribución de sus productos. Hoy no es difícil que le ofrezcan a este actor o a aquella actriz una atractiva retribución económica por algo tan simple y absurdo como poner un tweet por la mañana diciendo “qué bien me ha sentado la Coca Cola, el yogur o el café que me he tomado” Podrías pensar que eso es un chollo, pero si lo analizas con más atención te darás cuenta de que si quieres llegar a eso tienes que pagar un precio: convertirte en una marca “blanca” e impoluta, no hacer un solo comentario en redes que pueda no gustar a una parte del público, abstenerte de dar tu opinión sincera sobre lo que está pasando a tu alrededor. Decir lo que piensas, hablar de política, o tomar partido frente a cualquiera de las injusticias que a diario ves a tu alrededor no son cosas que las marcas valoren bien, sino que huyen de ello como de la peste. No hace falta que pienses en Willy Toledo para entender de lo que hablo, basta con que pienses en los actores y actrices que se han significado políticamente y han defendido públicamente todo aquello en lo que creen. No suelen anunciar nada, entre otras cosas, porque las marcas huyen de ellos, y muchos son rechazados por productores porque se han significado mucho políticamente y son “veneno para la taquilla”

Las consecuencias de expresar públicamente tus creencias políticas o tu ideología en un país como el nuestro también alcanzan a las ofertas de trabajo que recibes. La mayoría de los productores invierten en el cine o en la televisión con el objetivo de rentabilizar sus inversiones, de ganar dinero. Si tus opiniones no han gustado a una parte de la población (no olvides que la polarización política es una realidad en este país) ellos lo verán como una amenaza para la taquilla o para los niveles de audiencia y contratarán a otro actor. ¿Injusto? Desde luego, pero real. He hecho la salvedad de señalar que esto es algo que pasa en nuestro país porque en otros, Estados Unidos por ejemplo, eso no pasa. Ahí tienes a Sean Penn, a Susan Sarandon o a George Cloney, artistas que siempre han tomado partido expresando públicamente sus opiniones políticas y su compromiso, y que siguen recibiendo ofertas de trabajo. Quizá a ti no te suene porque cuando se lanzó el slogan aún no habías nacido, pero hace años hubo una campaña para atraer el turismo a España que decía: “Spain is different” Por desgracia, es una gran verdad.

¿Adónde te lleva esta reflexión? A que, si eres una persona sensible con lo que pasa a tu alrededor, si no puedes vivir rodeado de injusticias, si crees que, como ciudadano, debes dar un paso al frente en determinadas situaciones, tendrás que pensar cuidadosamente lo que vas a hacer. Darle al me gusta o retuitear un tweet pueden hacer que pierdas un casting. Y ahí tendrás que enfrentarte al gran dilema: ¿Qué hago? ¿Soy consecuente con lo que pienso y defiendo esta o aquella causa, o me niego a mí mismo no ya como actor sino como persona y me callo? En la época de Franco todos debíamos enfrentarnos a la censura que imponía el Régimen. Unos lo hacían de una manera, otros de otra, muchos pagaron con el exilio su elección de no callarse ante la injusticia. Hoy aquella censura ha dejado paso a otra mucho peor: la autocensura, que seas tú mismo quien te anule como persona que vive en una sociedad y quiere mejorarla desde los instrumentos que tiene a su alcance. Quizá pienses que no hay que mezclar la política con el arte, el deporte o la actividad profesional que hayas elegido. Es una opción en la que personalmente no creo. Hoy todo es política. Comprarte unas bragas o unos calzoncillos es hacer política: si los compras en el Corte Inglés estás favoreciendo un tipo de economía basado en las grandes superficies, si lo haces en el comercio de la esquina el que se basa en las tiendas de barrio, si los compras fabricados en India o China puede que estés favoreciendo la explotación de mujeres y niños, si los compras de tal o cual marca favoreces que los pequeños fabricantes locales desaparezcan… Todo es política, aunque tú no lo veas. Y si tú no lo entiendes, si dejas que “otros”, los políticos, tomen las decisiones “políticas”, lo único que estarás haciendo es dejar que otros decidan políticamente por ti, pero no que no haya política. Nunca me canso de repetir a quienes dicen que “pasan” de política” y que son unos pasotas, que, por lo menos, no lo lleven por bandera porque la palabra “pasota” no es más que la contracción de las palabras “pasivo” e “idiota”.

El tema político es algo que nos compete a todos, como ciudadanos y ciudadanas. Es demasiada la injusticia que hay a nuestro alrededor, y muchas veces pagada con nuestros propios impuestos, como para pretender mirar a otro lado o engañarse pensando que no existe. Que una gran parte de los actores y actrices tengan un pensamiento de izquierda no es casualidad. Es su sensibilidad la que les lleva a él. Decía el poeta José Bergamín que “existir es pensar, y pensar es comprometerse”. Creo firmemente en esas palabras. Si como actor tienes a tu alcance medios de comunicación que te permitan expresarte, no veo nada malo, al contrario, en que los uses. No se trata de utilizarlos para pontificar y pretender imponer tus verdades, sino para hacer preguntas e invitar a que quien te lea o te escuche busque sus propias respuestas. Igual que un fontanero tiene la posibilidad de ayudar altruistamente a arreglar un centro okupado, o un médico a curar gratuitamente a quien lo necesita y no puede acceder a la medicina pública y gratuita. Es una opción personal y una decisión que tú y solo tú debes tomar.

Lo político está íntimamente relacionado con lo social, y esa es una de las vertientes de nuestra profesión que más bien pueden hacer por la sociedad: dar talleres solidarios de interpretación a colectivos marginados, acercar la cultura a quienes no tienen la posibilidad de acceder a ella, participar en actos solidarios o apoyar campañas sociales para los más desfavorecidos… Son innumerables las oportunidades que esta profesión te ofrece para ayudar a quienes más lo necesitan, de mejorar, aunque solo sea un poco, la sociedad en la que vives. De ti, y solo de ti, depende que lo hagas. Son, somos, muchos y muchas quienes lo hacemos, y también son muchos y muchas quienes deciden no hacerlo por los motivos más diversos: no crear un precedente que les obligue a apoyar otras causas en el futuro, falta de tiempo, falta de voluntad… o miedo. Y es ahí donde quería llegar: al miedo. El miedo atenaza hoy a nuestra profesión. No es algo exclusivo de nuestro trabajo, hoy la mayor parte de la sociedad está dominada por el miedo: el miedo a perder el trabajo, a no encontrarlo, a no poder pagar la hipoteca o el alquiler, a equivocarnos, a fracasar, a que nos marginen, a no sentirnos queridos, a que no guste lo que hacemos o dejamos de hacer, a la soledad, al silencio… Sí, hoy el miedo es el denominador común de la mayor parte de la sociedad, un miedo que es capaz de paralizarnos. Si de verdad has elegido dedicarte a esto habrás entendido que el miedo es algo con lo que siempre tendrás que convivir. De ti, y solo de ti, depende cómo lo hagas, si te dejarás dominar por él o, por el contrario, le harás frente. Son muchos los miedos que te atormentarán, pero si has elegido esta profesión hay uno con el que habrás tenido que familiarizarte: el miedo a fracasar. Quizá no lo hayas dominado, puede que no llegues a dominarlo nunca, pero jamás olvides que si no eres capaz de enfrentarte a él, habrá ganado la partida y nunca, absolutamente nunca, llegarás a ser un buen actor o actriz.

Como conclusión, que no consejo, ya que nadie puede dar consejos, te diré que elegí esta profesión por accidente, cuando me encontré en el paro después de haber trabajado 25 años en el mundo de la empresa, que los apuros económicos me han acompañado desde que decidí ser actor, que son muchos los meses que no he podido pagar el alquiler y muchos los días que no he tenido qué comer, que he tenido que tomar decisiones muy difíciles para no renunciar a lo que más quiero, esta profesión, y que, a pesar de todo ello, sé que dedicarme profesionalmente a esto ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida. Dicen que nuestra profesión que es un viaje a ninguna parte. Si la elegimos es, quizá, porque somos de los que pensamos que lo importante no es adónde vas, sino que lo que verdaderamente importa es el viaje… y todo lo que conoces y aprendes gracias a él.

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