Juan Hdez. Vigueras*. LQSomos Mayo 2017

Con la publicación de los conocidos como “Papeles de Panamá” y la filtración de datos del registro mercantil de las Bahamas, ha quedado demostrado una vez más cómo el impago de impuestos de personas adineradas, identificadas con nombres y apellidos, se sirve de la gran banca globalizada, que facilita la creación de estas sociedades mercantiles instrumentales en los llamados paraísos fiscales, entidades que son puras ficciones jurídicas sin actividad económica local alguna y mero instrumento para la opacidad y ocultación del verdadero titular beneficiario del dinero, de origen legal o ilegal.

Hace dos años, the Wall Street Journal y la revista Fortune relataban las claves prácticas que los bancos ofrecían a los evasores de impuestos para burlar a las autoridades estadounidenses, recursos clientelares que nos conducen al país alpino (1). Con el fin de prevenir y eludir futuras acusaciones criminales, los bancos suizos han ido afinando sus tácticas de evasión de impuestos frente al Departamento de Justicia estadounidense y autoridades de otros países. El truco consiste en facilitar a sus clientes cuentas no declaradas en el extranjero asociadas con un alias, con frases de acceso secretas, y en algunos casos, con tarjetas prepago de débito que difícilmente dejan rastro.

Desde que el gobierno de Estados Unidos comenzó a adoptar medidas drásticas para enfrentarse a las conductas ilegales en la gestión del dinero por parte de grandes firmas financieras suizas como UBS Group AG y Credit Suisse, los bancos más pequeños comenzaron a adoptar los malos hábitos de sus rivales con el fin de atraer a clientes (y ganancias). “Los delincuentes van desde bancos internacionales a pequeñas entidades hipotecarias, que en conjunto contribuyeron a gestionar en secreto más de 10.000 cuentas relacionadas son estadounidenses que suponían más de 10.000 millones de dólares”, según el análisis por la revista citada de más de 40 documentos de acuerdos. La mayoría de las firmas alegaba que proporcionaban a los clientes cuentas numeradas o con código-nombre con identidades conocidas sólo por unos empleados escogidos. Los bancos también retenían el correo destinado a los EEUU, en parte para calmar a los clientes temerosos de que las autoridades estadounidenses interfirieran las comunicaciones.

Un cliente del Banco Sparhafen Zurich AG comentó a un gestor del correo retenido por este Banco, que la cuota de retención del correo electrónico del banco era “un seguro barato por si sus acuerdos con el banco despertaban la atención de las autoridades fiscales estadounidenses”. Otras técnicas más elaboradas para ayudar a los clientes a ocultar el dinero de sus cuentas son los falsos fideicomisos y las fundaciones ficticias en paraísos fiscales de localidades foráneas extranjeras, como Liechtenstein y las Islas Vírgenes Británicas. Y algunos bancos incluso entregaban tarjetas de débito no rastreables. La comunicación entre el banco y el cliente está codificada y está en clave. Cuando un cliente necesita sacar efectivo de su cuenta, envía un mensaje secreto, como “el depósito de gasolina sigue funcionando en vacío”. O para hacer una transferencia bancaria: “¿Podéis descargarnos algunas canciones?”. Por supuesto, esas “melodías” solamente están disponibles para los titulares acreditados de esas cuentas no declaradas en el país de origen. Lamentablemente un número importante de esos malhechores nunca llega a ser descubierto por las autoridades tributarias.

Los casos de los bancos suizos UBS y Credit Suisse ejemplifican la capacidad de que han dispuesto durante años para promocionar el fraude y la evasión fiscal entre los clientes extranjeros, en ambos casos, particularmente de clientes estadounidenses adinerados. Tras serias investigaciones, quedó demostrado que ambos bancos habían infringido seriamente la legislación estadounidense y hubieron de pagar sanciones económicas, previo acuerdo con el Departamento de Justicia de los EEUU. La gran diferencia en el trato recibido estriba en que mientras al UBS se le exigió la entrega a las autoridades estadounidenses de los datos de cierto número de defraudadores, no se le aplicó esa exigencia al Credit Suisse, como analizaremos en este capítulo.

Y es que hay destacar que UBS accedió a suministrar las identidades e información de las cuentas de unos 250 nombres de clientes estadounidenses de su gran negocio transfronterizo de promoción del fraude fiscal. Esta decisión de entregar datos bancarios de los clientes a las autoridades fiscales de los Estados Unidos llegó a socavar la confianza en el franco suizo algún tiempo, perdiendo valor frente al euro al producirse salidas significativas de capitales desde Suiza, según el citado periódico británico. A pesar de la ley de secreto bancario, que prohíbe a los bancos en Suiza divulgar alguna información de sus clientes a las autoridades o a terceras partes, salvo casos excepcionales tasados legalmente, la presión estadounidense logró que la Autoridad de supervisión financiera suiza (FINMA) ordenara al importante banco del país revelar los detalles de las cuentas de clientes estadounidenses, objetivo de la investigación judicial de EEUU, según informaba el Financial Times.

Años más tarde, en mayo de 2014, el banco suizo Credit Suisse se declaraba culpable de una “conspiración extensa y de gran alcance” para ayudar a clientes estadounidenses a evadir el pago de impuestos y aceptaba pagar cerca de 2.600 millones de dólares en multas, convirtiéndose en el primer gran banco global en las dos últimas décadas que admitía acusaciones de haber cometido delitos penales (2). La aceptación negociada de la acusación de conspiración (plea agreement) presentada por representantes de los bancos Credit Suisse y Clariden Leu ante un tribunal de Virginia, resolvía una investigación de larga duración sobre el negocio de banca privada o personalizada de este banco suizo, incluyendo su filial, Leu, que ayudaba a ciudadanos estadounidenses a ocultar activos en el extranjero.

Sin embargo, en ninguno de estos casos -como en muchos otros- las autoridades consideraron que la gravedad de los hechos delictivos probados y reconocidos por los propios megabancos merecía la retirada de la licencia bancaria.

Notas:
1. – Robert Hackell, These are the secret tricks Swiss banks used to hide American money Fortune, 22/10/2015
2. – Credit Suisse pleads guilty to tax evasion. Financial Times, 19/5/2014

* La Europa opaca de las finanzas

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