Mikel Itulain*. LQSomos. Junio 2017

Para el trabajo de fin de grado me piden unos estudiantes de periodismo una entrevista sobre lo que ocurrió en la guerra contra Yugoslavia. Y veo oportuno realizarla, porque sobre este suceso, terrible suceso que ha condicionado la calidad de vida de los europeos occidentales, aunque estos no sean conscientes de tal hecho, perviven los mitos y falsedades que entonces tanto se promulgaron. Es por este motivo oportuno, de cara a estas nuevas generaciones, el poner en contexto y relatar lo que allí realmente sucedió…

¿Qué opina usted de la cobertura informativa que hicieron los medios españoles del conflicto yugoslavo y más concretamente de la guerra de Bosnia?
– Para comprender el tratamiento dado por los medios de comunicación occidentales y en concreto los españoles en la guerra de Yugoslavia, es preciso recordar que tal conflicto se debió a una decisión ya tomada a mediados de los años 70 por Alemania y los Estados Unidos de que había que acabar con la Federación yugoslava, pues esta constituía una doble amenaza, por ser un rival económico y político, ya que su modelo socialista (una combinación de propiedad estatal, cooperativas y propiedad privada) podía ser y de hecho lo era, un referente. Una vez desatada la guerra económica llevada a cabo por la CEE, con sus bloqueos y amenazas, así como por la potencia norteamericana que promulgó leyes específicas al respecto, como por ejemplo con la Administración Reagan, que emitió la Directiva de Decisión de Seguridad Nacional NSDD64 en 1982 sobre los “esfuerzos para promover una ´revolución silenciosa´ para derrocar a gobiernos comunistas y partidos.” En 1984 emite otra, la NSDD 133 sobre “la política de EE.UU. hacia Yugoslavia”. Esta política iba a ser “promover la tendencia hacia la economía de libre mercado en Yugoslavia”.

Y ya cuando se habían creado las divisiones internas entre repúblicas tras la destrucción de la economía del Estado, con la ayuda inestimable del FMI, se promovió la demonización de los serbios, deformando la realidad social y política de Yugoslavia. La prensa alemana y las organizaciones de relaciones públicas contratadas al respecto, como Ruder&Finn, lanzaron la campaña de presentar a los serbios como los nuevos nazis que perseguían a las otras “etnias”, teniendo en cuenta y que no se nos olvide que estos, los serbios, eran naturales de todas las regiones, como Croacia (serbocroatas) o Bosnia (serbobosnios). Los medios de comunicación españoles siguieron ese guión, presentando una deformación completa de la situación yugoslava y culpando a los ya condenados de antemano de todo lo que ocurría y de lo que no. Una farsa de buenos y malos que el público, tan poco lúcido, se tragó sin rechistar. Como dice Alejandro Pizarroso, periódicos, televisiones o radios no dejaron de ser instrumentos de propaganda, olvidándose de algo llamado periodismo, con su código de profesionalidad y ético, que nunca existió.

Uno de tantos ejemplos de tergiversación y falsificación respecto a lo que ocurría en Bosnia lo tenemos con las conocidas masacres de la panadería (mayo de 1992) y del mercado (febrero 1994 y agosto 1995) de Sarajevo, todas ellas en momentos críticos de la contienda y que favorecieron la ruptura de acuerdos y negociaciones, posibilitando la agresión externa, al tener un supuesto motivo justificativo para ejecutarla. Las evidencias y testigos del momento, ratificadas con el tiempo, no apuntaban a los serbios, pero los medios sí lo hicieron, y lo hicieron con saña. Hasta tal punto, que pese a los años pasados y a las pruebas que demuestran lo contrario a lo que se dijo, la gente aquí sigue creyendo la injustificada versión recibida entonces.

¿Qué motivaciones ideológicas, estratégicas o políticas tenían los medios de comunicación y gobiernos occidentales en la división de Yugoslavia?
– En la contestación a la primera pregunta ya he introducido y hecho ver por qué los grandes propietarios occidentales, poseedores de las grandes compañías y de los medios de comunicación, tenían interés en la destrucción de este Estado. Tanto por ser un adversario económico como por ser un ejemplo para otras naciones. También he comentado la estrategia que se siguió y que es una que lleva tiempos inmemoriales aplicándose. Nos la recordaba ya Arthur Ponsonby cuando se provocaba la Primera Guerra Mundial y que cito textual dada su importancia: “La gente ignorante e inocente de cada país no es consciente en el momento de que están siendo engañados, y cuando todo ya ha pasado, sólo aquí o allí se descubren las falsedades y son mostradas. Como todo es ya historia pasada y los efectos deseados ya se han producido, nadie se preocupa por investigar los hechos y mostrar la verdad”.

Yo recordaba no hace tanto tiempo cómo, hablando con una maestra de Nápoles, ésta me decía que allí la gente era muy pobre, que no había apenas industria y que ésta se había ido a la cercana Serbia, con mano de obra cualificada dispuesta a trabajar a cambio de cualquier salario y horario. Bien, esto es producto de la destrucción de la industria y del Estado yugoslavo. Los trabajadores de este país pidieron solidaridad a los sindicatos occidentales cuando la OTAN iba a bombardear sus infraestructuras y empresas, como la enorme Zastava, de propiedad pública. Creo que ya sabe que no les hicieron ni caso, es más, apoyaron la barbarie de la OTAN con las mentiras humanitarias, abriendo el camino a las transnacionales para el expolio del país eslavo. Al final, como un boomerang, se volvió, ya se ha visto, contra los mismos trabajadores de la Europa occidental. Cosas de la vida cuando eres un cobarde, un irresponsable o no sabes o no quieres saber por dónde andas.

Algunas opiniones de periodistas, políticos y expertos involucrados en el conflicto coinciden en que se demonizó al bando serbio: se les imputaban todos los crímenes aunque no fuesen los culpables, se silenciaban las masacres cometidas por croatas y bosnios… ¿Cuál cree usted que fue la principal razón de esta demonización a Serbia? ¿Por qué se protegía a bosnios y croatas?
– Sí, ya le he comentado que así fue, como ocurrió con las mencionadas masacres de Sarajevo. También sucedió con la archimencionada, mitificada y adulterada “Masacre de Srebrenica”. En realidad no hubo una masacre, sino varias. Varias y más cuantiosas las perpetradas previamente en la zona por los seguidores de Izetbegovic, el señor de la guerra bosniomusulmán apoyado por Washington, y que fueron seguidas finalmente por una revancha contra soldados, no contra mujeres o niños, a los que dejaron ir, matando de 500 a 1.000, no desde luego 8.000. En las matanzas anteriores, contra los serbobosnios, las cifras rondan los 3.000-3.500. Como dice el experto Edward S. Herman: “La ‘masacre de Srebrenica’ es la mayor triunfo de la propaganda que surge de las guerras de los Balcanes. Es el símbolo del mal serbio y del victimismo bosniomusulmán, y de la justicia de occidente destruyendo Yugoslavia y de la intervención allí a muchos niveles, incluyendo una guerra de bombardeo y las ocupaciones coloniales de Bosnia-Herzegovina y Kosovo”.

Pero hay un enorme pero: “…la relación de este triunfo de la propaganda con la verdad y la justicia es inexistente.”
Su última pregunta encierra cierto equívoco. No se protegía a los bosnios o a los croatas en general, sino a las facciones más extremas, vinculadas al fascismo histórico durante la Segunda Guerra Mundial, y seguidoras y cómplices de las políticas de los dirigentes de Alemania o de Estados Unidos, como hoy se hace en Ucrania.

Además, debe tener presente el carácter multicultural de Croacia y todavía más el de Bosnia. En Croacia, por ejemplo, había un 12 % de serbocroatas, que, tenga en cuenta, eran también croatas. En Bosnia el equilibrio era mayor: 44 % de cultura musulmana, pero con un estilo de vida occidental; 32 % serbobosnios y un 17 % croata-bosnios. Todos ellos bosnios.

Le he recordado esto porque aquí también los medios de comunicación engañaron a la gente y mintieron sobre la realidad social y cultural de Yugoslavia. Los serbobosnios no eran invasores de Bosnia, sino habitantes naturales de ella, de hecho era suyo la mayor parte del territorio, al vivir principalmente en zonas rurales.

Puesto que en la República de Yugoslavia había pluralidad de religiones: católicos, ortodoxos y musulmanes… ¿qué influencia tuvo la religión durante la guerra?
– Creo que ya conoce que no es la religión el origen o causa fundamental de una guerra, aquí o en la parte más lejana de Oriente. Los seres humanos se enfrentan y combaten desde hace milenios por motivos más pragmáticos, donde los recursos energéticos o relacionados con la alimentación, la descendencia y el poder sobre todos ellos tienen su papel clave. Luego nuestra especie, embaucadora y tergiversadora como es, lo disfrazará de otra forma, para darle más nobleza o fondo a lo que seguramente, presentado desnudo, no lo tenía.

Por supuesto, la religión es un catalizador formidable, exacerbando los sentimientos de odio y enfrentando a la gente. En el caso de la guerra última, la de los años 90, el motivo religioso tuvo un papel menor comparado con la barbarie creada por los clerofascistas católicos en los años 40 del pasado siglo cuando crearon la Gran Croacia apoyada por los nazis. Con la excepción de la llegada de los mercenarios islamistas de Al Qaeda a Bosnia, como legión de choque para aterrorizar a la población.

Estados Unidos, Alemania, OTAN, ONU… ¿Cuál es el papel que desempeñaron estos países e instituciones durante la guerra de Bosnia?
– Respecto a Estados Unidos ya he dicho que promulgó en los años 80 varias leyes contra Yugoslavia, son leyes, no opiniones sin trascendencia. Alemania apoyaba a los fascistas croatas, a los utasha, a quienes ya suministraba armas esos mismos años. Se inicia una guerra económica tras la muerte de Tito en 1980 a cargo del FMI y el Banco Mundial, que realizaban su habitual papel contra países adversarios: generar una enorme deuda y destruir su economía productiva. El PIB aumentaba una media del 6 % en las décadas de los 60 y 70, cuando se llegó al año 90 era negativo del 10 %. También tuvo su rol la NED (Organización Nacional para la Democracia) de EE.UU., el rostro civil de la CIA, con organizaciones satélites como el CIPE (Centro Internacional para la Empresa Privada), que fundó el G-17, con gente que implementaría políticas neoliberales con el último Primer Ministro Ante Markovic, como eran Veselin Vukotic o Branco Milanovic, entre otros. En relación al FMI y al Banco Mundial, algunas de las medidas concretas que afectaban muy directamente al bienestar de la gente eran:

– Eliminación de derechos laborales, con las consecuentes reducciones de salarios y el aumento de despidos. Favorecido por la quiebra provocada de empresas públicas para venderlas a precio de saldo a capital extranjero. Cae en consecuencia de forma dramática el nivel de vida. En el año 90 este nivel baja un 18 % de enero a octubre y el desempleo se incrementa un 20 %.

– Se quita la protección social: dejan de estar subvencionadas la vivienda o la comida, o la gratuidad de la enseñanza o de la sanidad. Puede imaginarse la tragedia que supuso la destrucción de esta nación para tanta gente y cómo originó enfrentamientos provocados desde fuera entre las repúblicas. Belgrado no podía hacer frente a los pagos pendientes. Markovic ante tal desesperada situación va a Washington a pedir ayuda, pero es tarde y ha caído en la trampa, se la niegan y en noviembre de 1990 con G.H. Bush se aprueba la Ley de Apropiación Extranjera, que indica que solo podían recibir dinero aquellas repúblicas que se separasen de Yugoslavia.

Alemania agudiza la situación en el año 1991 al bloquear las líneas de crédito a la Federación, pero no a las repúblicas separatistas de Croacia o Eslovenia. La CEE también amenaza ese año a Yugoslavia de que si interviene ante la independencia de esas dos regiones, cortará el crédito. Es el comienzo de la ruptura. Las declaraciones de independencia son aprobadas o no en occidente según sus intereses particulares, no según un criterio lógico o equitativo. Así se favorece las de las anteriormente mencionadas, pero no la de la Krajina en la parte oriental de Croacia, que tenía un respaldo del 90 % en el referéndum celebrado.

El papel de la OTAN, con el ataque al ejército yugoslavo y sobre todo a la destrucción de lo que quedaba de independencia de esta nación, expresada en Serbia, muestra cómo esta organización militar está diseñada como el aparato militar que impone los intereses de las corporaciones occidentales en otros países. La campaña militar de la OTAN fue terrible, a nivel humano, económico y ecológico, con miles de víctimas en el momento de los bombardeos y después, por los productos tóxicos lanzados al suelo y al agua, al Danubio, denunciados por los mismos militares, como el capitán Martín de la Hoz. Los aviones bombardeaban civiles y al cuarto de hora del primer ataque, cuando llegaban los rescates a asistir a los heridos, atacaban otra vez. Estamos ante gente realmente aberrante. Corroborado con la destrucción de todo el tejido económico y social de la nación: puentes, escuelas, hoteles, centros de televisión, cooperativas, industrias de automoción, eléctricas, etc, etc, eran arrasados, con el propósito de llevar a la miseria y someter a la población.
Naciones Unidas, como de costumbre sometida a los Estados Unidos y sin la fuerza y presencia que ahora tienen Rusia y China, permitió que tales fechorías se llevasen a cabo, enmascaradas en las mentiras humanitarias que posibilitan la agresión externa, camuflada como Responsabilidad para Proteger. También Naciones Unidas llevó a cabo un embargo el 25 de septiembre de 1991 a las Repúblicas yugoslavas, no cortando el suministro de armas a Bosnia o Croacia, pero sí provocando el aumento en la mortalidad infantil. Se estima un incremento de 5.500 personas anuales por año, entre niños y adultos.

¿Qué parte de culpabilidad o influencia tuvieron los propios países yugoslavos en el conflicto?
– La táctica seguida por los agresores externos es una antigua, dividir y aprovecharse de esta división. Como he mencionado antes, se provocaron desde fuera los enfrentamientos al destruir la economía. Los problemas económicos traen todos los demás. Si las familias y las personas más unidas llegan a separarse y enemistarse por estos motivos, imagínese si es más fácil hacerlo con toda una nación diversa.
Además, se dio sustento económico y medios militares a los más propensos a la codicia y a servir a un poder exterior, como así fue con Izetbegovic frente al moderado y dispuesto al diálogo Abdic. En Croacia los servicios secretos alemanes, el BND, dieron impulso a los continuadores del movimiento fascista utasha. Tal y como se ha hecho recientemente en Ucrania, lo vuelvo a recordar. El error principal de Yugoslavia, como el de Libia, fue confiar en las falsas promesas de las potencias occidentales.

Analizando el papel de algunos de los protagonistas como el presidente serbio Slobodan Milosevic… ¿cree usted que cometió crímenes de guerra de los que se le acusaba? Ya que falleció durante el juicio ante el tribunal internacional de La Haya y se dio por cerrado el caso.
– No probaron ninguna de las acusaciones contra este presidente y recientemente se le exoneró de los cargos falsamente vertidos contra él en Bosnia en la condena a Karadzic, aunque se hizo a escondidas y oculto en una sentencia muy extensa. Las acusaciones contra él en Kosovo son igualmente falsas. Tenga en cuenta que el Tribunal internacional de la Haya o el específico para Yugoslavia son tribunales ad hoc, tribunales políticos con una misión en favor de los intereses de unas poderosas personas e instituciones y no al servicio de la justicia. Claro está que no son reconocidos por la mayoría de los países del mundo.

¿Por qué se centró todo en la figura de Milosevic? Otras personalidades como el presidente croata Franjo Tudjman o el presidente bosnio Alija Izetbegovic no fueron juzgados como el primer ministro serbio a pesar de que sus respectivos ejércitos también cometieron crímenes de guerra.
– Porque había que crear la grotesca figura de un nuevo Hitler. Esta demonización de un líder es una constante histórica, lo han hecho con las figuras políticas más brillantes de los tiempos presentes y pasados: Mosadeq en Irán, Arbenz en Guatemala, Lumumba en la República Democrática del Congo, Gadafi en Libia, Allende en Chile o Chávez en Venezuela.

¿Tudjam? Era un dirigente de extrema derecha, que se convirtió en el nuevo dirigente de Croacia. Este había declarado que era “feliz de que su mujer no fuese serbia ni judía”. Él se encargó también de recuperar los símbolos fascistas y cambió los nombres de las calles en honor a luchadores contra los nazis por otros vinculados al nazismo y al clerofascismo de la Croacia de mediados del siglo XX. En la nueva Constitución croata, proclamada en diciembre de 1990, se hablaba del “Estado nacional del pueblo croata y de los otros”, dejando el término despectivo de “otros” para: serbios, judíos, zíngaros u otras etnias. Europa y sus medios de comunicación callaron ante semejante barbarie, que, esta sí, recordaba al nazismo.

¿Izetbegovic? El típico político carente de moral o escrúpulos cargado de ambición y fanatismo. En su obra ‘Declaración islámica’, reeditada en 1990, dice que “la conclusión más importante es que no puede haber paz ni coexistencia entre la creencia islámica y las instituciones políticas y sociales no islámicas”. Además es responsable de los enormes crímenes cometidos por sus milicias, que contaban con su aprobación, contra los serbobosnios. Pero no queda ahí solo su grado de perversidad, pues mataron a su propia gente con el fin de desprestigiar a sus rivales acusándolos de estas acciones; tal y como hicieron en las masacres de Sarajevo, o también su gran responsabilidad en el cerco de Sarajevo, donde no solo provocaron sufrimiento, también se lucraron con él.
Pese a todo ello, organizaciones como Amnistía Internacional hicieron una intensa campaña contra Milosevic, pero no hacia los otros dos verdaderos culpables que he comentado.

Los principales medios de comunicación occidentales son, al fin y al cabo, empresas. ¿Cree que esa desinformación es intencionada por parte de los medios o que solamente reflejan lo que recogen de sus fuentes importándoles únicamente la rapidez y la primicia? Aunque existen varios casos que demuestran que algunas informaciones dadas durante la guerra eran falsas, las rectificaciones son escasas. ¿Es por miedo a perder credibilidad o porque de verdad buscan moldear la opinión pública?
– A ver, los medios de comunicación son en realidad portavoces y relaciones públicas de poderes mayores, las corporaciones industriales y financieras, sus propietarios reales. Que dictan, esas, lo que hay que poner y lo que no, y cómo ponerlo. Basta verlos, para teniendo un poco de criterio, darse cuenta por donde van los intereses de estos oligarcas, no desde luego para comprender lo que ocurre en el mundo. Para esto último no están ni les pagan en ese sentido. Y, por supuesto, su fin es modelar el pensamiento y creencias de la gente, que irresponsablemente e inmaduramente delega en ellos como supuestos informadores, creando tal hecho ciudadanos adoctrinados, sin conocimiento y sin criterio propio.

* ¿Es posible la paz?
@MikelItulain

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