Ernesto Rodrigo. LQSomos. Septiembre 2016

Hace años, quien no comía alimentos de origen animal, era vegetarian@ y quien comía de origen animal sólo huevos y lácteos, pues ovo-lacteo-vegetarian@.

Más tarde, mucho más tarde, en el Estado Español se acuñó el término de “vegano” para describir a aquellas personas, que además de no comer ningún alimento de origen animal, por coherencia, tampoco se vestían ni usaban ningún elemento de origen animal, pero el veganismo, fue definido mucho antes y por primera vez en el año 1951 por Leslie Cross.

Hace 30 años, en el Estado Español era realmente difícil y complicado encontrar alimentos sin venenos de origen vegetal y mucho más, de origen animal, por lo que quien quería comer de otra manera y no apoyar con sus hábitos, al convencional sistema de explotación de recursos, animales (incluida la especie humana) y cultivos, debía recurrir a quien los producía directamente de la manera más respetuosa que se podía dar en aquel momento o autoproducirlos.

Gracias al trabajo que durante décadas hemos realizado quienes no hemos dejado de apostar por un Suelo Vivo como alternativa al sistema establecido, hoy es muy fácil llenar la cesta de alimentos ricos, sin venenos y sostenibles, ya sean de origen animal o vegetal.

Pero este consumismo voraz e inconsciente, que no es otra cosa que uno de los pilares de retroalimentación del sistema capitalista, puede convertir los alimentos ecológicos -como ya está ocurriendo- en meros productos de consumo, aislados totalmente de un comercio justo, consciente, responsable, de un consumo local y sostenible, por lo que cada vez es más fácil, encontrar grandes empresas convencionales, que ahora ven en el mercado ecológico… no más que un nicho de mercado del que sacar buenos beneficios, sin dejar por ello de envenenar la Tierra y a quienes la compartimos. Es algo tan mediocre como que quienes generan las guerras y su lucro con la fabricación y venta de armas, nos venden al mismo tiempo -como hemos visto en Barcelona- un mar de paz donde zambullirnos y purificarnos, utilizándonos para mantener y validar el estado de cosas tal y como nos las venden sin cuestionarnos nada.

Una cosa es llenar la barriga y otra muy distinta, nutrirse

Alimentarse de vegetales ecológicos, de proximidad, sí, de caras conocidas, o de pequeños proyectos, respetuosos y por ende libres de venenos y de sufrimientos, es posible y es una buena opción, más aún si tenemos en cuenta que una cosa es llenar la barriga y otra muy distinta, nutrirse. Pero alimentarse de alimentos vegetales preñados de tóxicos y de sufrimientos, no es una buena opción, por más que la vorágine de consumo nos lo venda como una evolución de la coherencia progresista. Nada más lejos.

La agricultura convencional continúa arrasando con el Planeta, y con quienes lo habitamos, reduciendo a la mínima expresión nuestra calidad de vida, esa que nos debería permitir disfrutar de todo con quienes nos rodean, sean de nuestra misma especie o de otra, corra por sus venas sangre o savia. La agricultura convencional no se diseñó después de la Segunda Guerra Mundial para acabar con el hambre como nos han inducido a creer, sino para convertir a la especie humana en una fuente inagotable de ingresos, envenenándola directamente de su medio ambiente o a través de los alimentos que consuma, abocándola inexorablemente al consumo masivo de fármacos para mantenerse en pie.

Se puede vivir de manera saludable sin consumir alimentos de origen animal -doy fe de ello- y realizar cualquier tipo de trabajo por duro que sea físicamente o por mucho que nos estruje el cerebro, siempre y cuando la mayoría de lo que llevemos a la mesa sea sin venenos, de agricultura biológica, siempre y cuando nos cuidemos, porque cuando mimamos y cuidamos el origen y calidad de lo que comemos, nos estamos mimando y cuidando a nosotr@s mism@s, pero de ninguna manera podemos alimentarnos de manera saludable si la base de nuestra alimentación está envenenada.

Cuando decidimos alimentarnos con alimentos sin tóxicos o con ellos, estamos eligiendo y apostando por mantener la vocación de la Tierra para seguir viva, o por aniquilarla.

* Molino del Villar, Agricultura Sin Venenos y Energías Renovables
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