Maryssa Ruiz. LQSomos. Agosto 2017

La leyenda conocida como “El Amante uruguayo de Lorca´´ ha estado presente en todo lo que se ha estudiado sobre este maravilloso poeta granadino. Esta historia supone una hipótesis pero sin veracidad contundente de un pasional amor del poeta con un escritor uruguayo; no se puede afirmar al 100% la historia ya que son muchas las conjeturas existentes a lo largo de los años y no hay pruebas que corroboren del todo esta “supuesta´´ realidad.

Enrique Amorim (25 de julio de 1900) fue un escritor, poeta, dramaturgo y guionista cinematográfico uruguayo perteneciente a una familia millonaria que subvencionó a muchos artistas simpatizantes del Partido Comunista. Dichos artistas al principio no estaban de acuerdo con la presencia de una persona con tan alto poder adquisitivo ya que lo consideraban como un “engreído burgués multimillonario´´, pero optaron por aceptarlo debido a las ingentes cantidades de dinero que éste empleaba para sufragarles.

Federico García Lorca acudió a Uruguay en 1933 a la presentación de “Yerma´´ y en uno de los eventos que le organizaron le pidieron realizar una lectura sobre su obra “Oda a Walt Whitman´´. En este acto conoció a Enrique Amorim, del que quedó absolutamente fascinado, pero haciendo uso de una discreción monumental debido a la moral de la época. Lorca se prendó de este uruguayo desde el primer momento en que se cruzaron sus miradas, quedando atrapado en una abismal pasión que supuso un amor eterno. Ambos se enamoraron y mantuvieron una relación durante tres años guardando un silencio sepulcral pero sin renunciar a los sentimientos tan puros que tenían el uno por el otro, a ese enamoramiento que define a los amantes incapaces de controlar un deseo irracional propio de seres pasionales e impulsivos que anhelan el néctar que calma su sed. A los pocos meses Lorca volvió a España pero no rompió el contacto con su tan amado Amorim y durante tres largos años se enviaron infinitas cartas que eran testigos de ese profundo amor y afecto que sentían. Palabras que solo ellos sabían darle el significado que merecen, letras que calmaban un deseo persistente y una necesidad constante de sentirse cerca el uno del otro, cuartillas de papel llenas de sueños, de fantasías, de ilusión, de esperanza, de promesas, de “te quiero´´, de muestras de amor que eran ejemplo del afán que tenían ambos por estar juntos.

Poco antes de estallar la guerra civil española Amorim viajó a Madrid para encontrarse con su amante, con su fiel compañero, con su alma gemela, con la persona por la que había perdido la noción del tiempo y a quien amaba con todo su corazón. Se encontraron en la calle de Alcalá y tras fundirse en un fuerte e intenso abrazo, en un beso infinito en el que sus cálidos labios ardían como la viva llama de una vela recién encendida, Lorca le comentó lo aborrecido y asqueado que estaba con el fascismo y el ansia de libertad que tenía, ese deseo de escapar, de luchar para que la justicia y la dignidad se hicieran presente en una España en la que pensar estaba prohibido y opinar penado con la muerte. Este desacuerdo de Lorca al régimen fascista así como su condición sexual, conocida por muchos, supuso su posterior detención y ejecución dando lugar a la pérdida de uno de los mejores poetas que ha pisado este país y a la muerte en vida de Amorim, quien no pasó ni un día de su existencia sin recordar cada momento que había vivido con su amado.

En 1953 Amorim se encargó personalmente de recaudar dinero para la creación de un monumento a Lorca en Uruguay estando siempre presente en la ejecución del mismo. Este monumento fue el primero que se dedicó al poeta granadino y no solo suponía una conmemoración sino una muestra del amor tan inmenso que Amorim tuvo hacia Lorca, al que jamás podría olvidar, ya que se había convertido en el ser que le descubrió el significado del verdadero amor. En el momento de la inauguración se enterró junto al monumento una caja funeraria de color blanco de la que nadie sabía qué había en su interior pero de la que muchos decían que contenía el cuerpo sin vida de Lorca, aquel cuerpo que habían fusilado bajo las órdenes de un cruel franquismo carente de lógica y cordura, y que Amorim logró llevarse de España para poder tenerlo más cerca y así visitarlo con el fin de calmar el dolor y la pesadumbre que su corazón resistía debido a su tan desagradable pérdida.

Que los restos de Lorca se encuentren en una caja fúnebre en Uruguay es solo una hipótesis porque nadie sabe lo que realmente se halla en ese pequeño ataúd. Se dice que en 1952 Amorim desapareció por un tiempo y viajó a España e intentó sobornar a ciertas personas para que le entregasen los restos de su amado y poder llevarse con él lo que más quiso en la vida, pero esto es solo una teoría ya que no está confirmado y, desgraciadamente, es algo muy difícil de averiguar. Enrique Amorim murió en Buenos Aires en 1960, sin desvelar qué había realmente en la caja enterrada junto al monumento a García Lorca; se llevó su secreto a la tumba y con él marchó también el amor tan especial que mantuvo toda su vida por nuestro poeta granadino.

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